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jueves, 25 de octubre de 2012

Capítulo 53: El juego de las sillas




Recuerdo un juego en el que nos hacían participar en clase de primaria, la mecánica era sencilla, sonaba una música mientras toda la clase danzaba alrededor de un grupo de sillas puestas en círculo, todo era felicidad y  risas mientras la música sonaba, pero cuando paraba, cada uno debía buscar con la mayor rapidez posible una silla en la que sentarse, la clave estaba en que había una silla menos, de manera que alguien quedaba eliminado para la siguiente ronda, luego se quitaba una silla, la música volvía a sonar y todo volvía a empezar. Con el paso de las rondas las miradas se volvían más desafiantes y los movimientos corporales se tornaban más toscos, mecánicos, cargados de intencionalidad, buscando claramente permanecer cerca de una de las sillas para no quedarse fuera.

En teoría el juego busca la estimulación sensorial, pero al final lo que consigue no es otra cosa que la competición más feroz, el egoísmo y la frustración.

Cuando te encontrabas ensimismado y moviéndote al compás, casi por inercia, la música paraba, y entonces ahí estabas en medio de todas las sillas ocupadas, con miradas de burla, te quedabas paralizado, y alguien te tocaba para apartarte, porque estabas eliminado, y otra ronda iba a comenzar.
No puedo dejar de pensar en esta imagen y hacer un paralelismo con el tema de estudios, desde hace décadas padres, profesores, gobiernos e incluso empresas, nos han contado que el camino a seguir para tener un buen futuro era prepararse, estudiar, cuanto más mejor, más posibilidades, mejor futuro, mayores oportunidades.

Con estas premisas, la mayoría de jóvenes, cada uno dentro de sus posibilidades se preparó, se sacrificó pensando en su futuro, fue bailando al son de la música sin preocuparse por las sillas, pero de pronto la música paró, y apenas quedaban sillas que ocupar.

Hablamos de gente que comparativamente hablando está mucho más preparada en todos los sentidos que cualquier político de turno, ahora sin música y a la deriva, buscan una oportunidad, aun conservando esa cara de incredulidad e indignación, buscando esa silla, preguntándose quien puso la música y donde están las sillas, preguntándose incluso quien inventó el juego.

Por si fuera poco, a toda esta gente ahora se le exige arreglar la situación, levantar algo que otros hundieron, lo que nadie se pregunta es quien va a levantar el ánimo y las esperanzas de toda esta gente, quién o qué va a arreglar todas esas ilusiones, ese trabajo sin recompensa.

Solo espero que cuando toda esta gente preparada tarde o temprano tome las riendas, no se limiten a poner una nueva canción sino que rompan con la hegemonía de las sillas, la música y el danzar sin sentido.

miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 42: Demasiado ocupados



Estamos demasiado ocupados con nuestro trabajo, ocupados labrándonos una carrera, ocupados aprendiendo la metodología de empresa, en ser más productivos, en conservar nuestro puesto de trabajo, intentando ganar dinero para comprar cosas, ocupados pensando en los principios económicos hipotecarios, en los tipos de interés, en los márgenes, en las retenciones, el IRPF, en los impuestos.

Estamos demasiado ocupados para coger el teléfono, para llamar a la gente con la que nos gustaría hablar, para hablar de nuestras cosas, para contar lo que nos pasa, para decir lo que sentimos.

Estamos demasiado ocupados aprendiendo cómo funcionan las nuevas tecnologías, intentando estar al día en las redes sociales, preocupados de subirnos a un carro que pasa rápido y lleno.

Estamos demasiado ocupados para preocuparnos en comer y comprar productos de calidad, ocupados para cocinar algo medianamente elaborado, ocupados para comer con calma.

Estamos demasiado ocupados para pensar en los problemas graves que puedan existir en otros puntos del planeta, ocupados para querer saber algo de política, ocupados para intentar ayudar a otros.

Estamos demasiado ocupados mejorando nuestra imagen física, ocupados bronceándonos, ocupados haciendo dieta, ocupados en el gimnasio, ocupados haciendo vergonzantes esfuerzos por tener la imagen deseada socialmente.

Porque nuestro tiempo se reparte entre estar demasiado ocupado y perder miserable el tiempo.
Estamos demasiado ocupados para ser felices.

viernes, 10 de junio de 2011

Capítulo 41: Las olas



Desde pequeños se nos enseña que podemos hacer cualquier cosa, que somos capaces de cualquier cosa, que siempre será nuestra elección y nuestras circunstancias las que nos guíen, un concepto tan romántico como el destino, nacimos con un propósito, pero a la vez, podemos tomar cualquier camino.

Pero en cuanto crecemos empezamos a limitarnos a nosotros mismos, la mayoría de veces por un absurdo mecanismo de autoprotección, que no hace otra cosa que no dejarnos crecer y encasillarnos a todos los niveles, y es que a veces nos falta creérnoslo un poco, confiar en que somos capaces, y de alguna manera, tirarnos a la piscina.

Llega un momento en que nos dejamos llevar como si la vida fuera un gran mar y nuestro momento siempre pasa por lo que vayan marcando las olas. Nuestras decisiones y nuestra situación está marcada por excusas, por muros mentales, por circunstancias a nuestros alrededor que nos obligan a estar como estamos, a hacer lo que hacemos, llega un momento en que solo queremos mejorar esa situación sobre raíles, para estar un poco más cómodos, nos gusta la comodidad, es nuestra máxima meta, aunque lo ocultemos, aunque nuestro discurso hable sobre guerras navales por cambiar el sentido de la ola, es simplemente una pose, porque no tenemos heridas, ni parches en los ojos.

Y es entonces cuando vemos a alguien remar para ir donde quiere, y le envidiamos, le envidiamos profundamente, pero rápidamente nuestro cerebro se blinda, y nos dice que realmente él está obligado por otras cosas, hay algo que le obliga a remar hacia lo que parece que es donde quiere, cuando realmente es donde necesita, pero no es así. Tenemos miedo, miedo de perder comodidad, miedo de empezar de cero, miedo a esforzarnos, miedo a no dar la talla, miedo a fracasar cuando siquiera lo hemos intentado.

Nada honra más a nadie que usar todas sus armas, su motivación y su talento para conseguir todo lo que desea, para hacer todo lo que le apetece. Puedes prepararte todo lo posible para conseguirlo o puedes seguir maldiciendo tus circunstancias, pero vas a tener que sudar, y mucho, así que no pienses que las aguas se abrirán a tu paso para facilitarte la labor, tendrás que prepararte para las peores de las tormentas para que cuentes con alguna posibilidad de salir airoso. Podemos dejarnos arrastrar, acabar donde a las olas nos lleven, nuestra historia se escribirá igual, al menos mientras nuestro corazón siga adelante, pero estaríamos desaprovechando grandes oportunidades y desaprovechándonos a nosotros mismos.

No se trata de ganar, ni de llegar a ninguna parte en concreto, se trata de dar sentido a tu paso por el mar.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Capítulo 39: Japón



Japón ha sufrido en estos días una de sus mayores tragedias, un tremendo terremoto seguido por un tsunami tienen la culpa. No hay estadística que pueda calcular algo así ni suficiente tecnología para pronosticarlo, fenómenos naturales imprevisibles. El país nipón está acostumbrado a las sacudidas, tanto es así que sus infraestructuras, especialmente las de mayor envergadura tienen sistemas para aguantar terremotos haciendo que estas toleren cierto movimiento, el problema es que después de la gran sacudida, vino un tsunami, y el poder del agua ha arrasado con todo a su paso, las imágenes dejan a uno boquiabierto, por si fuera poco, la destrucción de algunas centrales nucleares ha sumado una crisis medioambiental y de salubridad debido a los altos niveles de radiación emitidos en muchas zonas del país. A esta crisis de contaminación nuclear se suma la energética y la económica entre otras, los muertos se cuentan por decenas de miles y la cifra no para de aumentar.

Con este apocalíptico escenario cualquiera perdería el juicio y las formas, de hecho en la mayoría de catástrofes la primera consecuencia son los saqueos, la violencia y el incivismo general, el individuo ve su vida y lo suyo en peligro y lleva al extremo sus acciones para sobrevivir, sin pensar en nadie más y sin importarle nada, como si dejasen de tener vigencia todas las leyes y todas las formas que nos identifican como una raza de seres razonables, el egoísmo en su máxima expresión.

Pero esto no está pasando en Japón, desde el primer momento que se empezó a repartir comida debido a la escasez, la gente guardaba con orden y calma la cola, sin alzar la voz, sin malos gestos, sin empujones. Tampoco se han dado saqueos, ni violencia, ni otros comportamientos irracionales, la sociedad nipona se ha mantenido preocupada pero ordenada, educada y con ánimo de salir adelante todos juntos, mostrando una actitud colaboradora para superar lo antes posible la catástrofe.

Una imagen que ha dado una lección al resto del mundo, un ejemplo a seguir, una actitud admirable, un espejo donde todas las sociedades del resto del mundo deberían mirarse.

Admiro a Japón por muchos aspectos, mucho de ellos relacionados con su sociedad, una educación desde temprana edad, que impregna a cada individuo de respeto, del concepto de unidad de grupo, civismo, la continua búsqueda espiritual y las formas sosegadas, creo que el respeto y la educación es el camino para una sociedad cohesionada y sólida y el modelo a seguir para una sociedad que quiera mirar al futuro.

Espero que salgan lo antes posible de esta catástrofe y consigan superar esta tragedia, desde aquí les mando todo el ánimo posible, así como reconozco mi total admiración por el gran ejemplo que están dando.

martes, 8 de marzo de 2011

Capítulo 38: ¿La fotografía es lo importante?



Hace dos días estaba durmiendo tranquilamente en un hotel en Roma, dormía plácidamente hasta que un sonido estridente me despertó. Decidí salir afuera para ver de qué se trataba, era la alarma de incendio, mire alrededor, pero no había nadie por los pasillos, no existía ningún indicio de que hubiese fuego en el edificio, decidí entonces prepararme por si acaso, ya que el sonido no cesaba, volví a salir a la puerta y vi varias personas vistiéndose por los pasillos corriendo, además, ahora si podía notar olor a plástico quemado, algo no iba bien, así que decidí coger mis pertenencias lo mejor que pude y salir corriendo por las escaleras de emergencias. Llegué al vestíbulo y allí me encontré un panorama desolador, decenas de personas en pijama y caras de preocupación, en ese mismo momento los bomberos hicieron su entrada, y varios de ellos corrieron escaleras arriba mientras otros desplegaban una manguera por los pasillos.

Me senté en las escaleras principales cerca de recepción a la espera de noticias, las conversaciones en grupos reducidos se daban en diferentes idiomas y reinaba el desconcierto. Y en ese momento, ahí estaba, el reportero improvisado, el buscador de la gloria; un joven hacía fotografías ante la pasividad del personal, lanzaba flashes al aire ante la pasividad de unos y la indignación (me incluyo en este grupo) de otros. ¿Cómo alguien puede intentar sacar un recuerdo de un momento así? ¿Qué pretende con la instantánea, documentar su historia? ¿Acaso su credibilidad es tan nula como para tener que apoyar su tesis en documentos visuales? ¿De dónde viene esa influencia reportera sin escrúpulos tan banal?

No intentaba inmortalizar un momento, intentaba inmortalizarse a sí mismo a través de una imagen exclusiva, es la herencia periodística que nos ha quedado, nada ha ocurrido realmente si no existe la prueba del momento, no has estado en un lugar si no tienes la imagen. ¿Cuándo nos vendimos de esa manera a las imágenes? ¿Desde cuándo una imagen importa más que cualquier otra cosa?

Aún tenía decenas de preguntas en la mente, cuando al día siguiente fui a visitar algunos monumentos importantes de Roma con una relevancia histórica incalculable y entonces, volvió a ocurrir. Varias personas entran a un monumento histórico, el solo hecho de entrar deja boquiabierto a cualquiera, puedes tirarte horas admirándolo todo, pero un gran número de personas, no mira siquiera a su alrededor cuando dispara el flash, sin pensar, sin mirar, sin admirar. De manera autómata, con ninguna intención de analizar nada, la fotografía es más que suficiente, la experiencia del momento es lo de menos, lo mejor es la gloria de después, la gloria para siempre, una medalla para coleccionar, una colección de instantáneas vacías.

Después de todo esto estuve sensibilizado con el tema, al punto de fijarme en todo tipo de detalles que tuviesen que ver con estos comportamientos tan irracionales y encontré pruebas para mi tesis; gente que echa fotografías a los lavabos, al suelo, al techo, a los pomos de la puerta, a los carteles informativos....Todo esto no quiere decir que esté en contra de la fotografía y de que cada uno haga fotos a lo que le apetezca, en las cantidades que considere necesario, pero sí creo humildemente que hay gente que debería de racionalizar el uso que hace con sus cámaras, porque a veces, sin darse cuenta, se está perdiendo lo realmente importante e intenta capturar con los medios inadecuados la magia de un momento y un lugar. También deberían replantearse su moral aquellos que usan la fotografía como medio para el morbo y la banalidad en momentos que no aplican.

martes, 11 de enero de 2011

Capítulo 36: El sueño americano



América era un territorio libre donde vivían indígenas autóctonos, un buen día los europeos la descubrieron y tomaron la tierra, trayendo enfermedades, muerte, guerras y esclavitud.

América se convirtió en una tierra enorme virgen llena de bienes, donde los europeos encontraron una oportunidad de obtener riqueza y tierras, las emigración se hizo en masa, tanto es así que a día de hoy la población indígena originaria está prácticamente desaparecida, y América es una mezcla de culturas, que han evolucionado independientemente.

A principios de los años treinta empezó a acuñarse la expresión: “el sueño estadounidense”, el eslogan se usaba para atraer emigrantes a la nueva tierra, con la promesa de riquezas, donde la prosperidad de cada uno depende únicamente de su trabajo y donde no existen restricciones por razones de raza, sexo o religión, algo así como el edén para el ciudadano honrado.

Más tarde esto se transformaría en la expresión “la búsqueda del sueño americano”, como conseguir todo a través de tu trabajo empezando de la nada, la tierra de las libertades, la tierra de la prosperidad, la tierra de moda, la tierra de la tolerancia, la tierra del futuro.

Pero también es tierra de cine, y es a través de este, y la implantación del mismo en todas las salas del mundo al igual que en los hogares el que nos ha mostrado la cara más romántica de la idea, esas historias que nos hacen soñar a todos, con esa persona que se crea a sí misma, donde todo al final sale bien y la bandera ondea en primer plano. Esta publicidad subliminal constante a través del cine, así como otros medios y productos, hace que mitifiquemos todo lo relacionado con este país y creamos en la sociedad ideal que nos proyectan.

Pero en la práctica todas estas ideas no dejan de ser un sueño que no llega a mayores, por supuesto encontrarán varias historias que encajen en esta definición, pero no es la realidad de la mayoría, para la mayoría resulta una complicada selva, en la que es difícil hacerse un hueco, donde se ha deshumanizado casi todos los aspectos que les rodean, y donde a través de la tecnología y otros inventos no paran de alimentar esta deshumanización, un estado donde está al alcance de cualquiera comprar un arma, pero no se dispone de un sistema sanitario al alcance de todos, donde existe la pena de muerte en muchos de sus estados, donde la convivencia entre razas y religiones da pie a la formación de guetos y diferentes episodios violentos que no hacen otra cosa que fracturar la sociedad y separar aún más a unos y otros, inyectando el odio entre los jóvenes, un lugar donde la mayoría de ciudadanos desconoce geográficamente e históricamente todo lo que esté fuera de su país, e incluso muchos de su propio país, un lugar donde la dieta se basa en ingentes cantidades de grasa y azúcares, un lugar donde no está legalizada la libertad sexual, un lugar donde el ejército resulta un apartado clave, y la guerra una manera de obtener aquello que desean, y así hasta una gran lista de cosas que lo alejan de aquellas ideas románticas con las que se suele vender y venerar.

Pero no me malinterpretéis, creo que América tiene mucho que decir y aportar al mundo, pero de ahí a tenerla como una especie de tierra prometida…, es algo exagerado que solo algunos tipos con suerte de ese país pueden intentar hacernos creer, el sueño americano, está lejos de ser una promesa real en su propia tierra, la misma que debe trabajar mucho para conseguir ofrecer realmente esa imagen y ese sueño que muchos persiguen en vano.

martes, 16 de noviembre de 2010

Capítulo 33: La inmortalidad



Ha sido siempre el sueño húmedo del ego humano, el argumento de muchas historias, uno de los tres deseos que pediríamos al genio de la lámpara, permanecer aquí por siempre, no temer por la muerte, por el deterioro, por la vejez, por la enfermedad, un infinito caminar saciando necesidades básicas.

La ciencia invierte casi todos sus esfuerzos en este sentido, en alargar la estancia de cada uno de nosotros, conseguir unas células como las cancerígenas, capaces de aguantar cualquier adversidad, indestructibles, procreadoras, regeneradoras, me pregunto qué sentido tiene permanecer aquí más tiempo del necesario, contemplando más allá de tu ciclo vital.

Una vez leí que cada generación quiere ser la última, desechando todo lo anterior y todo lo posterior, los logros, valores y acciones de tu generación como los únicos válidos, solo estos tienen sentido, una manera de erradicar cualquier cosa que ponga en peligro las columnas de tus valores, de las cosas que los impulsaron, la reivindicación de una estirpe.

¿Acaso no tenemos suficiente tiempo para expresarnos y para hacer todo aquello que deseamos en lo que dura nuestra vida?, la inmortalidad solo supondría un adormecimiento de nuestras pasiones, dejaríamos todo para mañana, alargaríamos todo hasta el infinito, un letargo eterno, no nos engañemos, nadie tendría prisa para nada, solo queremos tranquilidad, para descansar, para vaguear, para no esforzarnos, el cultivo de la comodidad intelectual.

Hay una variante para todo esto, otro sobrenombre con el que se conoce todo este sueño y que describe de manera más detallada el verdadero ardiente deseo del humano, “juventud eterna”, queremos la vida eterna, pero no si no está ligado a una juventud o a una buena apariencia, un aspecto estupendo, la adolescencia eterna, el otro deseo escondido, mantenernos guapos y aceptados socialmente por todos los demás, hablar más con nuestro cuerpo que con nuestro cerebro.

En una entrevista realizada al gran Salvador Dalí, le abordaron con varias cuestiones acerca de su propia muerte, este decía que no creía en la muerte de Dalí, pero que temía la muerte, el momento en que llegase. A día de hoy, bien sabemos que Dalí no ha muerto y que se mantiene inmortal.

No sé si algún día se conseguirá mediante la ciencia cualquier avance sobre la inmortalidad tangible, pero antes de que se produzca y en relación al sueño oculto de la raza humana, yo me pregunto si realmente tiene sentido.

De momento, todo sigue tal y como siempre ha sido, el cuerpo sufre un deterioro constante, tiene fecha de caducidad, el mundo aguantará nuestro paso, y continuará su rumbo una vez dejemos todo esto, así que, si queréis la inmortalidad ya podéis empezar a hacer méritos, como se decía en cierta película: “La inmortalidad es toda vuestra, ¡cogedla!”

lunes, 4 de octubre de 2010

Capítulo 29: La muerte



Smash cut es el nombre de un recurso usado en cine y televisión, es ese fundido a color negro sin previo aviso, no es como esos finales que van atenuando la oscuridad hasta fundir con el negro (fade to black), en este caso es un negro total, de golpe, como si se hubiera estropeado el televisor, como si alguien hubiese tirado del cable.

En la película de el cuervo se decía “La infancia termina cuando sabes que vas a morir”, si ese es el caso, la mía terminó pronto, desde que tengo uso de razón siempre me ha inquietado el tema, aceptando el hecho de que algún día dejaré todo esto, por un lado te planteas cual es la mejor manera de actuar y de llevarlo hasta entonces, es difícil plantear esto sin caer en la típica espiral negativa de que más da todo si el final ya está claro. Aparte de este ejercicio filosófico, resulta otro ejercicio, este más bien de tono científico el pensar, el cómo será, si hay una luz blanca, si todo se vuelve negro, si vemos a los seres queridos, si alguna parte de nosotros queda viva, etc.

Resulta curioso que me planteé todo esto desde tan temprana edad, y no sé si por aquello que dicen de que lo que piensas toma parte de realidad de alguna manera, porque mi relación con la muerte ha sido más estrecha de lo que me gustaría. Por un lado, tratándose de mí mismo, se puede decir que la he esquivado dos veces de manera reseñable. La primera fue cuando estando en una casa de campo, una escopeta cayó al suelo por accidente y se disparó, hubo un silencio, la gente se miraba, se tocaba, yo miré hacia el monte pensando en que se trataba de algún tipo de cacería cercana, me di la vuelta y la gente gritaba hacia mí, me toqué la cara y las manos se me llenaron de sangre, pasaron unos minutos hasta que lo entendí todo, la bala había pasado rozando mi cara (hoy una pequeña cicatriz recuerda aquello), fue solo cuestión de centímetros. La segunda vez fue unos años después, había una fuerte tormenta, me dirigí hacia el baño, un baño en reformas, que tenía los enchufes sin terminar, estaba mirando al espejo cuando oí un fuerte chasquido y de pronto todo se puso de color blanco. Diez minutos después no oía apenas nada, notaba que me movían que me gritaban, empecé a vislumbrar formas a través del blanco, y el pitido del oído se iba disipando y me dejaba oír los gritos de forma ahogada, estaba en el suelo y me sangraba la nariz, al parecer un rayo había caído sobre la casa llevándose a su paso todo aparato eléctrico, recorrió la casa e hizo su salida por los enchufes del baño. Ese mismo día visité al médico y no encontraba razón médica posible para que mi corazón siguiese latiendo, pero seguía.

De manera más indirecta, he sido espectador de excepción (cruel honor) en el momento justo de la muerte de las dos personas más importantes, influyentes y más queridas de mi vida, el momento justo en que la vida expira, el paso de la vida a la muerte.

Todo esto no ha hecho otra cosa que mantener mi debate mental en cuanto al tema, y con el tiempo he ganado en incredulidad, es bonito creer en cosas, tener fe, pensar que todo ocurre por algo, el destino, que un hombre con barba vendrá a saludarnos o que nos espera un aren de mujeres, pero sinceramente, creo que todo este tema es tan aleatorio como parece, y teniendo en cuenta que es un hecho inevitable, creo que hay que juzgarlo teniendo en cuenta esas dos premisas, lo sé, es difícil, aceptar esto de inicio es difícil, es como jugar un partido sabiendo cual va a ser el resultado final, pero creo que tampoco podemos juzgar esto como un final de una historia, sino como un hecho inevitable y aislado, poniendo el principio, el desenlace y el final en la vida. No me gusta cuando la gente usa la muerte en cualquiera de sus vertientes como excusa para descuidarse en la vida, para no tener nada en cuenta, para dejar de darle importancia a cualquier otra cosa, no hay nada más importante que la propia vida, ni nada tiene tanto sentido como ella.

Podíamos tirarnos una vida entera debatiendo sobre que significa la muerte, qué sentido tiene, que sentimos, que nos pasa, que reacción tiene nuestro cerebro, nuestro cuerpo, que pasa con nuestra alma, pero todo es tan sencillo como….(smash cut)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capítulo 28: El placebo de la fama



Es alarmante el aumento de programas que buscan concursantes que crean tener algún tipo de talento, normalmente relacionado con la música o el baile, para que compitan entre sí con la promesa de que al final del programa podrán llegar a cosechar éxito y ser famosos.

Creo que este tipo de programas es el reflejo más fiel de la sociedad de hoy día, analicemos con detalle; Primeramente en todos ellos se buscan a chicos y chicas jóvenes y guapos, la importancia del físico, de la estética, la obsesión por la belleza, la juventud, la obsesión por ofrecer el mejor perfil, el estar siempre perfecto, aunque sea para entrenar/ensayar.

En segundo lugar, la competición, en todos ellos se compite descarnadamente por intentar auparse hasta el podio, en ese camino, enemistades, comentarios, malas artes, etc.

En tercer lugar, la depresión, la mayoría de estos jóvenes lo tienen todo, pero andan desmotivados, faltos de objetivos, sin confianza en nada ni en nadie, siquiera en ellos mismos, hace falta sacarlos de su estado continuo de baja autoestima y autocomplacencia. Miedo al fracaso, sentimientos a flor de piel, llantos a la mínima piedra en el camino.

En cuarto lugar, la sociedad, en la mayoría de estos shows televisivos los concursantes conviven durante su adiestramiento unos con otros, como si de un piso de estudiantes se tratase, en esta convivencia, surgen los roces, la lucha de egos, el ataque al compañero, la falsedad, la amistades enquistadas para hacer fuerza en contra de otro grupo o compañero, la mala educación, la falta de respeto.

En quinto lugar, el sexo, desde un primer momento, la tensión sexual entre los diferentes concursantes es evidente, fruto de la edad natural por un lado, pero aumentada por una sociedad vendida en torno al sexo. Los movimientos, la mayoría de comentarios, las miradas, todo gira en torno a la provocación sexual, al rito del apareamiento.

En sexto lugar, el éxito, todo quieren la fama por encima de todo, sentirse como las estrellas de cine que adoran, como el artista musical que admiran, la salida a una vida mediocre, a un trabajo normal, una realidad normal, la cual carece de interés para ellos, la sensación de ser un vip, de ser adorado.
En séptimo lugar, la vagancia, fruto de la depresión durmiente permanente resultan vagos a la hora de trabajar lo poco que se le exige, prefieren ser mediáticos y usar siempre la vía más rápida posible hacia cualquier meta. La vagancia diaria, el dormir hasta altas horas, el pasotismo en sus frases, en sus actos.
En octavo lugar, el dinero, mitifican la vida de aquellos que amasan grandes cantidades de dinero, el dinero como vía hacia la felicidad y la aceptación social, la vida sin medidas, sin ahorro, con grandes lujos que lucir, que enseñar, la comodidad de la vida adinerada, seguir perpetrando su percepción errónea en cuanto al valor real del dinero.

En noveno lugar, el sueño, si se rompe, la desgracia es máxima, la caída al abismo, las lágrimas, el desgarro, la desilusión, la vida normal se confirma como el fracaso del sueño, de alguna manera se le da sentido. Si se cumple, la pérdida del origen, la verdadera realidad del asunto, el trabajo diario, la fugacidad.

En décimo lugar, la cita, "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados." (El club de la lucha de Chuck Palahniuk).

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Capítulo 27: Religión



La religión es un sistema humano compuesto por un conjunto de creencias y prácticas asociadas a algún ente divino o sagrado. En torno a esa figura o figuras consideradas de origen divino, se obtiene unas leyes, unas prácticas y unas pautas dictadas a seguir.

Las religiones existen de muy diferente índole y origen. En teoría todas parten de una base espiritual, con carácter orientativo para el hombre de a pie, y siempre con las mejores intenciones.

No existe nada más poderoso que la fe, desde siempre el hombre ha demostrado que es capaz de cualquier cosa, siempre y cuando esté moralmente preparado y plenamente motivado.

La mayoría de religiones tienen una serie de estamentos que marcan aquello que todo aquel que se considere fiel a la misma debe cumplir, como una especie de leyes, de obligaciones, de pautas a seguir. Todo está orientado a honrar y agradar a ese ente divino, con vistas a ganarte su trato favorable tanto en vida, como para una vez estés muerto.

Desde un punto de vista teórico, las religiones pueden servir para mantener una estabilidad moral/espiritual que puede ser muy beneficiosa, más si tenemos en cuenta, que el ser humano por naturaleza necesita creer en algo. Pero a lo largo de la historia, se ha demostrado que la práctica es bien distinta. Por un lado, y como siempre pasa con cualquier texto/historia muchas cosas se han malinterpretado, otras se han aplicado de manera literal cuando esa no era la intención original, y otras se han llevado al extremo. Todo esto ha llevado a que la religión cuente en su haber como la causa que ha llevado directa o indirectamente a millones de personas a la muerte, en la mayoría de los casos de forma violenta, igualmente ha sido una de las principales causas detonantes de guerras y enfrentamientos.

Por otro lado, y también a lo largo de la historia, las diferentes doctrinas han traspasado el plano espiritual para contar en su haber con un gran patrimonio material (aun estando en contra de los propios estamentos de las mismas), así como participación activa (especialmente en algunos puntos de la historia) en el ámbito político, influyendo poderosamente en el rumbo de los diferentes países.

Quiero dejar claro que respeto a todas las religiones, creo que es bastante lícita su existencia, así como que cada persona es libre de creer en aquello que le sirva para alimentar su fe. Este texto no entra a cuestionar la existencia de entes divinos o sagrados, de un Dios, de si realmente estos nos vigilan y de si todo tiene una correlación entorno a estas figuras. Este texto es para cuestionarnos a nosotros mismos, de si no hemos malogrado a la hora de entender y aplicar lo que se cuenta en los textos, cuestionar si hemos usado la fe de cada uno contra nosotros mismos, de si el mensaje no se ha desfigurado entre los diferentes interlocutores, hasta incluso usarse en muchas ocasiones egoístamente como herramienta de algunos para beneficio o fines personales.

Por todo esto, considero que por encima de cualquier creencia debe de estar el respeto, primeramente entre nosotros mismos y luego hacia cualquier cosa, ser capaces de convivir todos juntos, independientemente de a quién o a qué rece cada uno, porque si no somos capaces de conseguir esto, no seremos dignos de ningún Dios, ni tan siquiera de estar sobre la faz de la tierra.

jueves, 19 de agosto de 2010

Capítulo 24: El verdadero precio



Hay una anécdota curiosa sobre mi nacimiento. Mi madre no supo cuál era mi sexo hasta el mismo día que nací, algo que no resultó ser muy buena idea, ya que tenía dos hijos varones por entonces, y su ilusión era tener una niña. Cuando me dio a luz, se quedó algo descontenta con que yo fuera otro varón más. Al parecer este sentimiento irónico le hizo a alguien confundirse y una pareja muy adinerada y sin hijos se interesó por mí con la intención de adoptarme. Mi abuela y segunda madre, actuó rápidamente y zanjo el tema con una sola frase: “Aunque tuviéramos cien, no daríamos a ninguno”.

Algunas veces he bromeado con este tema, con la posibilidad de haberme criado en una casa diferente con un nivel de vida muy diferente. Por suerte para mí, me crié en mi verdadera familia, una familia humilde y honrada. Para que os hagáis una idea, durante mi estancia en mi casa familiar, nunca he ido de vacaciones, los únicos restaurantes que he pisado han sido para una boda, bautizo o acontecimiento similar, hemos ido rotando la ropa entre hermanos e incluso hemos colaborado trabajando cuando incluso estábamos en el instituto para ayudar a la economía familiar.

Todo este esfuerzo no ha sido en vano, me ha servido de mucho, para tener siempre presente el precio de las cosas, el trabajo que cuesta ganar el dinero y lo poco que cuesta gastarlo. El conjunto de circunstancias, hacen que te vuelvas algo conservador con el dinero (que no avaro) y que cualquier gasto elevado te haga sentir mal aunque dispongas del dinero para realizarlo. Una extraña paradoja.
Pasé de vivir de un pueblo pequeño a una gran ciudad, y en este aspecto, el problema se agrava, porque si además de tener estas sensaciones intrínsecamente en tu cabeza, los precios de todo son mucho más elevados que los de tu origen, te hacen sentirte un derrochador hagas lo que hagas.

Por suerte, conocí a una persona que me ha ayudado mucho, a la que admiro profundamente y a la que quiero. Esta persona vivió una situación bastante similar a la mía en el pasado, eran otros tiempos, pero eran las mismas sensaciones. Me dio una lección sobre el precio de las cosas, su razonamiento era simple: Si compras una camisa barata, pero no te la pones nunca, la camisa acaba resultando cara. Por otro lado si compras unos pantalones caros pero que usas cada día, y el precio va a la zaga de su calidad, por lo que te duran más tiempo, esos pantalones resultan ser baratos. Otra forma de verlo, si compras algo que te gusta mucho, que te aporta felicidad y que realmente vas a usar sea lo que sea, siempre merecerá la pena, independientemente de lo que sea y lo que valga.

Comer con gente que quieres en un sitio bonito y céntrico es caro, pero la experiencia es impagable. Igualmente que un vuelo es más caro si se hace en una buena compañía en vuelo directo, es a priori más barato si se coge con escalas, desde aeropuertos secundarios. Pero nadie cuenta las incomodidades y gastos extras que eso reporta, son algunos ejemplos palpables de toda esa mentalidad.

No se trata de comprar lo más barato, ni lo más caro, sino de comprar lo mejor para ti, lo que mejor te sienta. Porque no todo se puede medir con el rasero de las cifras.

lunes, 9 de agosto de 2010

Capítulo 23: De uso común




Cada vez estoy más convencido que la cualidad que más nos puede diferenciar de cualquier otra especie y la que puede marcar la diferencia a la hora de evolucionar como sociedad y como individuos es sin duda la educación.

La educación es en un concepto que abarca muchos otros, y está intrínsecamente relacionada con el respeto, el respeto hacia los demás, la base de la convivencia y del concepto de sociedad.

Hay una pauta de comportamiento que me llama mucho la atención que aunque a lo mejor pasamos desapercibida, es más importante de lo que puede parecer. La situación es la siguiente, estás en un establecimiento o lugar público y todo aquello que es de uso común se encuentra en estado lamentable, llegados a este punto podríamos pensar que esto es debido a que tiene un uso continuado por parte de una gran cantidad de gente, pero no, esta no es la razón principal, si no la causa, porque no sé qué ocurre, que cuando usamos algo de uso compartido sea lo que sea lo maltratamos con saña, porque por un lado no nos importa el deterioro que esto pueda tener y por otro lado porque nos importa bien poco la persona que venga detrás a usarlo.

Sí, es cierto, mira que molesta, llegamos a un lavabo público  y está hecho un asco, y no, no es que todas las personas que lo han usado lo usan así de mal en sus casas (al menos la mayoría), es que no siendo suyo y siendo de uso compartido lo van a usar como si de auténticos cerdos de piara se tratasen. Nos enfadamos, nos asqueamos e incluso despotricamos cuando hemos salido, pero una vez estamos dentro, nos aparece esa vena egoísta y mantenemos la pauta.

Pero no solo lavabos, mobiliario urbano, transportes públicos, playas, bosques, cualquier “ejemplar de prueba” y un larguísimo etcétera forman parte de la lista de servicios y lugares públicos que sufren este maltrato egoísta. Hacemos una cola para usar algo compartido, nos quejamos de lo que tardan los demás y como lo dejan los demás, ¿y qué hacemos nosotros?, exactamente lo mismo, como venganza, una venganza que alimenta la cadena de egoísmo. La falta de civismo, el eslabón que hace que se rompa la cadena de la sociedad.

Estos comportamientos truncan la confianza tanto de las instituciones como de las compañías, empresas, etc. que ponen algo a la disposición de todos para nuestro disfrute, comodidad o accesibilidad, así como crean una espiral de egoísmo del que nunca podremos escapar si no estamos dispuestos a sobreponernos a nuestro propio ego e intentar tratar la cosas tal como si de propias se tratasen, porque si no podemos tratar bien las cosas que compartimos, tampoco seremos capaces de tratarnos bien entre nosotros mismos.

Es el principio de la educación, la base del respeto, los grandes pilares de la sociedad.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Capítulo 16: El odio heredable



Cuando somos pequeños nos enseñan muchas cosas. Muchas de estas cosas las aprendemos directamente, pero hay otras que aprendemos indirectamente e incluso puede que siquiera nuestros progenitores, profesores, amigos, familiares o cualquier persona que nos influye en nuestra educación, sean conscientes de que nos están inculcando ciertos valores o sentimientos. Y es que casi sin saberlo, al nacer ya tenemos que odiar muchas cosas, nacemos enemistados con mucha gente, sin hacer méritos, sin dejar que siquiera expresemos nuestra opinión, de manera accidentalmente predeterminada.

Como decía al principio, mucha parte de este odio inducido proviene de nuestra educación, de la gente que se encarga de la misma, de estos aprenderemos a quien tenemos que odiar, en el ámbito familiar, a aquel tío tuyo que tuvo un feo gesto con tu madre, al vecino de tu abuelo que un día discutió con él por una barra de pan y por ende a todos sus descendientes, al equipo rival del preferido de tu padre, a la comida que tu madre intentaba que te comieras a toda costa, a los del pueblo de al lado, a un presentador de televisión que tu madre criticaba, al programa de radio del que tu hermano hablaba mal, y así hasta un largo etc.

Pero el odio no solo lo heredamos a través de nuestra educación, sino que hay otros factores que nos lo puede infundar igualmente de manera indirecta. Otro de estos factores es nuestra localización geográfica, dependiendo de la misma, odiaremos a todos los pueblos y civilizaciones con los que nuestros antepasados han guerreado y con los que se han enemistado a lo largo de la historia, a lo mejor alguno de estos conflictos empezó porque alguno de nuestros ascendentes se equivocó o tuvo la culpa, pero da igual, lo que nos queda a nosotros después de tanto tiempo solamente es el odio, tan fácil de transmitir, tan fácil de aceptar y asumir, heredado a través de las generaciones.

Asociados a nuestra posición geográfica, entran otros dos factores importantes a la hora de aumentar nuestra lista del odio más irracional, por un lado la cultura, nuestra cultura siempre será la más lógica, la más completa, la más avanzada, y rechazaremos por tanto predeterminadamente cualquier otra forma de cultura, odiando y rechazando todo lo que esté fuera del circulo de esta. Por otro lado encontramos a la religión, igual que con la cultura, nuestra religión será la verdadera, la primera existente, la cabal, en la que encajan todas las piezas, cualquier otra forma de creencia no será más que una secta, una interpretación equivocada de la nuestra, la buena.

Todos estos factores juntos con muchos otros, son aquellos que nos arraigan odio en lo más profundo de nuestro subconsciente, de manera sutil, indirecta, pero que retenemos y nos hace no juzgar a veces las cosas con toda la neutralidad que deberíamos, que nos hace limitarnos culturalmente, abstenernos de aprender de otras formas de pensamiento y de existencia, que hace que nos enfrentemos continuamente entre nosotros mismos, por causas en las que no hemos tenido nada que ver, en las que no hemos intervenido.

Porque el odio, es fácil de adoptar, porque no requiere más que la indiferencia en sus etapas más iniciales para mantener su cultivo, porque nuestra naturaleza tiene mucho más que ver con él que con cualquier otro sentimiento, porque resulta cómodo, porque siempre es nuestro vehículo para justificarnos, para hacer cosas sin sentido, cometer atrocidades, usar la violencia. Porque es más difícil debatir algo, que simplemente descartarlo odiándolo. 

Realmente es difícil no estar influenciado por ningún tipo de odio, máxime cuando la mayoría proviene silencioso de etapas tan iniciales e importantes en nuestra formación, pero no es excusa para que una vez alcancemos cierta madurez mental, sigamos guiándonos por un simple odio irracional infundado, que adoptamos con facilidad y del que nunca nos preguntamos si realmente está justificado.

lunes, 26 de abril de 2010

Capítulo 15: Filosofía del marketing



El marketing es el arte o la ciencia de infundir una necesidad hipotética a unos posibles consumidores, apoyándose en un discurso que se crea al mismo tiempo y que se utiliza como medio de justificación para vender un producto en cuestión.

En resumidas cuentas, a partir de una necesidad, generalmente ficticia, hacer todo tipo de artimañas necesarias para que la parte creadora de este marketing consiga su objetivo y que la “presa” no solo se quede satisfecha si no que haga aquello para lo que fue ideada la campaña de marketing. Como una especie de truco de magia, hay que sorprenderse y además quedar satisfecho, pero la víctima no puede ver dónde está el truco. Llamaremos entonces magos a aquellos que son capaces de conseguir perpetuar sus artes a través del marketing.

Vivimos en una sociedad rodeada de marketing. Necesitamos el marketing, somos adictos al marketing y es que, ¿Qué sería de nosotros si no nos crearan necesidades ficticias? ¿Podríamos vivir solo con necesidades reales? ¿Tendríamos todo lo que tenemos en nuestras casas sin la ayuda del marketing? EL marketing es nuestra religión encubierta. La necesidad ficticia de tener cosas en propiedad, de vivir la forma de vida que alguien inventó una vez, de seguir el modelo.

Pero no penséis en el marketing como una herramienta que solo sirve para colocar cosas tangibles en nuestros armarios o en nuestras habitaciones, también existe el marketing social o el marketing laboral entre otros. Las apariencias por encima de todo, la necesidad de crear un papel y de desarrollarlo, de crear fingidas necesidades afectivas, fingidas necesidades a tu empresa sobre tu puesto de trabajo, para vender nuestro mejor producto, nosotros.

Nos pasamos la vida entera haciendo marketing de nosotros mismos, por eso, nadie es más desconocido que uno para uno mismo. La idealización de nuestra figura, la verdad suprema en nuestra palabra, los cánones correctos en nuestras acciones, las verdades sagradas de nuestros pensamientos.

Hemos aceptado la filosofía del marketing en todas las facetas de nuestra vida como la única forma de actuar, como la única forma de conseguir cosas, como la única forma de vivir. Necesidades ficticias, personajes ficticios, apariencias, humo, mentiras. Porque una buena campaña de marketing puedes conseguir cualquier cosa, que compremos cualquier cosa, que seamos cualquier cosa, que consigamos cualquier trabajo, que cualquiera piense de nosotros aquello que nos apetezca.

El marketing ha hecho que exista una distancia preocupante entre la realidad de nuestras necesidades y las verdaderas capacidades de las personas con respecto a las mismas características creadas a través del marketing. Esto crea un vacío anímico generalizado, frustración, una brecha constante en la economía, en la productividad general en las empresas, relaciones superfluas, ansiedad o depresión.
Porque ahora ya no se trata de tener buenos trucos, si no de simplemente parecer un buen mago.

miércoles, 14 de abril de 2010

Capítulo 13: La beatificación post mortem



La muerte siempre ha sido uno de los grandes misterios y temores del ser humano. Es un hecho natural que cuesta aceptar, que cambia la percepción, pasamos de hacer las cosas con cierta naturalidad y emoción a estar condicionados, a temer. Se podría decir que nuestra infancia está guiada por la vida, y una vez que termina esta etapa, por la muerte.

Es demasiado shock mental pensar que algún día dejaremos todo esto para siempre, sabemos el qué, pero no el cómo ni el cuándo, y eso nos atormenta. Intentamos sobrellevarlo con la religión y otras creencias que perpetúan nuestra existencia en este mundo a través de otras formas.

Es extraño por otro lado, que teniendo en cuenta la certeza de nuestra muerte y por tanto la fragilidad de nuestro físico, siempre pensemos a largo plazo para todo, que pospongamos la realización de nuestros sueños, posponer una conversación, un gesto con alguien, un viaje, etc.

De todas formas, y para no desviarme demasiado del propósito de este texto, me llama la atención que si tenemos en cuenta que la muerte es un hecho seguro y natural para todos y cada uno de nosotros, por qué una vez que muere una persona automáticamente pasamos a ver solamente su lado positivo, a alargar la sombra de todo lo que ha hecho, a falsear datos, a exagerar situaciones, a inventar leyendas. Como si el hecho de morirse le hubiese convertido en alguien a quien admirar, como si hubiese conseguido todo un logro muriéndose.

Tanto es así, que todos conocemos a gente famosa que se ha quitado la vida con el propósito de agrandar su leyenda (léase estrellas del rock), es como rodar un corto cinematográfico e intentar que se convierta en una gran filmografía a través de la muerte. Escritores que mueren al término de una obra que le catapulta automáticamente al número uno de ventas, entre otros casos de fama a través de la muerte. O la gran cantidad de casos de artistas que no han visto reconocido (esta vez merecido) el arte que creaban cuando estaban entre nosotros y que solo con su muerte empezamos a mirar y tener en cuenta.

En fin, realmente, no sé qué hay después de la muerte, y podemos estar confabulando toda una vida sobre como es y que puede haber, cuando a lo mejor simplemente no hay nada. No entiendo porque a cada uno de nosotros la muerte nos da un plus de simpatía, de arte, de personalidad, de humanidad, de generosidad, etc. Lo único que sé y que conozco es la vida tal como se nos plantea, con cosas tangibles, y creo que es aquí donde cada uno tiene que demostrar su valía, donde debemos demostrar quién y qué queremos ser, donde debemos medir a cada uno por lo que es y por lo que hace mirando con lupa objetiva, reconocer a los artistas (en todas sus ramificaciones) su arte cuando aún pueden sentir el aprecio.

No tengo ninguna intención de morir, al menos conscientemente, pero por si acaso, podéis contar de mí, que medía dos metros y medio, que lucía una gran melena dorada, y que podía levantar coches con un solo brazo, seguramente perdure más que lo que ocurrió realmente, y creo que tampoco me sienten tan mal esos dos metros y medio…