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martes, 12 de marzo de 2013

Capítulo 59: Bájatelo de internet




Desde que su uso se abrió al gran público, internet ha estado siempre estigmatizada con la controversia de los contenidos gratis. Es sabido por todos que toda obra audiovisual, léase libro, película, música o videojuego por poner algunos ejemplos, se pueden conseguir de manera ilegal a través de la red. Esto es un hecho, al principio se inició como una cultura para proscritos informáticos hasta que hoy día se ha convertido y adaptado de la manera más sencilla posible para que cualquier hijo de vecino pueda hacer este uso ilegal de la red, violando copyright y derechos de autor por doquier.

Las abuelas y las madres nos decían que desconfiásemos de lo que nos ofrecen gratuitamente, porque bien sabían que detrás había alguna intención oscura, en el caso de internet, la intención oscura es que mientas que todo aquel que crea algo donde detrás hay un trabajo y un dinero invertido, otros se lucran simplemente ofreciéndolo de forma gratuita, eso nos deja situaciones curiosas, como un escritor malviviendo al lado del Kim Dotcom (antiguo dueño de megaupload que tras su cierre judicial decidió montar lo mismo con el nombre de Mega) con el único mérito de mover esta mercancía ilegal multimillonario sin haber creado ni aportado nada positivo, bajo mi punto de vista, a este mundo.
Otro ejemplo sería google, con su buscador, que indexa contenido y trabajo de otros para su propio beneficio, incluso presionando como lobby para debilitar en toda la medida posible el copyright. Podría poner otros tantos ejemplos, pero creo que el concepto queda claro.

Llegados a este punto hay gente que dice que todo lo obtenido en internet no es gratis, si no que pagan una cuota por tener internet en casa y que ese dinero le da derecho a todo el contenido obtenido ilegalmente que pueda cosechar, o lo que es lo mismo, decir que por pagar la luz de mi casa, tengo derecho a robar todas las lámparas que se me antoje. Una cosa es el acceso y otra cosa muy distinta es el contenido, creo.

En el otro extremo, es cierto que muchos contenidos se venden a un precio que resulta elevado, no en todos los casos ojo, pero en sí en muchos de ellos, entre otras razones porque hay otras industrias, estas más tangibles que las tecnológicas queriéndose llevar la mayor parte del pastel.

En cualquier caso y como punto de encuentro, tal y como evolucionan los contenidos, las conectividad, la tecnología y los propios consumidores, creo que sería una buena solución una especie de tarifa plana de cultura, es decir, pagar una cuota mensual o anual, con un precio justo, por un consumo legal de contenidos que sean variados y vayan variando con el tiempo, es una manera de que todas las partes estuviesen contentas, accesibilidad para el consumidor, tanto por la forma como por el precio y el tipo de servicio, beneficios para los creadores de todo tipo de contenido, de manera que se mantenga la retroalimentación entre ambas partes que lo haga sostenible y todo siempre al amparo de ley. Es un modelo que ya ha sido un gran éxito entre las empresas que han hecho  pruebas de  algo similar y sinceramente, creo que puede ser un modelo de consumo de cultura sostenible en el futuro más inmediato.

viernes, 1 de febrero de 2013

Capítulo 57: Epílogo de una vida



Cuando veo a una persona muy mayor por la calle vuelvo a fantasear con el cómo podría ser mi epílogo si consigo llegar a esa edad (que por otro lado, dudo seriamente).

Me imagino compartiendo autobús al lado de, prácticamente, recién llegados al mundo, compitiendo con ellos por un asiento, me imagino esas miradas a caballo entre el asco, la pena y el desdén, me imagino ese choque entre la paciencia infinita y la inmediatez, entre los valores sólidos y la falta de ellos, entre el saber estar y el humor más simple.

Porque normalmente, mientras vas viviendo y todas tus capacidades están intactas piensas que nunca llegará el declive, cualquier atisbo de madurez física o mental es vista como una amenaza por el adonis, que intenta alargar su periodo de reinado, como si solo en esas circunstancias, favorables e intactas, se pudiese conquistar la gloria, cuando esta está estrechamente más relacionada con las circunstancias externas que con las internas.

Me imagino con unos hijos demasiado ocupados para pasar un rato conmigo lo suficientemente largo para hablar de algo más que no sea que tiempo hace y otros entremeses típicos de cualquier conversación, demasiado ocupados para hacer siquiera una llamada, sin devolver ni una pequeña parte del tiempo que tú le dedicaste en su día, de todo el sacrificio que hiciste en tu propia vida a su favor, sin pensar en nada más que su propio presente como si un futuro, como el que tiene delante, arrugado, no fuese a llegar, como si sus hijos propios fueran mejor que ellos mismos cuando llegue su momento, como si los búmeran no volviesen.

Me imagino en la decrepitud final, con movilidad reducida, ver como aquellos que no tenían tiempo lo sacan para aparcarme en alguna residencia o algún sitio peor, rodeado de extraños, viendo como dependo de personas que no sabían de mí hasta el día de ayer, orinándome encima,  con las necesidades de un recién nacido, con la frustración de un cerebro de mi edad, la larga espera, la lenta marcha, despojado de todos los logros de mi vida, despojado de mi decencia, aferrado mentalmente a todo aquello que tuve y todo lo que fui, sin nadie que quiera escuchar todo lo que tengo que decir, porque seguramente todos quieren comprobarlo por ellos mismos y repetir una y otra vez el ciclo, repetir una y otra vez los mismos errores. Exiliado de mi propia vida, de mi propia casa, ambientado con olor de alcohol, talco y ambientador barato, rodeado de pañales, gasas, pastillas de diferentes colores suministradas en diferentes dosis, de desconocidos, de llantos, de lamentos, de bastones, sillas de ruedas y arrugas por doquier.

Dicen que es el ciclo de la vida, aunque más bien debería de llamarse el ciclo de la muerte, ese tiempo entre la espera y la oscuridad, despojados de todo lo que nos hacía ser nosotros mismos, lo que nos hacía sentirnos vivos y pertenecientes a este mundo, destinados a permanecer en un rincón sin molestar, sin nadie que quiera escuchar lo que tenemos que contar en nuestro epílogo, sin nadie que se quede a escuchar las conclusiones finales de nuestra vida. Desde luego, hay muchas formas de morir sin que tu corazón deje de latir, y este epílogo es, por desgracia, la más común y cruel de las maneras.

jueves, 25 de octubre de 2012

Capítulo 53: El juego de las sillas




Recuerdo un juego en el que nos hacían participar en clase de primaria, la mecánica era sencilla, sonaba una música mientras toda la clase danzaba alrededor de un grupo de sillas puestas en círculo, todo era felicidad y  risas mientras la música sonaba, pero cuando paraba, cada uno debía buscar con la mayor rapidez posible una silla en la que sentarse, la clave estaba en que había una silla menos, de manera que alguien quedaba eliminado para la siguiente ronda, luego se quitaba una silla, la música volvía a sonar y todo volvía a empezar. Con el paso de las rondas las miradas se volvían más desafiantes y los movimientos corporales se tornaban más toscos, mecánicos, cargados de intencionalidad, buscando claramente permanecer cerca de una de las sillas para no quedarse fuera.

En teoría el juego busca la estimulación sensorial, pero al final lo que consigue no es otra cosa que la competición más feroz, el egoísmo y la frustración.

Cuando te encontrabas ensimismado y moviéndote al compás, casi por inercia, la música paraba, y entonces ahí estabas en medio de todas las sillas ocupadas, con miradas de burla, te quedabas paralizado, y alguien te tocaba para apartarte, porque estabas eliminado, y otra ronda iba a comenzar.
No puedo dejar de pensar en esta imagen y hacer un paralelismo con el tema de estudios, desde hace décadas padres, profesores, gobiernos e incluso empresas, nos han contado que el camino a seguir para tener un buen futuro era prepararse, estudiar, cuanto más mejor, más posibilidades, mejor futuro, mayores oportunidades.

Con estas premisas, la mayoría de jóvenes, cada uno dentro de sus posibilidades se preparó, se sacrificó pensando en su futuro, fue bailando al son de la música sin preocuparse por las sillas, pero de pronto la música paró, y apenas quedaban sillas que ocupar.

Hablamos de gente que comparativamente hablando está mucho más preparada en todos los sentidos que cualquier político de turno, ahora sin música y a la deriva, buscan una oportunidad, aun conservando esa cara de incredulidad e indignación, buscando esa silla, preguntándose quien puso la música y donde están las sillas, preguntándose incluso quien inventó el juego.

Por si fuera poco, a toda esta gente ahora se le exige arreglar la situación, levantar algo que otros hundieron, lo que nadie se pregunta es quien va a levantar el ánimo y las esperanzas de toda esta gente, quién o qué va a arreglar todas esas ilusiones, ese trabajo sin recompensa.

Solo espero que cuando toda esta gente preparada tarde o temprano tome las riendas, no se limiten a poner una nueva canción sino que rompan con la hegemonía de las sillas, la música y el danzar sin sentido.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Capítulo 39: Japón



Japón ha sufrido en estos días una de sus mayores tragedias, un tremendo terremoto seguido por un tsunami tienen la culpa. No hay estadística que pueda calcular algo así ni suficiente tecnología para pronosticarlo, fenómenos naturales imprevisibles. El país nipón está acostumbrado a las sacudidas, tanto es así que sus infraestructuras, especialmente las de mayor envergadura tienen sistemas para aguantar terremotos haciendo que estas toleren cierto movimiento, el problema es que después de la gran sacudida, vino un tsunami, y el poder del agua ha arrasado con todo a su paso, las imágenes dejan a uno boquiabierto, por si fuera poco, la destrucción de algunas centrales nucleares ha sumado una crisis medioambiental y de salubridad debido a los altos niveles de radiación emitidos en muchas zonas del país. A esta crisis de contaminación nuclear se suma la energética y la económica entre otras, los muertos se cuentan por decenas de miles y la cifra no para de aumentar.

Con este apocalíptico escenario cualquiera perdería el juicio y las formas, de hecho en la mayoría de catástrofes la primera consecuencia son los saqueos, la violencia y el incivismo general, el individuo ve su vida y lo suyo en peligro y lleva al extremo sus acciones para sobrevivir, sin pensar en nadie más y sin importarle nada, como si dejasen de tener vigencia todas las leyes y todas las formas que nos identifican como una raza de seres razonables, el egoísmo en su máxima expresión.

Pero esto no está pasando en Japón, desde el primer momento que se empezó a repartir comida debido a la escasez, la gente guardaba con orden y calma la cola, sin alzar la voz, sin malos gestos, sin empujones. Tampoco se han dado saqueos, ni violencia, ni otros comportamientos irracionales, la sociedad nipona se ha mantenido preocupada pero ordenada, educada y con ánimo de salir adelante todos juntos, mostrando una actitud colaboradora para superar lo antes posible la catástrofe.

Una imagen que ha dado una lección al resto del mundo, un ejemplo a seguir, una actitud admirable, un espejo donde todas las sociedades del resto del mundo deberían mirarse.

Admiro a Japón por muchos aspectos, mucho de ellos relacionados con su sociedad, una educación desde temprana edad, que impregna a cada individuo de respeto, del concepto de unidad de grupo, civismo, la continua búsqueda espiritual y las formas sosegadas, creo que el respeto y la educación es el camino para una sociedad cohesionada y sólida y el modelo a seguir para una sociedad que quiera mirar al futuro.

Espero que salgan lo antes posible de esta catástrofe y consigan superar esta tragedia, desde aquí les mando todo el ánimo posible, así como reconozco mi total admiración por el gran ejemplo que están dando.

martes, 11 de enero de 2011

Capítulo 36: El sueño americano



América era un territorio libre donde vivían indígenas autóctonos, un buen día los europeos la descubrieron y tomaron la tierra, trayendo enfermedades, muerte, guerras y esclavitud.

América se convirtió en una tierra enorme virgen llena de bienes, donde los europeos encontraron una oportunidad de obtener riqueza y tierras, las emigración se hizo en masa, tanto es así que a día de hoy la población indígena originaria está prácticamente desaparecida, y América es una mezcla de culturas, que han evolucionado independientemente.

A principios de los años treinta empezó a acuñarse la expresión: “el sueño estadounidense”, el eslogan se usaba para atraer emigrantes a la nueva tierra, con la promesa de riquezas, donde la prosperidad de cada uno depende únicamente de su trabajo y donde no existen restricciones por razones de raza, sexo o religión, algo así como el edén para el ciudadano honrado.

Más tarde esto se transformaría en la expresión “la búsqueda del sueño americano”, como conseguir todo a través de tu trabajo empezando de la nada, la tierra de las libertades, la tierra de la prosperidad, la tierra de moda, la tierra de la tolerancia, la tierra del futuro.

Pero también es tierra de cine, y es a través de este, y la implantación del mismo en todas las salas del mundo al igual que en los hogares el que nos ha mostrado la cara más romántica de la idea, esas historias que nos hacen soñar a todos, con esa persona que se crea a sí misma, donde todo al final sale bien y la bandera ondea en primer plano. Esta publicidad subliminal constante a través del cine, así como otros medios y productos, hace que mitifiquemos todo lo relacionado con este país y creamos en la sociedad ideal que nos proyectan.

Pero en la práctica todas estas ideas no dejan de ser un sueño que no llega a mayores, por supuesto encontrarán varias historias que encajen en esta definición, pero no es la realidad de la mayoría, para la mayoría resulta una complicada selva, en la que es difícil hacerse un hueco, donde se ha deshumanizado casi todos los aspectos que les rodean, y donde a través de la tecnología y otros inventos no paran de alimentar esta deshumanización, un estado donde está al alcance de cualquiera comprar un arma, pero no se dispone de un sistema sanitario al alcance de todos, donde existe la pena de muerte en muchos de sus estados, donde la convivencia entre razas y religiones da pie a la formación de guetos y diferentes episodios violentos que no hacen otra cosa que fracturar la sociedad y separar aún más a unos y otros, inyectando el odio entre los jóvenes, un lugar donde la mayoría de ciudadanos desconoce geográficamente e históricamente todo lo que esté fuera de su país, e incluso muchos de su propio país, un lugar donde la dieta se basa en ingentes cantidades de grasa y azúcares, un lugar donde no está legalizada la libertad sexual, un lugar donde el ejército resulta un apartado clave, y la guerra una manera de obtener aquello que desean, y así hasta una gran lista de cosas que lo alejan de aquellas ideas románticas con las que se suele vender y venerar.

Pero no me malinterpretéis, creo que América tiene mucho que decir y aportar al mundo, pero de ahí a tenerla como una especie de tierra prometida…, es algo exagerado que solo algunos tipos con suerte de ese país pueden intentar hacernos creer, el sueño americano, está lejos de ser una promesa real en su propia tierra, la misma que debe trabajar mucho para conseguir ofrecer realmente esa imagen y ese sueño que muchos persiguen en vano.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Capítulo 30: Política



Seguramente el tema/título de este artículo lo hará de todo menos apetecible para la gran mayoría.

Y es que oímos la palabra “política” e intentamos evitar escuchar o leer nada, pensamos que alguien va a venir a decirnos a quien tenemos que votar, que a su vez a él le han enseñado o inculcado a quien tiene que votar y por otro lado tampoco queremos dar nuestra opinión para que no nos tilden de que nuestras ideas pertenezcan a algún partido y crearnos así posibles enemigos.

El tema político a nivel mundial se lleva con un curioso mutis/pasotismo por parte de la población a pesar de que dependemos totalmente de él. En la era de la información, de la opinión libre, de los foros, las convenciones, etc. Casi nadie quiere opinar ni hablar de política.

Desde pequeños nos enseñaron que es mejor no opinar, porque lo único que se puede conseguir es ganarte algún detractor, una manera de posicionarte, de delatarte, como si estuviéramos en plena guerra y pudiésemos levantar sospechar sobre pertenecer a una u otra ideología y correr el riesgo de recibir un disparo. Y es que parece que a la mayoría le graban las ideas de un partido a fuego, como si sus padres, sus abuelos y ellos mismos estuvieran ligados y comprometidos de por vida, esto hace que la política se guíe por peligrosos sectarismos.

La mayoría conocemos al político, el personaje, nos cae bien o nos cae mal, pero apenas conocemos su programa electoral, sus ideas, que al fin y al cabo es lo que nos va a llevar por un camino o por otro, nos dejamos engatusar con acciones concretas, con frases hechas, con cuentos, con apariencias.
Con todos los medios a nuestro alcance, somos capaces de echarnos a la calle porque nuestro equipo favorito gana un título o hacernos fan de un grupo que alega una causa que apoyamos, pero sin más, sin más esfuerzo, con comodidad, en anonimato, pero no somos capaces de dar la cara para cosas que realmente valen la pena, cuando las cosas no funcionan, de movilizarnos ante ciertas decisiones políticas que supongan un ataque contra nuestra libertad, contra nuestra intimidad, contra nuestro trabajo, nuestra economía, nuestras leyes, etc. Lo vemos todo pasar, con desánimo e indiferencia, con la sensación de que no podemos hacer nada, y que todo podía ser peor.

Demasiada gente lo ha pasado mal y ha muerto para que ahora nosotros dejemos de ejercer los derechos que tanto ha costado conseguir, para incluso ir perdiéndolos poco a poco, sin darnos cuenta y actuar como auténticos pusilánimes. Porque la actitud más fácil es o bien quedarnos al margen, o renegar de lo establecido (antisistema), lo difícil queda en opinar, aportar algo y ejercer por medios legales nuestra posición.

En España, todo el mundo tiene que ser como Maradona, o blanco o negro, gris nunca, ni morado, ni verde, ni ningún otro color, la política la marca una preocupante bipolaridad, unos conceptos preestablecidos para cada polo, un estilo para cada uno, una apariencia, una herencia. Creo que va siendo hora de estudiar la palabra democracia, proponer y promover nuestra opinión, respetando la de los demás, para ejercer así nuestro derecho, exigiendo a la clase política la misma seriedad, responsabilidad, integridad, compromiso y saber hacer que exige llevar el rumbo y condicionar la vida de miles y millones de personas.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Capítulo 26: Violencia de género



Las relaciones de pareja se pueden mirar a través de muchas ópticas. Una de estas es a través de violencia de género.

Y aunque nos podríamos centrar en escalofriantes/morbosas cifras y datos (una media de al menos setenta mujeres mueren al año solo en España por esta causa), lo que me parece realmente preocupante es el análisis que deja todo esto. Por un lado, no solo están las victimas mortales, sino que estas, solo representan el pico de un iceberg, un enorme iceberg que se mantiene bajo el agua, el iceberg del maltrato, existen un grandísimo número de casos de maltrato que no salen a la luz, que se sufren día a día, en silencio.

Es alarmante el número de hombres que usan la violencia como justificante, como vía, la muerte de la palabra, el desuso del razonamiento, el retorno del simio.

En la mayoría de casos se trata de un problema educativo, es decir, el hombre trata predeterminadamente de manera violenta a la mujer, puede utilizar la violencia como sistema auto regenerador de su moral, una forma patética de sentirse importante, dominador, poderoso, el gran dictador de su minúsculo universo.

Existe otra vertiente creadora de este comportamiento que proviene de la inseguridad, los celos y el sentimiento de posesión. El hombre entiende a la mujer como algo de su posesión y no acepta en ningún momento el que esta no acepte sus comportamientos, que esta deje de amarlo o de querer estar con él, que termine la relación con él o que esta mantenga una relación con otra persona. Su baja autoestima, o su propia inseguridad personal disfrazada de celos, activan su violencia injustificada más primitiva.

Pero lo importante no son las razones, los importantes son los hechos, porque no se debe permitir ni tolerar en un mundo civilizado(teóricamente avanzado), que alguien sea maltratado (física o psicológicamente) por algún otro, porque supone la victoria del simio sobre el hombre.

Para romper definitivamente con estas situaciones, hacen falta principalmente dos cosas: la primera es que las mujeres que lo sufren, escapen de estas situaciones, y denuncien si es necesario, porque no es perdonable un desliz con la violencia, porque existen muchas personas en el mundo por conocer. La segunda cosa importante es que la justicia provea de las suficientes coberturas para que el denunciar suponga realmente un cese de estas detestables situaciones, porque como todos sabemos y al menos hasta hoy, la denuncia no ha supuesto en la mayoría de casos, solución al problema.

Pero la razón principal para que esto termine siempre será solo una. No permitir a nadie, que tenga este tipo de comportamientos, excluir al maltratador, señalarlo con el dedo a ojos de la sociedad, enseñarles que solo aceptamos hombres, caballeros y no simios cobardes.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 25: África



Para cualquier ciudadano de un país “desarrollado” (el entrecomillado es ironía pura), el continente africano es una especie de limbo, donde viven otros humanos olvidados, a los que siempre podemos acudir para limpiar nuestra conciencia o usarlo como ejemplo extremo de muchos conceptos, como la diferencia en la calidad de vida, la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, etc. Tenemos la imagen grabada a fuego, de esos niños rodeados de tierra y chabolas, que miran ensimismados, semidesnudos, con una aureola de moscas. Siempre los usamos como ejemplo, y desde pequeños aprendemos a que hay una “gran promesa” por ayudarlos de alguna manera.

Pero como con la mayoría de estos temas, las imágenes, las historias que les rodean y los datos han llegado a formar parte de nuestras vidas, creándonos una sensación de familiaridad y eso nos ha hecho perder la conciencia, o difuminar la importancia de los graves problemas que les atañen a los africanos.
Hace poco leí en un periódico una entrevista a un activista que ha estado muchos años en África y me resultó curioso que hace mucho hincapié en que la mejor manera de ayudar a este continente era no aportando comida, ni dinero. La explicación es bien sencilla, el dar comida o dinero no hace otra cosa que atajar el problema día a día, con un esfuerzo titánico por parte de la comunidad exterior, por tanto es dependiente de la voluntad de gente ajena al continente y por otro lado, da pie a una serie de comportamientos fraudulentos por parte de los intermediaros de hacer llegar esta ayuda a esta gente (si es que finalmente llega). Está claro que el modelo no es sostenible, y que no les soluciona el problema a la población africana, sino que solamente lo aplaza y lo perpetúa en el tiempo.

Por tanto, ¿Cuál es entonces la solución para que este continente empiece a salir adelante?,  crearles unos sistemas que le permitan ganarse la vida por ellos mismos sería un buen comienzo, ya sea enseñándoles a cultivar, a fabricar diferentes productos, ayudándoles así a mantener un sistema que consiga su autosuficiencia. Eso acabará con el problema. Otras medidas podrían ayudarles, como por ejemplo y como planteaba el entrevistado, bajando los precios de exportación y venta de los productos africanos para que sean competitivos en el mercado y de esta manera, adentrarlos en el mercado internacional en pos del resurgir de su economía y de su sostenibilidad.

Pero parece que todo esto no interesa, por un lado porque a nivel moral, es más valido mantener el limbo de pobreza, para tener a donde mirar en caso de que a nosotros nos vayan las cosas mal, para compadecernos, dejarlo como pulmón del resto del mundo urbanizado y por otro lado porque existen intereses económicos muy importantes, tanto con el caso de “malversación” de la ayuda internacional, como laboratorio humano para las farmacéuticas, como empresas que encuentran mano de obra barata y un largo etc.

Hay una cosa que me llama mucho la atención, en el continente, a nivel político y sobre todo en las zonas más pobres (la mayoría), existen dictaduras muy severas (la mayoría disfrazadas de democracia), que prácticamente responden a las apetencias de un gobernador corrupto (léase grupo armado y organizado), también existe falta de gobierno, de leyes, etc.. Con todo esto, me pregunto, ¿por qué nadie se preocupa de que estos países tengan un gobierno democrático que respete los derechos humanos como se ha hecho (intentado) con otros países?, la respuesta como estáis imaginando es sencilla, porque no han encontrado grandes cantidades de petróleo u otros intereses económicos importantes que explotar, miento, sí que existen algunos, como por ejemplo, los diamantes, pero esos ya se lo están quitando sin necesidad de empezar una “guerra contra el terror”.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Capítulo 16: El odio heredable



Cuando somos pequeños nos enseñan muchas cosas. Muchas de estas cosas las aprendemos directamente, pero hay otras que aprendemos indirectamente e incluso puede que siquiera nuestros progenitores, profesores, amigos, familiares o cualquier persona que nos influye en nuestra educación, sean conscientes de que nos están inculcando ciertos valores o sentimientos. Y es que casi sin saberlo, al nacer ya tenemos que odiar muchas cosas, nacemos enemistados con mucha gente, sin hacer méritos, sin dejar que siquiera expresemos nuestra opinión, de manera accidentalmente predeterminada.

Como decía al principio, mucha parte de este odio inducido proviene de nuestra educación, de la gente que se encarga de la misma, de estos aprenderemos a quien tenemos que odiar, en el ámbito familiar, a aquel tío tuyo que tuvo un feo gesto con tu madre, al vecino de tu abuelo que un día discutió con él por una barra de pan y por ende a todos sus descendientes, al equipo rival del preferido de tu padre, a la comida que tu madre intentaba que te comieras a toda costa, a los del pueblo de al lado, a un presentador de televisión que tu madre criticaba, al programa de radio del que tu hermano hablaba mal, y así hasta un largo etc.

Pero el odio no solo lo heredamos a través de nuestra educación, sino que hay otros factores que nos lo puede infundar igualmente de manera indirecta. Otro de estos factores es nuestra localización geográfica, dependiendo de la misma, odiaremos a todos los pueblos y civilizaciones con los que nuestros antepasados han guerreado y con los que se han enemistado a lo largo de la historia, a lo mejor alguno de estos conflictos empezó porque alguno de nuestros ascendentes se equivocó o tuvo la culpa, pero da igual, lo que nos queda a nosotros después de tanto tiempo solamente es el odio, tan fácil de transmitir, tan fácil de aceptar y asumir, heredado a través de las generaciones.

Asociados a nuestra posición geográfica, entran otros dos factores importantes a la hora de aumentar nuestra lista del odio más irracional, por un lado la cultura, nuestra cultura siempre será la más lógica, la más completa, la más avanzada, y rechazaremos por tanto predeterminadamente cualquier otra forma de cultura, odiando y rechazando todo lo que esté fuera del circulo de esta. Por otro lado encontramos a la religión, igual que con la cultura, nuestra religión será la verdadera, la primera existente, la cabal, en la que encajan todas las piezas, cualquier otra forma de creencia no será más que una secta, una interpretación equivocada de la nuestra, la buena.

Todos estos factores juntos con muchos otros, son aquellos que nos arraigan odio en lo más profundo de nuestro subconsciente, de manera sutil, indirecta, pero que retenemos y nos hace no juzgar a veces las cosas con toda la neutralidad que deberíamos, que nos hace limitarnos culturalmente, abstenernos de aprender de otras formas de pensamiento y de existencia, que hace que nos enfrentemos continuamente entre nosotros mismos, por causas en las que no hemos tenido nada que ver, en las que no hemos intervenido.

Porque el odio, es fácil de adoptar, porque no requiere más que la indiferencia en sus etapas más iniciales para mantener su cultivo, porque nuestra naturaleza tiene mucho más que ver con él que con cualquier otro sentimiento, porque resulta cómodo, porque siempre es nuestro vehículo para justificarnos, para hacer cosas sin sentido, cometer atrocidades, usar la violencia. Porque es más difícil debatir algo, que simplemente descartarlo odiándolo. 

Realmente es difícil no estar influenciado por ningún tipo de odio, máxime cuando la mayoría proviene silencioso de etapas tan iniciales e importantes en nuestra formación, pero no es excusa para que una vez alcancemos cierta madurez mental, sigamos guiándonos por un simple odio irracional infundado, que adoptamos con facilidad y del que nunca nos preguntamos si realmente está justificado.