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viernes, 13 de abril de 2012

Capítulo 51: Redes marketinianas



Estoy obteniendo nuevas lecturas a día de hoy acerca de las redes sociales, lo sé, he escrito antes sobre ellas y no es mi intención volver a hacerlo, al menos no en el sentido que ya lo hice, que era en el entorno más social del asunto sino más bien acerca del gran carácter económico/comercial que supone.

Que el fundador de una de ellas se siente a la derecha del presidente de los Estados Unidos es solo una pista de lo que vengo a referirme,  y es que, las redes sociales no sirven solo como escenario con telón rojo donde cada uno puede hacer, exponer o copiar/pegar lo que quiera, el asunto, queridos conciudadanos va más allá, resulta que desde hace tiempo hay un cierto interés por parte de las empresas/marcas/productos en sumar seguidores, fans, aduladores o como quieran llamarle,  es decir, tú declaras  pacíficamente tu simpatía sobre algo, esto que puede parecer un gesto de personalidad, se acaba convirtiendo en un dato de mercado de marketing de valor incalculable, de manera que con los datos que proporcionamos a las redes sociales,  sabiendo hacer la lectura adecuada e indexando hábilmente se puede obtener un macro estudio de mercado, que arrojará más datos sobre nosotros de los que seguramente conozcan y nunca conocerán nuestros progenitores.

Hasta ahora el asunto era sutil, al menos para ojos poco entrenados, hacer un concurso entre la gente que se haga fan/adorador de algo/alguien, o “invitándote” a que sigas a una inmensa mayoría que ya ha mostrado su interés abiertamente.

Es sencillo, donde nosotros vemos la etiqueta social, la comunicación, la información personal indiscreta, el compartir cosas mientras todos vamos de la mano, ellos ven información útil para planificar estratégicas de marketing y colocarnos productos o servicios, si puede ser de forma personalizada mejor, de alguna manera, seguimos siendo audiencia.

El marketing más sencillo, saber qué gusta, que queremos, que pensamos, y rociarnos con campañas encubiertas de marketing, como lo último que está apareciendo, famosos que usan sus perfiles en redes sociales, que la mayoría de   veces   administran     sus representantes, editoras, abogados, marcas, etc. que le pagan usándolos para bombardear con publicidad gratuita, sin coste, con el amparo de la ley y con efectos más que deseados.

En fin, no me queda más que recomendarles que se declaren zombi-seguidores de este humilde blog en las redes sociales para que mañana pueda venderles el calefactor que necesitan, o ese móvil de última generación con el que sueñan….

jueves, 12 de enero de 2012

Capítulo 48: Gratis



No hay una palabra que despierte tanta atracción y ansiedad a la vez como la palabra gratis. Supone toda una metamorfosis para aquellos que la leen o escuchan, una transformación en seres sin escrúpulos capaces de hacer cualquier cosa, y sin reticencias en exponer el egoísmo más extremo.

Alrededor de esta palabra he visto consumarse situaciones y acciones de lo más lamentables, personas enfervorizadas, poseídas por el gen consumista más arraigado, los ojos permanecen fijos sobre aquello que tiene la cualidad de ofrecerse gratuitamente, mirada fija, como perdida, ansiedad, se aceleran las pulsaciones, la respiración se entrecorta, el momento en que la mano se acerca a los trofeos se eterniza, y por fin llega el momento, alcanza el objetivo y como un león que devora una presa, utiliza todo su instinto más primario, su brutalidad, mientras a la vez mira desconfiando a su alrededor, para no llamar la atención, para no atraer a otros depredadores, la ansiedad se mezcla con un falso sigilo, con un inútil disimulo.

Poco importa el objeto de lo que se ofrece gratuitamente, la idea despierta una cuenta atrás en la lucha por la posesión, aunque esta resulte completamente innecesaria y absurda. Todo se reduce a una caza desesperada, para ello no se escatimen esfuerzos, se empuja, se obstaculiza, se agarra, una pelea por las presas.

Con la pieza asegurada, los cazadores se retiran satisfechos a un rincón, aún con gesto de ansiedad, una vez alejados del coto de caza, la frecuencia de las pulsaciones baja y comienza el regocijo, normalmente no basta con haber cazado, ni incluso que la caza haya sido abundante, el mayor placer procede de mostrar a otros que hemos cazado, que hemos sido más hábiles, más astutos, tocados por la suerte divina, cuando en realidad, solo se trata de un hecho totalmente circunstancial, donde nuestra avaricia más primaria pone en tela de juicio nuestro honor y racionalidad.

Al final, después de todos los esfuerzos y desvaríos, todo lo obtenido acaba en algún cajón perdido sin uso, regalado o en el mejor de los casos, en la basura, pero el momento de gloria, ese momento de regocijo personal, de triunfo, es una droga a la que la gran mayoría no puede resistirse.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Capítulo 46: Crisis de liderazgo




Estamos ya tristemente acostumbrados a oír la palabra crisis por doquier en los últimos tiempos, se ha hablado mucho de la crisis económica, pero sin duda, hay otro tipo de crisis que ha conllevado mayores grietas económicas así como una mayor desconfianza en el conjunto de la sociedad.

Hablo de una crisis de liderazgo, hemos vivido una larga época de cierta bonanza económica, algo innegable, donde los negocios crecían, las empresas mejoraban sus números año a año ( a día de hoy muchas siguen sin entender que este incremento exponencial no se puede mantener infinitamente) y la creación de nuevas fórmulas conseguían hacerse un hueco, con este panorama las figuras de responsabilidad de cualquier tipo de negocio lo tenían más fácil, estas figuras suelen ser como superhéroes, un gran sueldo (poder) que conlleva una gran responsabilidad, de manera que cuando la inercia es positiva, la parte de la responsabilidad está bastante endulzada y el poder solo aumenta, unos grandes bonus o primas, felicitaciones aquí y allá, gráficas con flechas ascendentes, datos, estadísticas comparativas, etc.

Pero, ¿qué ocurre cuando la situación se tuerce y es necesario que utilicen aquellas habilidades organizativas/directivas para/con las que fueron contratados para controlar o solventar una situación adversa?, la respuesta es que en la mayoría de casos no dan la talla. Nerviosismo, decisiones desacertadas, incapacidad para motivar a sus subordinados, crispación, traspaso de responsabilidades inherentes al supuesto, son algunos de los síntomas más visibles. La pregunta no es si realmente esta gente está o no preparada, ya que una gran parte, sobre el papel, académica y curricularmente hablando, esta gente debería saber solventar cualquier contratiempo, es la falta de tensión en tanto tiempo, es principalmente la falta de actitud y no de aptitud lo que hace que estas figuras no estén a la altura.

Por supuesto, existen grados, así que por un lado tenemos una minoría que ha enfrentado la situación adversa con una honestidad medianamente respetable, como que por otro lado, hay quienes se han mantenido sus bonificaciones como si se dieran los datos más optimistas incluso a costa del resto de empleados, incluyendo despidos, dejando claro que la moral y la honestidad de cada uno tiene diferente medida. Lo que no se puede negar es que la mayoría no ha estado a la altura, y es algo que considero que las empresas deberían plantearse (algunas ya lo hacen, poniendo por delante las actitudes de las personas en sus nuevas contrataciones, vigilando sus acciones y exigiendo un nivel acorde con el puesto). Si,  la crisis quizás haya sido magnificada por unos mandos inoperantes en momentos claves, que hunden más si cabe cualquier barco con golpes de timón desacertados, no estando a la altura de lo que se espera de cualquier capitán que se precie.

Una cosa está bien clara, los empleados son la imagen de una empresa, pero las directrices, la filosofía y el rumbo es responsabilidad de solo unos pocos que deberían tener el honor como principal cualidad demostrable.

viernes, 14 de enero de 2011

Capítulo 37: Obsolescencia programada



Se denomina obsolescencia programada a la planificación de la vida útil principalmente de productos de consumo, de manera que queden inservibles u obsoletos, tras un periodo de tiempo previamente calculado por las compañías.

En la década de los años veinte, con el crecimiento de la producción masiva gracias a la industrialización, las compañías vieron que no resultaba rentable vender productos duraderos ya que las ventas, como la producción, no podían mantener un ritmo continuo. Varios episodios después (la mayoría a día de hoy documentados) dieron pie a sopesar la posibilidad de crear productos de inferior calidad con la idea de que estos tuvieran una vida útil menor y por tanto el usuario se viera obligado a repararlo o preferiblemente para ellos, comprar uno nuevo, ya sea exactamente igual, o la nueva versión del producto que hubiese por entonces en el mercado. 

Este modelo creó una economía dinámica, y un mercado en constante crecimiento, donde siempre hay necesidad de la continua producción de los productos ya existentes y de creación de nuevos que supongan un incentivo más para el usuario de comprar un producto que ya posee, para una necesidad que no tiene.

Estas prácticas han hecho que el individuo no se pregunte sus necesidades, sino más bien simplemente satisfaga sus caprichos más innecesarios.

Aunque la mayoría de personas intuyen estas prácticas no hay una queja mayoritaria, aceptamos esta corta vida de nuestras adquisiciones como algo natural y lo aceptamos sin mayor problema.

Pero toda esta inercia que nos muestra una falsa economía creciente, hará que tarde o temprano caigamos en una brecha, y es que ya no es solo que ecológicamente resulte inviable este modelo, ya que desechamos toneladas de material así como consumimos demasiadas materias primas del planeta, un ritmo ecológicamente insostenible, de hecho para empeorar aún más el asunto, los residuos se envían a países pobres que siquiera tienen maquinaria para reciclarlos, ya que el reciclaje resulta demasiado caro para las compañías que ganan millones de dólares produciendo, además, el modelo económico fruto de estas prácticas, con la ayuda de los créditos, hace que, de alguna manera, persigamos continuamente unas metas sin valor, que nos creemos necesidades virtuales y que dediquemos todo nuestro esfuerzo a conseguir bienes perecederos que realmente no necesitamos.

Todo esto orquestado por todos aquellos empresarios sin escrúpulos (con el beneplácito de los gobiernos por supuesto), avariciosos que no entienden que el fin será para todos, egoístas que no entienden que el mundo económicamente es como un conjunto de bañeras, con un agua en común, si llenamos una bañera más, otra quedará vacía, la lucha de los gobiernos tendría que ser intentar igualar estas bañeras para que tengan la misma agua, no fomentar la desigualdad y los intereses personales, el problema es que ellos mismos, egoístas y avariciosos igualmente miran por su futuro y su cartera sin importarle nada más.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capítulo 28: El placebo de la fama



Es alarmante el aumento de programas que buscan concursantes que crean tener algún tipo de talento, normalmente relacionado con la música o el baile, para que compitan entre sí con la promesa de que al final del programa podrán llegar a cosechar éxito y ser famosos.

Creo que este tipo de programas es el reflejo más fiel de la sociedad de hoy día, analicemos con detalle; Primeramente en todos ellos se buscan a chicos y chicas jóvenes y guapos, la importancia del físico, de la estética, la obsesión por la belleza, la juventud, la obsesión por ofrecer el mejor perfil, el estar siempre perfecto, aunque sea para entrenar/ensayar.

En segundo lugar, la competición, en todos ellos se compite descarnadamente por intentar auparse hasta el podio, en ese camino, enemistades, comentarios, malas artes, etc.

En tercer lugar, la depresión, la mayoría de estos jóvenes lo tienen todo, pero andan desmotivados, faltos de objetivos, sin confianza en nada ni en nadie, siquiera en ellos mismos, hace falta sacarlos de su estado continuo de baja autoestima y autocomplacencia. Miedo al fracaso, sentimientos a flor de piel, llantos a la mínima piedra en el camino.

En cuarto lugar, la sociedad, en la mayoría de estos shows televisivos los concursantes conviven durante su adiestramiento unos con otros, como si de un piso de estudiantes se tratase, en esta convivencia, surgen los roces, la lucha de egos, el ataque al compañero, la falsedad, la amistades enquistadas para hacer fuerza en contra de otro grupo o compañero, la mala educación, la falta de respeto.

En quinto lugar, el sexo, desde un primer momento, la tensión sexual entre los diferentes concursantes es evidente, fruto de la edad natural por un lado, pero aumentada por una sociedad vendida en torno al sexo. Los movimientos, la mayoría de comentarios, las miradas, todo gira en torno a la provocación sexual, al rito del apareamiento.

En sexto lugar, el éxito, todo quieren la fama por encima de todo, sentirse como las estrellas de cine que adoran, como el artista musical que admiran, la salida a una vida mediocre, a un trabajo normal, una realidad normal, la cual carece de interés para ellos, la sensación de ser un vip, de ser adorado.
En séptimo lugar, la vagancia, fruto de la depresión durmiente permanente resultan vagos a la hora de trabajar lo poco que se le exige, prefieren ser mediáticos y usar siempre la vía más rápida posible hacia cualquier meta. La vagancia diaria, el dormir hasta altas horas, el pasotismo en sus frases, en sus actos.
En octavo lugar, el dinero, mitifican la vida de aquellos que amasan grandes cantidades de dinero, el dinero como vía hacia la felicidad y la aceptación social, la vida sin medidas, sin ahorro, con grandes lujos que lucir, que enseñar, la comodidad de la vida adinerada, seguir perpetrando su percepción errónea en cuanto al valor real del dinero.

En noveno lugar, el sueño, si se rompe, la desgracia es máxima, la caída al abismo, las lágrimas, el desgarro, la desilusión, la vida normal se confirma como el fracaso del sueño, de alguna manera se le da sentido. Si se cumple, la pérdida del origen, la verdadera realidad del asunto, el trabajo diario, la fugacidad.

En décimo lugar, la cita, "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados." (El club de la lucha de Chuck Palahniuk).

miércoles, 4 de agosto de 2010

Capítulo 22: La manzana envenenada



De inicio quiero dejar claro, que todo lo que contiene este artículo no hace referencia a ninguna marca ni producto concreto, cualquier asociación será una apreciación subjetiva del propio lector.

Cada vez es más habitual que se repita el ritual, aparece un Gadget nuevo (Un gadget es un dispositivo que tiene un propósito y una función específica, generalmente de pequeñas proporciones, práctico y a la vez novedoso.) y podemos ver las largas colas de gente (a veces incluso esperando largas horas o pernoctando, me pregunto si harían lo mismo para, por ejemplo, conseguir un trabajo) ansiosa de adquirir este nuevo producto a cualquier precio, una carrera hacia la posesión de la novedad, del último modelo, una manera de estar a última, de tener algo que enseñar, algo que contar. 

Las compañías a través de su marketing nos crean la sensación de necesidad de su producto, la obligatoriedad de su compra y para ello, todo vale, exagerar las características con frases que se graben en la mente, porque cualquiera sabe que unas características listadas no van a seducir a nadie, explicación de características existentes como nuevas, acercando de alguna manera a los usuario menos expertos las tecnología que aunque hasta ahora ya se aplicaba, ellos desconocían.

Pero aquí el factor importante no reside en ese marketing, porque entre otras cosas es una consecuencia natural de una empresa que tiene un negocio que consiste en vender un producto, el problema, al menos desde mi punto de vista está en lo social. Porque vale, todos somos caprichosos en mayor o menor medida (el grado depende de aparte de la personalidad, el entorno social y de la educación recibida principalmente), pero también debemos de ser honestos con nosotros mismos, y preguntarnos si realmente nos lanzamos cuales hordas de zombis hacia la nueva carne fresca, sin pensar realmente si por un lado nos hace falta y por otro si no estamos exagerando nuestras necesidades para justificar  la compra.

Los gadgets se prestan perfectamente a estas prácticas mercantiles, ya que son productos fácilmente rediseñables y mejorables a cuentagotas (las empresas van aplicando las tecnologías a sus productos con un ritmo lento y tardío para mantener el modelo de marketing) y nosotros por supuesto respondemos a sus expectativas, incluso superándolas en la mayoría de los casos.

Estas prácticas y nuestra respuesta consumista, hacen dar un poder infinito a ciertas compañías, que usan (como no) en su beneficio, creando encubiertamente monopolios con ciertos productos, porque no siempre vende lo que es mejor, si no lo que se publicita mejor. Marketing y consumismo, gasolina y fuego.

La situación ideal para nuestra economía, desarrollo y para frenar estas prácticas reside en nuestro poder como consumidores, y no el responder cual robot programado a las campañas de publicidad. 

Imagina que un día decides montar una empresa sobre algún producto. Imagina que todo empieza en un garaje, empeñando todo lo que tienes para poder empezar, que te limitas a un producto en concreto, básico, pero bien acabado, te desligas de la ideología clásica de las grandes empresas, te desmarcas de ellas, tu eres un líder de compañía atípico, con pintas de andar por casa, con mentalidad abierta. Los millones empiezan a engordar tu cuenta corriente y de pronto y seguramente casi sin quererlo te conviertes en aquello que siempre criticaste, hasta el punto de querer imponer encubiertamente tu propio monopolio, como decía la mítica frase, “no es nada personal, son solo negocios”.

lunes, 26 de abril de 2010

Capítulo 15: Filosofía del marketing



El marketing es el arte o la ciencia de infundir una necesidad hipotética a unos posibles consumidores, apoyándose en un discurso que se crea al mismo tiempo y que se utiliza como medio de justificación para vender un producto en cuestión.

En resumidas cuentas, a partir de una necesidad, generalmente ficticia, hacer todo tipo de artimañas necesarias para que la parte creadora de este marketing consiga su objetivo y que la “presa” no solo se quede satisfecha si no que haga aquello para lo que fue ideada la campaña de marketing. Como una especie de truco de magia, hay que sorprenderse y además quedar satisfecho, pero la víctima no puede ver dónde está el truco. Llamaremos entonces magos a aquellos que son capaces de conseguir perpetuar sus artes a través del marketing.

Vivimos en una sociedad rodeada de marketing. Necesitamos el marketing, somos adictos al marketing y es que, ¿Qué sería de nosotros si no nos crearan necesidades ficticias? ¿Podríamos vivir solo con necesidades reales? ¿Tendríamos todo lo que tenemos en nuestras casas sin la ayuda del marketing? EL marketing es nuestra religión encubierta. La necesidad ficticia de tener cosas en propiedad, de vivir la forma de vida que alguien inventó una vez, de seguir el modelo.

Pero no penséis en el marketing como una herramienta que solo sirve para colocar cosas tangibles en nuestros armarios o en nuestras habitaciones, también existe el marketing social o el marketing laboral entre otros. Las apariencias por encima de todo, la necesidad de crear un papel y de desarrollarlo, de crear fingidas necesidades afectivas, fingidas necesidades a tu empresa sobre tu puesto de trabajo, para vender nuestro mejor producto, nosotros.

Nos pasamos la vida entera haciendo marketing de nosotros mismos, por eso, nadie es más desconocido que uno para uno mismo. La idealización de nuestra figura, la verdad suprema en nuestra palabra, los cánones correctos en nuestras acciones, las verdades sagradas de nuestros pensamientos.

Hemos aceptado la filosofía del marketing en todas las facetas de nuestra vida como la única forma de actuar, como la única forma de conseguir cosas, como la única forma de vivir. Necesidades ficticias, personajes ficticios, apariencias, humo, mentiras. Porque una buena campaña de marketing puedes conseguir cualquier cosa, que compremos cualquier cosa, que seamos cualquier cosa, que consigamos cualquier trabajo, que cualquiera piense de nosotros aquello que nos apetezca.

El marketing ha hecho que exista una distancia preocupante entre la realidad de nuestras necesidades y las verdaderas capacidades de las personas con respecto a las mismas características creadas a través del marketing. Esto crea un vacío anímico generalizado, frustración, una brecha constante en la economía, en la productividad general en las empresas, relaciones superfluas, ansiedad o depresión.
Porque ahora ya no se trata de tener buenos trucos, si no de simplemente parecer un buen mago.