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lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 58: Corrupción como animal de compañía






Creo que estamos teniendo casos de corrupción por encima de nuestras posibilidades y cuando hablo de posibilidades, hablo de economía y de sociedad.

Analizando el asunto, en plena crisis, los políticos suman más de 300 casos de corrupción. Exacto, con la que está cayendo, con toda la precariedad laboral, los recortes, las subidas de impuestos y otros despropósitos que llevamos padeciendo especialmente los últimos años y que me da a mí que vamos a padecer durante muchos, muchos años, muchos más de los que predicen estos mismos que no paran de meter la mano en la saco.

Pero dando un paso atrás en el tiempo, uno se pregunta, ¿acaso todos estos casos de corrupción son cosa de la crisis?, es evidente que no,  pero antes de la crisis eran otros tiempos, el que más y el que menos tenía un trabajo, una hipoteca y un préstamo en marcha que le hacía no mirar demasiado a los lados, y nadie se preocupaba, de hecho, en algunas conversaciones de la calle (basadas en hechos reales), he llegado a escuchar barbaridades como que si ellos estuvieran en el poder harían lo mismo (¿Eso significa que tenemos los políticos que merecemos?) , que de alguna manera es entendible que se pueda trincar siempre y cuando todo el mundo esté contento, e incluso, clasificar a algunos de los más grandes mangantes desenmascarados en los últimos tiempos como personas de lo más astutas, con un comportamiento digno de admirar, esta parte júzguenla ustedes mismos porque a mí me faltaría espacio en este artículo.

La cantidad y continuidad de casos nos ha llevado de la indignación inicial a de una manera enfermiza verlo como algo de lo más natural, inherente a nuestro país y a la clase política.

Nos sentimos estafados con la democracia, con el negocio descarado en el que se ha convertido la política y el poder, o más bien, asumiendo que siempre ha existido a la falta de escrúpulos y al descaro, dadas las circunstancias.

Vemos de lo más normal que un político diga o haga, incluso aunque sea poniendo en peligro nuestro futuro y nuestro dinero, cualquier barbaridad, nosotros a cambio, comentamos la jugada con desánimo,  bromeamos o lo sacamos a la palestra en las redes sociales, incluso podemos llegar a recabar firmas o mostrar nuestra desaprobación en masa, pero ahí siguen, en su butaca del senado o no, porque la mayoría de veces siquiera se dignan a asistir, o si lo hacen se ponen a jugar a juegos o perder el tiempo con los aparatos caros que se auto regalan y designan como  necesarios con nuestro dinero, todo eso mientras a nosotros el agua nos llega casi a la nariz y tenemos que levantar la cabeza hacia el cielo para poder respirar, cuando ya notamos los calambres en piernas y brazos mientras intentamos nadar a contracorriente con una mar enfurecida y alta, con un ejército de cuerpos de ahogados a nuestros alrededor,  mientras  luchamos por sobrevivir en ese ambiente tan hostil, ellos se ríen de nosotros, y ni siquiera tienen la decencia de hacerlo a nuestras espaldas, destruyendo el estado del bienestar, atentando contra nuestra integridad como personas, insultando nuestra inteligencia, desvirtuándonos como sociedad, mangoneando nuestra paciencia.

Creo que a fin de cuentas, somos muy malos empresarios, porque a todos estos tipos, no solo los elegimos nosotros sino que les pagamos nosotros, y aun así no exigimos que tengan un buen currículo ni que sean eficientes y honorables haciendo el trabajo para el que se les paga, espero que algún día todo esto se cambie para protegernos a todos nosotros como empresarios, inversores y accionistas de nuestro propio país, para no seguir sufriendo estos abusos, estas insubordinaciones y ser presa de los despropósitos de nuestros propios empleados.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Capítulo 54: El guardián entre el cemento



En un lugar aciago, conocí a un hombre de cuyo nombre no puedo acordarme, portaba ropa de trabajo desgastada, manos encallecidas y un pelo descuidado que asomaba bajo una vieja gorra.

No recuerdo qué situación me llevó a participar como oyente de la conversación que inició con alguien de mí alrededor, pero, sin comerlo ni beberlo, iba a ser partícipe de un ejercicio de lógica, aplicada con una sencillez pasmosa.

La conversación empezó tanteando temas alrededor de la situación de crisis actual,  hasta que llegado el momento, toda se recondujo hacia lo que un día fue un pilar, y ahora había dilapidado la economía de nuestro país; el ladrillo. Habló de la compra compulsiva, de los préstamos otorgados indiscriminadamente, del ansia de posesión, de la avaricia de la banca, de la construcción incontrolada, de cheques debajo de la mesa, de comisiones, de terrenos recalificados, de falta de ética, de falta de control por parte del gobierno, y por supuesto, de burbuja, para finalmente hablar de agujas.

Una vez planteados los diferentes problemas y las diferentes consecuencias, se atrevió a proponer o al menos enunciar la posible solución a este problema, su planteamiento era bastante sencillo, si todo esto había llevado a los bancos a la ruina , después de mucho tiempo ganando mucho dinero se atrevió a aclarar, y ahora por su propia codicia habían caído, como empresa privada que son y teniendo en su poder una gran cantidad de pisos y construcciones varias, la solución pasa, como en cualquier empresa de vecino, en vender sus activos para pagar a los empleados, en este caso, saldar las cuentas con la gente que tiene dinero depositado en sus arcas, y cerrar la empresa por quiebra, al fin y al cabo, este es el juego de los negocios y las reglas tienen que regir para todos por igual, sino, no tiene sentido. Eso sin mencionar el aviso a navegantes que supondría para el resto de especuladores de la misma calaña.

Dicho todo esto, aclaró que cuando algo no se rige a las normas establecidas es porque existen intereses ocultos o inconfesables.

En ese momento estuve a punto a arrancarme a aplaudir pero me contuve, me alejé, por circunstancias, llegada la conversación a ese punto, pero me dejó pensando que ese hombre desaliñado y de lo más humilde, había hablado y analizado con más clarividencia un asunto de estado mejor de lo que hasta ahora he oído y leído a cualquiera de a los que pagamos para ello.

viernes, 13 de abril de 2012

Capítulo 51: Redes marketinianas



Estoy obteniendo nuevas lecturas a día de hoy acerca de las redes sociales, lo sé, he escrito antes sobre ellas y no es mi intención volver a hacerlo, al menos no en el sentido que ya lo hice, que era en el entorno más social del asunto sino más bien acerca del gran carácter económico/comercial que supone.

Que el fundador de una de ellas se siente a la derecha del presidente de los Estados Unidos es solo una pista de lo que vengo a referirme,  y es que, las redes sociales no sirven solo como escenario con telón rojo donde cada uno puede hacer, exponer o copiar/pegar lo que quiera, el asunto, queridos conciudadanos va más allá, resulta que desde hace tiempo hay un cierto interés por parte de las empresas/marcas/productos en sumar seguidores, fans, aduladores o como quieran llamarle,  es decir, tú declaras  pacíficamente tu simpatía sobre algo, esto que puede parecer un gesto de personalidad, se acaba convirtiendo en un dato de mercado de marketing de valor incalculable, de manera que con los datos que proporcionamos a las redes sociales,  sabiendo hacer la lectura adecuada e indexando hábilmente se puede obtener un macro estudio de mercado, que arrojará más datos sobre nosotros de los que seguramente conozcan y nunca conocerán nuestros progenitores.

Hasta ahora el asunto era sutil, al menos para ojos poco entrenados, hacer un concurso entre la gente que se haga fan/adorador de algo/alguien, o “invitándote” a que sigas a una inmensa mayoría que ya ha mostrado su interés abiertamente.

Es sencillo, donde nosotros vemos la etiqueta social, la comunicación, la información personal indiscreta, el compartir cosas mientras todos vamos de la mano, ellos ven información útil para planificar estratégicas de marketing y colocarnos productos o servicios, si puede ser de forma personalizada mejor, de alguna manera, seguimos siendo audiencia.

El marketing más sencillo, saber qué gusta, que queremos, que pensamos, y rociarnos con campañas encubiertas de marketing, como lo último que está apareciendo, famosos que usan sus perfiles en redes sociales, que la mayoría de   veces   administran     sus representantes, editoras, abogados, marcas, etc. que le pagan usándolos para bombardear con publicidad gratuita, sin coste, con el amparo de la ley y con efectos más que deseados.

En fin, no me queda más que recomendarles que se declaren zombi-seguidores de este humilde blog en las redes sociales para que mañana pueda venderles el calefactor que necesitan, o ese móvil de última generación con el que sueñan….

jueves, 19 de enero de 2012

Capítulo 49: La trama Gürtel




Me llama poderosamente la atención que el caso Gürtel no haya tenido la repercusión a razón de los escándalos que encierra.

A través de la denuncia ante la Fiscalía anticorrupción de un ex concejal del partido popular (hoy el partido que gobierna España), y aportando unas grabaciones, conocemos que un conglomerado de empresas se nutría de fondos públicos, así como recibía ciertos favores, especialmente de algunos ayuntamientos y comunidades autónomas, mediante sobornos a funcionarios y autoridades públicas.

El conglomerado de empresas implicadas (23 en total) eran dirigidas por un tal Francisco Correa y otros socios (secuaces, entre ellos el afamado Álvaro Pérez apodado "El Bigotes"), aunque siempre se creyó que Correa era el cerebro central de toda la trama.

Hasta aquí, esto parece una historia sacada de una película de Scorsese o de alguna serie de la BDO.
El añadido, es que este grupo empresarial, tenía en nómina a muchos políticos del partido popular, incluso les organizaba los eventos públicos, se habla incluso de indicios sobre una financiación irregular del partido, esto lo convierte en un escándalo político de gran magnitud y de lo que se ha conseguido que apenas se hable, ya que entre otras cosas, la gente de este país considera bastante normal que su clase política se llenen los bolsillos mediante métodos de dudosa legalidad, aunque luego nos pidan a todos un esfuerzo para ahorrar, para volver a llenar las arcas que ellos mismos vaciaron.

Y luego está el tema del señor Garzón, aunque espero un día dedicarle un post solo para él, os resumiré que se trata de un juez que ha sido capaz de luchar activamente con organizaciones terroristas, dictadores y otras causas en las que nadie quiere meter mano ni verse implicado.

Fue el juez encargado de este caso, pero fue apartado del caso porque supuestamente algunas de las escuchas aportadas se obtuvieron de forma ilegal, de juzgado de guardia vaya, más si cabe cuando toda la atención se ha focalizado en este detalle insignificante para desviar la atención de todo el escándalo desentramado, el fin, debería haber justificado los medios en cualquier caso.

El resto de la historia ya la conocéis, la mayoría de las causas archivadas, algunos declarados inocentes, y el resto tapados como noticias secundarias por la prensa. El juez Garzón por su parte, apartado del caso, y más tarde suspendido cautelarmente por querer desentramar los crímenes de la represión franquista. (El juicio se abrió tras admitir a trámite una querella presentada por la organización de ultraderecha Falange Española de las JONS y por la también sindicada frecuentemente como ultraderechista Manos Limpias).

Ni el Don Vito Corleone original lo hubiese hecho mejor. (Francisco Correa pidió a su empleado figurar en los asientos contables del dinero supuestamente relacionado con este asunto, la llamada "caja B" como "Don Vito, como el de la película" (refiriéndose a Don Vito Corleone, personaje interpretado por Marlon Brando en El Padrino).

lunes, 3 de octubre de 2011

Capítulo 45: El estado del bienestar




Según la Wikipedia: “Monopoly es un juego de mesa de bienes raíces, hoy en día producido por la empresa estadounidense de accionistas Hasbro de Rhode Island. Monopoly es uno de los juegos de mesa comerciales más vendidos del mundo.

Como el nombre sugiere, el objetivo del juego es hacer un monopolio de oferta, poseyendo todas las propiedades inmuebles que aparecen en el juego. Los jugadores mueven sus respectivas fichas por turnos en sentido horario alrededor de un tablero, basándose en la puntuación de los dados, y caen en propiedades que pueden comprar de un banco imaginario, o dejar que el banco las subaste en caso de no ser compradas. Si las propiedades en las que caen ya tienen dueños, los dueños pueden cobrar alquileres o quien caiga podrá comprárselas.”

Lo sé, leyendo esto estáis pensando en otro juego mucho más real, del que sin querer somos todos partícipes, nos movemos por el tablero, con el dinero/educación que nuestros padres nos han dejado de su partida anterior y nos alientan para comprar una propiedad, seguir en el juego, intentando hacernos creer que es la única manera de jugar la partida. La mecánica impuesta es sencilla, no tienes posibilidades de ganar la partida si no dispones de una propiedad, si no compras, no estarás en el tablero.

El problema es que aquí la banca no es un ente imaginario neutro, se trata de entidades reales, con intereses propios, detrás de la cuales existen personas que reciben beneficio. Como en el juego de mesa, la banca nunca pierde, si es necesario se crean nuevos paquetes de billetes para que el juego continúe, pero, aunque se diese el hipotético caso de que obtengáis muchos inmuebles, y creáis que tenéis posibilidades de ganar la partida, todo acabará tarde o temprano y todas las fichas y todos los billetes puestos en circulación volverán a la caja, y otra partida empezará.

Atrapados en un tablero sin salida, parece todo tan normal que casi nos hemos acostumbrado, la inmersión como opiáceo, todo está lleno de jugadores, todos aspiramos a sentirnos realizados como una ficha que juega una partida de manera astuta, pero entonces algo va mal, la banca se cansa de jugadores que no aportan nada al tablero, y decide retirar fichas y restringir los pequeños billetes, es entonces cuando salimos de nuestro ensimismamiento y empezamos a pensar que todo esto es un juego, un juego en el que alguien siempre gana y otros muchos siempre pierden, en que las reglas se cambian al antojo de la banca, los dueños del tablero, en el que solo resultamos ser simples fichas de plástico.

Teniendo dinero de papel, propiedades volátiles, el azar de los números y unas reglas en juego, solo queda algo de nuestra mano, elegir democráticamente que ficha queremos ser.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Capítulo 44: Monopoly



Según la Wikipedia: “Monopoly es un juego de mesa de bienes raíces, hoy en día producido por la empresa estadounidense de accionistas Hasbro de Rhode Island. Monopoly es uno de los juegos de mesa comerciales más vendidos del mundo.

Como el nombre sugiere, el objetivo del juego es hacer un monopolio de oferta, poseyendo todas las propiedades inmuebles que aparecen en el juego. Los jugadores mueven sus respectivas fichas por turnos en sentido horario alrededor de un tablero, basándose en la puntuación de los dados, y caen en propiedades que pueden comprar de un banco imaginario, o dejar que el banco las subaste en caso de no ser compradas. Si las propiedades en las que caen ya tienen dueños, los dueños pueden cobrar alquileres o quien caiga podrá comprárselas.”

Lo sé, leyendo esto estáis pensando en otro juego mucho más real, del que sin querer somos todos partícipes, nos movemos por el tablero, con el dinero/educación que nuestros padres nos han dejado de su partida anterior y nos alientan para comprar una propiedad, seguir en el juego, intentando hacernos creer que es la única manera de jugar la partida. La mecánica impuesta es sencilla, no tienes posibilidades de ganar la partida si no dispones de una propiedad, si no compras, no estarás en el tablero.

El problema es que aquí la banca no es un ente imaginario neutro, se trata de entidades reales, con intereses propios, detrás de la cuales existen personas que reciben beneficio. Como en el juego de mesa, la banca nunca pierde, si es necesario se crean nuevos paquetes de billetes para que el juego continúe, pero, aunque se diese el hipotético caso de que obtengáis muchos inmuebles, y creáis que tenéis posibilidades de ganar la partida, todo acabará tarde o temprano y todas las fichas y todos los billetes puestos en circulación volverán a la caja, y otra partida empezará.

Atrapados en un tablero sin salida, parece todo tan normal que casi nos hemos acostumbrado, la inmersión como opiáceo, todo está lleno de jugadores, todos aspiramos a sentirnos realizados como una ficha que juega una partida de manera astuta, pero entonces algo va mal, la banca se cansa de jugadores que no aportan nada al tablero, y decide retirar fichas y restringir los pequeños billetes, es entonces cuando salimos de nuestro ensimismamiento y empezamos a pensar que todo esto es un juego, un juego en el que alguien siempre gana y otros muchos siempre pierden, en que las reglas se cambian al antojo de la banca, los dueños del tablero, en el que solo resultamos ser simples fichas de plástico.

Teniendo dinero de papel, propiedades volátiles, el azar de los números y unas reglas en juego, solo queda algo de nuestra mano, elegir democráticamente que ficha queremos ser.

miércoles, 6 de julio de 2011

Capítulo 43: La tierra prometida



Imagina que eres cualquier persona de un país desarrollado, si quieres, incluso que perteneces a la clase más humilde, la vida no te da para caprichos, pero tienes lo suficiente para comer algo cada día, poder lavarte y disfrutar de un entorno moderno a todos los niveles.

Imagina que hay un embarazo de por medio, seguramente quieres lo mejor para ese hijo que estás esperando, sabes que vas a tener que luchar por él y tienes inseguridades naturales creadas de lo que la nueva situación te puede plantear, pero incluso con todo eso, no llegas a temer por su vida, sabes que mejor o peor, estando a este lado de la orilla, tu hijo tendrá las necesidades básicas mínimamente cubiertas, también sabes que los peligros que le pueden acechar son abundantes, pero que raramente atentará contra su vida, pero aun así, todo esto es complicado.

Imagina que cambiamos el marco; Tu vida, la de tu familia, y la de tus futuros hijos es amenazada por enfermedades de fácil contagio, la política está cubierta con una dictadura descarada, que por si fuera poco con las enfermedades, el caos, la violencia y la corrupción hace que el peso de la vida de una persona sea nulo, que el baile de balas sea algo cotidiano y no una tragedia esporádica, que las violaciones existen como una forma de sexo y no como una aberración, que no hay forma de conseguir pan que no sea mendigando ni otra forma de asearse que no sea ir a un río, pero que tienes la mala suerte de vivir en una zona árida. Imagina que tu futuro no promete nada diferente a esto.

Es entonces cuando no paras de pensar en una tierra prometida, aquella donde la peor oportunidad es el mejor de los sueños de donde estás. 

Y es entonces cuando lo decides, no lo piensas, simplemente dejas actuar a tu sentido de supervivencia, y te decides a invertir todos los ahorros que hayas podido hacer para embarcar en una nuez y poder así surcar el mar intentando alcanzar la supervivencia, conoces los peligros, pero tu situación es tan desesperada que decides arriesgarlo todo, incluso a tu hijo, porque consideras que es mejor morir en el intento que seguir viviendo en un sitio así, imagina que todo esto es real, que lo que a ti te podría parecer un mal sueño, para otros es una triste, dura e inaguantable realidad, solo por el hecho de haber nacido en otro lugar, en unas tierras que son auténticas minas de explotación para unos pocos codiciosos, donde no hay nada regulado, ni donde nadie quiere ir a regular, los intereses siguen siendo grandes, un coto privado de pruebas para las empresas farmacéuticas entre otras barbaries, una película que todos conocemos y que seguimos mirando como si de una ficción se tratase.

viernes, 14 de enero de 2011

Capítulo 37: Obsolescencia programada



Se denomina obsolescencia programada a la planificación de la vida útil principalmente de productos de consumo, de manera que queden inservibles u obsoletos, tras un periodo de tiempo previamente calculado por las compañías.

En la década de los años veinte, con el crecimiento de la producción masiva gracias a la industrialización, las compañías vieron que no resultaba rentable vender productos duraderos ya que las ventas, como la producción, no podían mantener un ritmo continuo. Varios episodios después (la mayoría a día de hoy documentados) dieron pie a sopesar la posibilidad de crear productos de inferior calidad con la idea de que estos tuvieran una vida útil menor y por tanto el usuario se viera obligado a repararlo o preferiblemente para ellos, comprar uno nuevo, ya sea exactamente igual, o la nueva versión del producto que hubiese por entonces en el mercado. 

Este modelo creó una economía dinámica, y un mercado en constante crecimiento, donde siempre hay necesidad de la continua producción de los productos ya existentes y de creación de nuevos que supongan un incentivo más para el usuario de comprar un producto que ya posee, para una necesidad que no tiene.

Estas prácticas han hecho que el individuo no se pregunte sus necesidades, sino más bien simplemente satisfaga sus caprichos más innecesarios.

Aunque la mayoría de personas intuyen estas prácticas no hay una queja mayoritaria, aceptamos esta corta vida de nuestras adquisiciones como algo natural y lo aceptamos sin mayor problema.

Pero toda esta inercia que nos muestra una falsa economía creciente, hará que tarde o temprano caigamos en una brecha, y es que ya no es solo que ecológicamente resulte inviable este modelo, ya que desechamos toneladas de material así como consumimos demasiadas materias primas del planeta, un ritmo ecológicamente insostenible, de hecho para empeorar aún más el asunto, los residuos se envían a países pobres que siquiera tienen maquinaria para reciclarlos, ya que el reciclaje resulta demasiado caro para las compañías que ganan millones de dólares produciendo, además, el modelo económico fruto de estas prácticas, con la ayuda de los créditos, hace que, de alguna manera, persigamos continuamente unas metas sin valor, que nos creemos necesidades virtuales y que dediquemos todo nuestro esfuerzo a conseguir bienes perecederos que realmente no necesitamos.

Todo esto orquestado por todos aquellos empresarios sin escrúpulos (con el beneplácito de los gobiernos por supuesto), avariciosos que no entienden que el fin será para todos, egoístas que no entienden que el mundo económicamente es como un conjunto de bañeras, con un agua en común, si llenamos una bañera más, otra quedará vacía, la lucha de los gobiernos tendría que ser intentar igualar estas bañeras para que tengan la misma agua, no fomentar la desigualdad y los intereses personales, el problema es que ellos mismos, egoístas y avariciosos igualmente miran por su futuro y su cartera sin importarle nada más.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 25: África



Para cualquier ciudadano de un país “desarrollado” (el entrecomillado es ironía pura), el continente africano es una especie de limbo, donde viven otros humanos olvidados, a los que siempre podemos acudir para limpiar nuestra conciencia o usarlo como ejemplo extremo de muchos conceptos, como la diferencia en la calidad de vida, la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, etc. Tenemos la imagen grabada a fuego, de esos niños rodeados de tierra y chabolas, que miran ensimismados, semidesnudos, con una aureola de moscas. Siempre los usamos como ejemplo, y desde pequeños aprendemos a que hay una “gran promesa” por ayudarlos de alguna manera.

Pero como con la mayoría de estos temas, las imágenes, las historias que les rodean y los datos han llegado a formar parte de nuestras vidas, creándonos una sensación de familiaridad y eso nos ha hecho perder la conciencia, o difuminar la importancia de los graves problemas que les atañen a los africanos.
Hace poco leí en un periódico una entrevista a un activista que ha estado muchos años en África y me resultó curioso que hace mucho hincapié en que la mejor manera de ayudar a este continente era no aportando comida, ni dinero. La explicación es bien sencilla, el dar comida o dinero no hace otra cosa que atajar el problema día a día, con un esfuerzo titánico por parte de la comunidad exterior, por tanto es dependiente de la voluntad de gente ajena al continente y por otro lado, da pie a una serie de comportamientos fraudulentos por parte de los intermediaros de hacer llegar esta ayuda a esta gente (si es que finalmente llega). Está claro que el modelo no es sostenible, y que no les soluciona el problema a la población africana, sino que solamente lo aplaza y lo perpetúa en el tiempo.

Por tanto, ¿Cuál es entonces la solución para que este continente empiece a salir adelante?,  crearles unos sistemas que le permitan ganarse la vida por ellos mismos sería un buen comienzo, ya sea enseñándoles a cultivar, a fabricar diferentes productos, ayudándoles así a mantener un sistema que consiga su autosuficiencia. Eso acabará con el problema. Otras medidas podrían ayudarles, como por ejemplo y como planteaba el entrevistado, bajando los precios de exportación y venta de los productos africanos para que sean competitivos en el mercado y de esta manera, adentrarlos en el mercado internacional en pos del resurgir de su economía y de su sostenibilidad.

Pero parece que todo esto no interesa, por un lado porque a nivel moral, es más valido mantener el limbo de pobreza, para tener a donde mirar en caso de que a nosotros nos vayan las cosas mal, para compadecernos, dejarlo como pulmón del resto del mundo urbanizado y por otro lado porque existen intereses económicos muy importantes, tanto con el caso de “malversación” de la ayuda internacional, como laboratorio humano para las farmacéuticas, como empresas que encuentran mano de obra barata y un largo etc.

Hay una cosa que me llama mucho la atención, en el continente, a nivel político y sobre todo en las zonas más pobres (la mayoría), existen dictaduras muy severas (la mayoría disfrazadas de democracia), que prácticamente responden a las apetencias de un gobernador corrupto (léase grupo armado y organizado), también existe falta de gobierno, de leyes, etc.. Con todo esto, me pregunto, ¿por qué nadie se preocupa de que estos países tengan un gobierno democrático que respete los derechos humanos como se ha hecho (intentado) con otros países?, la respuesta como estáis imaginando es sencilla, porque no han encontrado grandes cantidades de petróleo u otros intereses económicos importantes que explotar, miento, sí que existen algunos, como por ejemplo, los diamantes, pero esos ya se lo están quitando sin necesidad de empezar una “guerra contra el terror”.

jueves, 19 de agosto de 2010

Capítulo 24: El verdadero precio



Hay una anécdota curiosa sobre mi nacimiento. Mi madre no supo cuál era mi sexo hasta el mismo día que nací, algo que no resultó ser muy buena idea, ya que tenía dos hijos varones por entonces, y su ilusión era tener una niña. Cuando me dio a luz, se quedó algo descontenta con que yo fuera otro varón más. Al parecer este sentimiento irónico le hizo a alguien confundirse y una pareja muy adinerada y sin hijos se interesó por mí con la intención de adoptarme. Mi abuela y segunda madre, actuó rápidamente y zanjo el tema con una sola frase: “Aunque tuviéramos cien, no daríamos a ninguno”.

Algunas veces he bromeado con este tema, con la posibilidad de haberme criado en una casa diferente con un nivel de vida muy diferente. Por suerte para mí, me crié en mi verdadera familia, una familia humilde y honrada. Para que os hagáis una idea, durante mi estancia en mi casa familiar, nunca he ido de vacaciones, los únicos restaurantes que he pisado han sido para una boda, bautizo o acontecimiento similar, hemos ido rotando la ropa entre hermanos e incluso hemos colaborado trabajando cuando incluso estábamos en el instituto para ayudar a la economía familiar.

Todo este esfuerzo no ha sido en vano, me ha servido de mucho, para tener siempre presente el precio de las cosas, el trabajo que cuesta ganar el dinero y lo poco que cuesta gastarlo. El conjunto de circunstancias, hacen que te vuelvas algo conservador con el dinero (que no avaro) y que cualquier gasto elevado te haga sentir mal aunque dispongas del dinero para realizarlo. Una extraña paradoja.
Pasé de vivir de un pueblo pequeño a una gran ciudad, y en este aspecto, el problema se agrava, porque si además de tener estas sensaciones intrínsecamente en tu cabeza, los precios de todo son mucho más elevados que los de tu origen, te hacen sentirte un derrochador hagas lo que hagas.

Por suerte, conocí a una persona que me ha ayudado mucho, a la que admiro profundamente y a la que quiero. Esta persona vivió una situación bastante similar a la mía en el pasado, eran otros tiempos, pero eran las mismas sensaciones. Me dio una lección sobre el precio de las cosas, su razonamiento era simple: Si compras una camisa barata, pero no te la pones nunca, la camisa acaba resultando cara. Por otro lado si compras unos pantalones caros pero que usas cada día, y el precio va a la zaga de su calidad, por lo que te duran más tiempo, esos pantalones resultan ser baratos. Otra forma de verlo, si compras algo que te gusta mucho, que te aporta felicidad y que realmente vas a usar sea lo que sea, siempre merecerá la pena, independientemente de lo que sea y lo que valga.

Comer con gente que quieres en un sitio bonito y céntrico es caro, pero la experiencia es impagable. Igualmente que un vuelo es más caro si se hace en una buena compañía en vuelo directo, es a priori más barato si se coge con escalas, desde aeropuertos secundarios. Pero nadie cuenta las incomodidades y gastos extras que eso reporta, son algunos ejemplos palpables de toda esa mentalidad.

No se trata de comprar lo más barato, ni lo más caro, sino de comprar lo mejor para ti, lo que mejor te sienta. Porque no todo se puede medir con el rasero de las cifras.

jueves, 24 de junio de 2010

Capítulo 20: Memoria histórica



Una de las grandes diferencias entre los perros y las personas no es otra que la percepción del tiempo. Los perros no disciernen entre pasado o futuro, no piensan en lo que pasó ayer o en lo que pasará mañana, solamente viven el presente. Los humanos por el contrario, siempre andamos marcados por nuestro pasado y condicionados por lo que queremos que sea nuestro futuro. Esto nos hace vivir un presente acotado, marcado por lo que pasó o lo que pasará.

Sabemos que somos el resultado de un gran número de hechos históricos, somos los representantes de la nueva era. Responsables del rumbo que toma la evolución. Es una suerte que podamos contar con las vivencias y las experiencias que otra gente ha tenido antes que nosotros, de manera individual, aprendemos de nuestros padres, profesores, tíos, abuelos y de cualquier persona que se cruza en nuestra vida desde que nacemos y que nos aporta alguna enseñanza, transmitida en la mayoría de casos a través de sus propias experiencias personales. Una especie de traspaso de experiencia, nuestro regalo como seres capaces de retener hechos temporales.

Llegados a este punto, nuestra felicidad sería completa si fuéramos seres que sobreviven y viven solos, pero no, vivimos en comunidad, en sociedad. Por esto, tenemos un sistema de leyes, un sistema económico, una red industrial, una labor que desempeñar, una estructura piramidal, un conjunto de sistemas entrelazados entre sí que intentan organizar los recursos y las personas del mundo de la manera más eficiente posible.

Para estos sistemas sociales, económicos, ideológicos y estructurales tenemos algo para saber si son factibles o no; La historia. Es nuestro listado de errores y éxitos, porque solo hace falta echar un vistazo atrás para darse cuenta de que no ha funcionado, cosas que no podemos pretender hacer funcionar ahora, porque la historia es nuestra vía para no tropezar dos veces en una misma piedra.
Tenemos que entender que muchos años y mucha gente antes que nosotros ya pensó la mayoría de cosas que se nos puedan ocurrir, que ya se probó órdenes sociales concretos que fracasaron estrepitosamente, igualmente con ideologías, sistemas económicos, etc.

El problema es que al menos a nivel de sociedad e ideológicamente parece que sufrimos una especie de alzhéimer donde apenas nos acordamos de los años en que nosotros hemos estado en este mundo o como mucho algunas décadas anteriores. No sé qué sentido tiene ser humano y tener una mente más desarrollada con noción del tiempo incluida para luego no sacar partido de esto, porque en materia de sociedad, de economía, de ideología, de educación, y un largo etc., contamos con sistemas con falta de sostenibilidad y eficacia, porque entre otras cosas no hemos sabido leer entre líneas de toda la historia que tenemos documentada, de los errores que ya cometieron nuestros ancestros en el pasado.

A nivel puramente ideológico hay más de uno que por los símbolos que porta o defiende, así como sus propias ideas de vida, debería también revisar la historia, para comprobar lo que realmente significa y darse cuenta que su existencia se basa en unas ideas caducadas, no por el tiempo, si no por su significado y eficacia.

viernes, 19 de febrero de 2010

Capítulo 6: Política de empresa



Desde la revolución empresarial, los entresijos de las compañías han evolucionado a pasos agigantados, fruto de una paralela revolución social y económica. Como resultado y después de muchos análisis, la política de empresa representa el principal pilar de la misma como base para su productividad.

Y es que casi todo el mundo entiende (a excepción de algunos directivos) que un trabajador motivado, contento y comprometido tiene un rendimiento mayor, repercutiendo en su propia productividad individual y por tanto a la productividad de la empresa.

Creo que el principal escollo con el que cuenta una buena política de empresa es con el exceso de jerarquización que sufren la mayoría de las compañías. Crear muchos puestos de responsabilidad supone por un lado que los problemas reales se escalen o se escurran constantemente entre los diferentes mandos, quedando siempre en “tierra de nadie”, enquistándose con el tiempo, la resolución por tanto de cualquier tipo de incidencia, se alarga y complica. Por otro lado, esto también hace que se difuminen los mensajes entre los diferentes estratos organizativos, se pierde comunicación y contacto, se acusa la falta de una figura de apoyo y gestión cercana, creando una sensación de desamparo y caos organizativo, disminuyendo la implicación y el compromiso de los rangos bajos e intermedios.

Algunas conclusiones de un estudio realizado por la empresa Tower Perrins sobre este tema son:
Los trabajadores también prefieren apostar por aquellas compañías en las que se valora el talento. “Quieren sentirse parte de una organización de ganadores, también es determinante el papel de los directivos y su habilidad para retener a la plantilla, entendiendo qué le motiva, inspirándole entusiasmo, tratándola con respeto y sinceridad, facilitándole oportunidades formativas e incentivando su rendimiento”. “Los empleados dicen no ver ni oír a sus líderes tanto como quisieran, ni perciben en ellos un interés auténtico por el futuro de la compañía, aspectos que valoran y les importan”, “Los trabajadores necesitan sentirse respaldados, dirigidos y ayudados por su jefe directo. El jefe representa la cara de la compañía para el empleado. De su gestión dependerá, en gran medida, que el empleado no se vaya”.

Aunque la mayoría de directivos piensen que el factor económico es vital para la relación entre la empresa y el trabajador, no es tan determinante, es un punto muy importante, pero no vital, el trabajador siempre quiere estar remunerado acorde con su trabajo y puesto de responsabilidad, pero no resulta un aspecto clave para permanecer o cambiar de trabajo, según explica el abogado y profesor Miquel Bonet, “a menudo las estrategias empresariales para retener empleados consisten en la mejora económica, pero esto es un error porque el hombre es animal de necesidades y, tan pronto como se satisface una, surge otra en su lugar”. 

Para el perfecto equilibrio, la empresa tiene que dejar atrás el concepto caduco del recorte de libertad, mecanismos de control sobre los empleados y la presión para exprimir su talento, así como centrar la relación laboral simplemente por el carácter económico como medidor de prosperidad de la salud de la misma, de hecho hoy día resulta clave la implicación del empleado con la empresa y esto se consigue con otros factores que la mayoría de trabajadores valoran por encima del sueldo. Según el estudio: ¿Qué es lo que mueve a un trabajador a elegir un empleo en detrimento de otro? La oportunidad de conseguir un adecuado equilibrio entre compensación, seguridad, conciliación personal y oportunidades de desarrollo. 

El problema es que las empresas no encuentran la manera de llevar a cabo estas políticas de manera efectiva, la mayoría ni siquiera lo intenta y mantiene la política del exprimidor, que aunque inicialmente consiguen mejores números a corto plazo, acaban mermando la moral del personal, su imagen como empresa y disminuyendo por tanto la calidad de sus servicios y su productividad. Igualmente las pocas empresas que lo intentan gastan dinero en medidas que hacen mucho ruido, pero que en ningún momento son consensuadas con los trabajadores ni consiguen sus objetivos, todo regido por un problema de base de comunicación, de cercanía con cada uno de los trabajadores que forman su cadena empresarial y una ambición económica ilógica, donde no cuentan con la inviabilidad que supone proponer aumentar desproporcionalmente los márgenes de beneficio cada año, porque resulta imposible crecer cada año, y mucho menos si descuidas la parte más importante de cualquier empresa, sus trabajadores.

Capítulo 2: Crisis financiera



A finales de 2007 se declaró una crisis financiera mundial que a día de hoy sigue afectando principalmente a los países desarrollados. Entre las causas de la misma se encuentran el aumento del precio de las materias primas, el petróleo alcanzó en 2008 su record histórico llegando a los 147$ el barril de crudo, los metales hicieron lo propio debido a la mayor demanda por parte de los países emergentes como India o China y por supuesto el precio de los alimentos se vio incrementado con record históricos.

Pero principalmente, la razón del comienzo en esta crisis no es otra que el estallar de la burbuja inmobiliaria en la economía más grande del mundo, la de EEUU. El crédito se empezó a usar con demasiada ligereza, tanta, que prácticamente cualquier persona podía conseguir uno, sin asegurarse la entidad bancaria antes, que podía hacerse cargo del mismo, ni tener en cuenta, que no aguantaría una mínima subida de los tipos variables.

Vivíamos en un estado de calma, de extrema bonanza, en el que nadie se preguntaba el por qué o el hasta donde llegaría, aquello era infinito, no se paraba de construir, un obrero podía llegar a ganar el doble que un licenciado, los trabajos menos cualificados relacionados con la construcción eran los mejor remunerados. Nos habíamos acostumbrado a los créditos para todo, desde una casa, a un coche e incluso una televisión, pero no sabíamos que la mayoría de los préstamos tienen una parte variable que depende de los tipos de interés, no lo sabíamos, o si lo sabíamos no quisimos oírlo. Ahora viene esta crisis, como daño colateral, para reestablecer la cordura, que los bienes se establezcan en un precio razonable.

Amparadas por la crisis y el revuelo social creado, las empresas deciden entonces que es el momento idóneo para llevar a cabo los temidos expedientes de regulación de trabajo (ERE), cosa que en tiempos de bonanza legalmente se las hubieran visto y deseado para llevar a cabo, pero ahora no, ahora todo está mal, ellos no sacan beneficio y tienen el amparo de la ley. Se vuelve a la fórmula del máximo rendimiento de la empresa con el mínimo personal y menor gasto, se ajustan los presupuestos.

El gobierno decide entonces inyectar dinero a los bancos, para que estos lo presten a su vez a los empresarios, preferiblemente, mediana y pequeña empresa (son realmente los que pagan el pato). Los bancos usan los fondos para sanear sus cuentas y llegar a sus objetivos, por ahora, se acabó eso de prestar.

En la mayoría de las empresas se "congelan" los sueldos, al menos para todos los trabajadores "rasos", por supuesto, amparándose en la crisis, cualquier medida de este tipo es aceptada y se implanta el terror entre los trabajadores, con la idea en el horizonte de que todo podría ser peor.

El dato es: "Las grandes compañías del país han logrado capear este turbio panorama y hoy, último día hábil para la presentación de resultados, ya es posible constatar que el año pasado obtuvieron las mayores ganancias de la historia corporativa española. Las cinco grandes ganaron 29.633 millones de euros, un 27% más que en el ejercicio anterior" (El periódico)."Las grandes corporaciones con sede en nuestro país han seguido teniendo beneficios multimillonarios. Ninguna ha perdido dinero por el momento. Pese a la aumento de la mora, la banca lleva ganados más de 10.000 millones de euros en seis meses " (ABC).

Será cierto aquello que dicen, que donde unos ven crisis, otros ven oportunidades....