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lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 58: Corrupción como animal de compañía






Creo que estamos teniendo casos de corrupción por encima de nuestras posibilidades y cuando hablo de posibilidades, hablo de economía y de sociedad.

Analizando el asunto, en plena crisis, los políticos suman más de 300 casos de corrupción. Exacto, con la que está cayendo, con toda la precariedad laboral, los recortes, las subidas de impuestos y otros despropósitos que llevamos padeciendo especialmente los últimos años y que me da a mí que vamos a padecer durante muchos, muchos años, muchos más de los que predicen estos mismos que no paran de meter la mano en la saco.

Pero dando un paso atrás en el tiempo, uno se pregunta, ¿acaso todos estos casos de corrupción son cosa de la crisis?, es evidente que no,  pero antes de la crisis eran otros tiempos, el que más y el que menos tenía un trabajo, una hipoteca y un préstamo en marcha que le hacía no mirar demasiado a los lados, y nadie se preocupaba, de hecho, en algunas conversaciones de la calle (basadas en hechos reales), he llegado a escuchar barbaridades como que si ellos estuvieran en el poder harían lo mismo (¿Eso significa que tenemos los políticos que merecemos?) , que de alguna manera es entendible que se pueda trincar siempre y cuando todo el mundo esté contento, e incluso, clasificar a algunos de los más grandes mangantes desenmascarados en los últimos tiempos como personas de lo más astutas, con un comportamiento digno de admirar, esta parte júzguenla ustedes mismos porque a mí me faltaría espacio en este artículo.

La cantidad y continuidad de casos nos ha llevado de la indignación inicial a de una manera enfermiza verlo como algo de lo más natural, inherente a nuestro país y a la clase política.

Nos sentimos estafados con la democracia, con el negocio descarado en el que se ha convertido la política y el poder, o más bien, asumiendo que siempre ha existido a la falta de escrúpulos y al descaro, dadas las circunstancias.

Vemos de lo más normal que un político diga o haga, incluso aunque sea poniendo en peligro nuestro futuro y nuestro dinero, cualquier barbaridad, nosotros a cambio, comentamos la jugada con desánimo,  bromeamos o lo sacamos a la palestra en las redes sociales, incluso podemos llegar a recabar firmas o mostrar nuestra desaprobación en masa, pero ahí siguen, en su butaca del senado o no, porque la mayoría de veces siquiera se dignan a asistir, o si lo hacen se ponen a jugar a juegos o perder el tiempo con los aparatos caros que se auto regalan y designan como  necesarios con nuestro dinero, todo eso mientras a nosotros el agua nos llega casi a la nariz y tenemos que levantar la cabeza hacia el cielo para poder respirar, cuando ya notamos los calambres en piernas y brazos mientras intentamos nadar a contracorriente con una mar enfurecida y alta, con un ejército de cuerpos de ahogados a nuestros alrededor,  mientras  luchamos por sobrevivir en ese ambiente tan hostil, ellos se ríen de nosotros, y ni siquiera tienen la decencia de hacerlo a nuestras espaldas, destruyendo el estado del bienestar, atentando contra nuestra integridad como personas, insultando nuestra inteligencia, desvirtuándonos como sociedad, mangoneando nuestra paciencia.

Creo que a fin de cuentas, somos muy malos empresarios, porque a todos estos tipos, no solo los elegimos nosotros sino que les pagamos nosotros, y aun así no exigimos que tengan un buen currículo ni que sean eficientes y honorables haciendo el trabajo para el que se les paga, espero que algún día todo esto se cambie para protegernos a todos nosotros como empresarios, inversores y accionistas de nuestro propio país, para no seguir sufriendo estos abusos, estas insubordinaciones y ser presa de los despropósitos de nuestros propios empleados.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Capítulo 46: Crisis de liderazgo




Estamos ya tristemente acostumbrados a oír la palabra crisis por doquier en los últimos tiempos, se ha hablado mucho de la crisis económica, pero sin duda, hay otro tipo de crisis que ha conllevado mayores grietas económicas así como una mayor desconfianza en el conjunto de la sociedad.

Hablo de una crisis de liderazgo, hemos vivido una larga época de cierta bonanza económica, algo innegable, donde los negocios crecían, las empresas mejoraban sus números año a año ( a día de hoy muchas siguen sin entender que este incremento exponencial no se puede mantener infinitamente) y la creación de nuevas fórmulas conseguían hacerse un hueco, con este panorama las figuras de responsabilidad de cualquier tipo de negocio lo tenían más fácil, estas figuras suelen ser como superhéroes, un gran sueldo (poder) que conlleva una gran responsabilidad, de manera que cuando la inercia es positiva, la parte de la responsabilidad está bastante endulzada y el poder solo aumenta, unos grandes bonus o primas, felicitaciones aquí y allá, gráficas con flechas ascendentes, datos, estadísticas comparativas, etc.

Pero, ¿qué ocurre cuando la situación se tuerce y es necesario que utilicen aquellas habilidades organizativas/directivas para/con las que fueron contratados para controlar o solventar una situación adversa?, la respuesta es que en la mayoría de casos no dan la talla. Nerviosismo, decisiones desacertadas, incapacidad para motivar a sus subordinados, crispación, traspaso de responsabilidades inherentes al supuesto, son algunos de los síntomas más visibles. La pregunta no es si realmente esta gente está o no preparada, ya que una gran parte, sobre el papel, académica y curricularmente hablando, esta gente debería saber solventar cualquier contratiempo, es la falta de tensión en tanto tiempo, es principalmente la falta de actitud y no de aptitud lo que hace que estas figuras no estén a la altura.

Por supuesto, existen grados, así que por un lado tenemos una minoría que ha enfrentado la situación adversa con una honestidad medianamente respetable, como que por otro lado, hay quienes se han mantenido sus bonificaciones como si se dieran los datos más optimistas incluso a costa del resto de empleados, incluyendo despidos, dejando claro que la moral y la honestidad de cada uno tiene diferente medida. Lo que no se puede negar es que la mayoría no ha estado a la altura, y es algo que considero que las empresas deberían plantearse (algunas ya lo hacen, poniendo por delante las actitudes de las personas en sus nuevas contrataciones, vigilando sus acciones y exigiendo un nivel acorde con el puesto). Si,  la crisis quizás haya sido magnificada por unos mandos inoperantes en momentos claves, que hunden más si cabe cualquier barco con golpes de timón desacertados, no estando a la altura de lo que se espera de cualquier capitán que se precie.

Una cosa está bien clara, los empleados son la imagen de una empresa, pero las directrices, la filosofía y el rumbo es responsabilidad de solo unos pocos que deberían tener el honor como principal cualidad demostrable.

lunes, 3 de octubre de 2011

Capítulo 45: El estado del bienestar




Según la Wikipedia: “Monopoly es un juego de mesa de bienes raíces, hoy en día producido por la empresa estadounidense de accionistas Hasbro de Rhode Island. Monopoly es uno de los juegos de mesa comerciales más vendidos del mundo.

Como el nombre sugiere, el objetivo del juego es hacer un monopolio de oferta, poseyendo todas las propiedades inmuebles que aparecen en el juego. Los jugadores mueven sus respectivas fichas por turnos en sentido horario alrededor de un tablero, basándose en la puntuación de los dados, y caen en propiedades que pueden comprar de un banco imaginario, o dejar que el banco las subaste en caso de no ser compradas. Si las propiedades en las que caen ya tienen dueños, los dueños pueden cobrar alquileres o quien caiga podrá comprárselas.”

Lo sé, leyendo esto estáis pensando en otro juego mucho más real, del que sin querer somos todos partícipes, nos movemos por el tablero, con el dinero/educación que nuestros padres nos han dejado de su partida anterior y nos alientan para comprar una propiedad, seguir en el juego, intentando hacernos creer que es la única manera de jugar la partida. La mecánica impuesta es sencilla, no tienes posibilidades de ganar la partida si no dispones de una propiedad, si no compras, no estarás en el tablero.

El problema es que aquí la banca no es un ente imaginario neutro, se trata de entidades reales, con intereses propios, detrás de la cuales existen personas que reciben beneficio. Como en el juego de mesa, la banca nunca pierde, si es necesario se crean nuevos paquetes de billetes para que el juego continúe, pero, aunque se diese el hipotético caso de que obtengáis muchos inmuebles, y creáis que tenéis posibilidades de ganar la partida, todo acabará tarde o temprano y todas las fichas y todos los billetes puestos en circulación volverán a la caja, y otra partida empezará.

Atrapados en un tablero sin salida, parece todo tan normal que casi nos hemos acostumbrado, la inmersión como opiáceo, todo está lleno de jugadores, todos aspiramos a sentirnos realizados como una ficha que juega una partida de manera astuta, pero entonces algo va mal, la banca se cansa de jugadores que no aportan nada al tablero, y decide retirar fichas y restringir los pequeños billetes, es entonces cuando salimos de nuestro ensimismamiento y empezamos a pensar que todo esto es un juego, un juego en el que alguien siempre gana y otros muchos siempre pierden, en que las reglas se cambian al antojo de la banca, los dueños del tablero, en el que solo resultamos ser simples fichas de plástico.

Teniendo dinero de papel, propiedades volátiles, el azar de los números y unas reglas en juego, solo queda algo de nuestra mano, elegir democráticamente que ficha queremos ser.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capítulo 28: El placebo de la fama



Es alarmante el aumento de programas que buscan concursantes que crean tener algún tipo de talento, normalmente relacionado con la música o el baile, para que compitan entre sí con la promesa de que al final del programa podrán llegar a cosechar éxito y ser famosos.

Creo que este tipo de programas es el reflejo más fiel de la sociedad de hoy día, analicemos con detalle; Primeramente en todos ellos se buscan a chicos y chicas jóvenes y guapos, la importancia del físico, de la estética, la obsesión por la belleza, la juventud, la obsesión por ofrecer el mejor perfil, el estar siempre perfecto, aunque sea para entrenar/ensayar.

En segundo lugar, la competición, en todos ellos se compite descarnadamente por intentar auparse hasta el podio, en ese camino, enemistades, comentarios, malas artes, etc.

En tercer lugar, la depresión, la mayoría de estos jóvenes lo tienen todo, pero andan desmotivados, faltos de objetivos, sin confianza en nada ni en nadie, siquiera en ellos mismos, hace falta sacarlos de su estado continuo de baja autoestima y autocomplacencia. Miedo al fracaso, sentimientos a flor de piel, llantos a la mínima piedra en el camino.

En cuarto lugar, la sociedad, en la mayoría de estos shows televisivos los concursantes conviven durante su adiestramiento unos con otros, como si de un piso de estudiantes se tratase, en esta convivencia, surgen los roces, la lucha de egos, el ataque al compañero, la falsedad, la amistades enquistadas para hacer fuerza en contra de otro grupo o compañero, la mala educación, la falta de respeto.

En quinto lugar, el sexo, desde un primer momento, la tensión sexual entre los diferentes concursantes es evidente, fruto de la edad natural por un lado, pero aumentada por una sociedad vendida en torno al sexo. Los movimientos, la mayoría de comentarios, las miradas, todo gira en torno a la provocación sexual, al rito del apareamiento.

En sexto lugar, el éxito, todo quieren la fama por encima de todo, sentirse como las estrellas de cine que adoran, como el artista musical que admiran, la salida a una vida mediocre, a un trabajo normal, una realidad normal, la cual carece de interés para ellos, la sensación de ser un vip, de ser adorado.
En séptimo lugar, la vagancia, fruto de la depresión durmiente permanente resultan vagos a la hora de trabajar lo poco que se le exige, prefieren ser mediáticos y usar siempre la vía más rápida posible hacia cualquier meta. La vagancia diaria, el dormir hasta altas horas, el pasotismo en sus frases, en sus actos.
En octavo lugar, el dinero, mitifican la vida de aquellos que amasan grandes cantidades de dinero, el dinero como vía hacia la felicidad y la aceptación social, la vida sin medidas, sin ahorro, con grandes lujos que lucir, que enseñar, la comodidad de la vida adinerada, seguir perpetrando su percepción errónea en cuanto al valor real del dinero.

En noveno lugar, el sueño, si se rompe, la desgracia es máxima, la caída al abismo, las lágrimas, el desgarro, la desilusión, la vida normal se confirma como el fracaso del sueño, de alguna manera se le da sentido. Si se cumple, la pérdida del origen, la verdadera realidad del asunto, el trabajo diario, la fugacidad.

En décimo lugar, la cita, "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados." (El club de la lucha de Chuck Palahniuk).

lunes, 7 de junio de 2010

Capítulo 19: Recursos humanos



El departamento de recursos humanos es el encargado de seleccionar a la persona más adecuada para una vacante en una empresa que además esté acorde con la filosofía de la misma. Y es que la simple expresión de “recursos humanos” ya suena de lo más mercantil. Una sutil forma de llamar al diferente ganado humano que se pasea por las oficinas.

Alrededor de la (aparente) simple idea de seleccionar personal, se ha creado toda una filosofía, estudios asociados, y un lenguaje propio. Es innegable que este apartado ha crecido mucho, las empresas intentan acertar en sus elecciones, obtener al candidato perfecto.

Han aumentado el número así como la variedad de pruebas destinadas a desenmascarar al candidato ideal. Empecemos por lo básico, como siempre, nuestro primer escollo será nuestro curriculum, ya sabéis, sintetizarnos en una sola página, con foto incluida, sí, esa que ofrece nuestro mejor perfil, pensad que la fotografía es lo primero que se mira y lo primero que crea una opinión o un sentimiento (rechazo/aceptación), por tanto, bien os vale cuidarla.

Una vez pasamos este filtro inicial, se empieza a jugar con la psicología, test de personalidad, de aptitudes, de actitudes, etc. Junto con pruebas de conocimientos específicos o idiomas entre otros.
A partir de aquí, empieza la búsqueda, la búsqueda hacia el actor perfecto para el papel. En las pruebas psicológicas por defecto intentaremos siempre resultar de lo más “normal” posible. Por esto ante una pregunta del tipo: ¿Qué haría usted en caso de incendio en su lugar de trabajo?, Usted debe contestar que siempre mantendría la calma, esperaría su turno para salir del edificio en orden, e incluso puede ampliar la respuesta, argumentando que probablemente buscaría una manguera para apagarlo, y sacaría a hombros a cada uno de los que permaneciesen dentro, en ningún momento usted debe de decir que saldría pisando a quien se le pusiera por delante, para salvar su vida por encima de todas las cosas, porque recuerde, quiere el puesto de trabajo.

En todo momento hay que parecer un ciudadano normal, sin gustos estridentes, sin una personalidad demasiado fuerte, sino mostrarse más bien como una calmada y dócil vaca hindú, alguien moldeable, trabajador, luchador, motivado.

Cuando pasamos todos estos nuevos filtros, llegamos al que suele suponer la última barrera hacia tu sueldo mensual, la entrevista personal. Aquí es más complicado, seguramente habréis leído mucho en Internet acerca de este momento, recordad, gesto relajado, firme apretón de manos, respuestas argumentadas, un poco de sentido del humor sin descaro para romper el hielo, bien vestido y peinado, zapatos nuevos, etc. No se trata de ser un figurante, sino de ganar el oscar. Seremos quien ellos quieran que seamos, porque queremos ese trabajo. Porque tenemos poco tiempo para representar nuestra obra, todo vale.

Es lógico que con esta premisa, en cada una de las pruebas que sean de carácter personal, vamos a mentir, porque no queremos ser nosotros, queremos ser ese candidato, nos obligan a ser ese candidato como única manera de conseguir el puesto, de esta manera iremos introduciendo diferentes arreglos, diferentes mentiras, para maquillar las pruebas hasta conseguir nuestra meta.

Llegados a este punto, no es mi intención cuestionar el trabajo de la gente que toma este tipo de decisiones, pero he visto un aumento exponencial con el paso de los años en cuanto a la complejidad de estos procesos se refiere y como a su vez los candidatos cada vez son menos adecuados a los puestos ofertados. De esta manera, yo personalmente si tuviera el poder de decidir en este sentido en una empresa en concreto, optaría por realizar unos procesos de selección simplificados teniendo en cuenta algo que seguramente nos va a ofrecer un mayor número de contrataciones satisfactorias que este cúmulo de filtros que no hacen otra cosa que aglomerar mentiras, un arma poderosa que nunca entra en las quinielas para estos procesos, la intuición.

lunes, 26 de abril de 2010

Capítulo 15: Filosofía del marketing



El marketing es el arte o la ciencia de infundir una necesidad hipotética a unos posibles consumidores, apoyándose en un discurso que se crea al mismo tiempo y que se utiliza como medio de justificación para vender un producto en cuestión.

En resumidas cuentas, a partir de una necesidad, generalmente ficticia, hacer todo tipo de artimañas necesarias para que la parte creadora de este marketing consiga su objetivo y que la “presa” no solo se quede satisfecha si no que haga aquello para lo que fue ideada la campaña de marketing. Como una especie de truco de magia, hay que sorprenderse y además quedar satisfecho, pero la víctima no puede ver dónde está el truco. Llamaremos entonces magos a aquellos que son capaces de conseguir perpetuar sus artes a través del marketing.

Vivimos en una sociedad rodeada de marketing. Necesitamos el marketing, somos adictos al marketing y es que, ¿Qué sería de nosotros si no nos crearan necesidades ficticias? ¿Podríamos vivir solo con necesidades reales? ¿Tendríamos todo lo que tenemos en nuestras casas sin la ayuda del marketing? EL marketing es nuestra religión encubierta. La necesidad ficticia de tener cosas en propiedad, de vivir la forma de vida que alguien inventó una vez, de seguir el modelo.

Pero no penséis en el marketing como una herramienta que solo sirve para colocar cosas tangibles en nuestros armarios o en nuestras habitaciones, también existe el marketing social o el marketing laboral entre otros. Las apariencias por encima de todo, la necesidad de crear un papel y de desarrollarlo, de crear fingidas necesidades afectivas, fingidas necesidades a tu empresa sobre tu puesto de trabajo, para vender nuestro mejor producto, nosotros.

Nos pasamos la vida entera haciendo marketing de nosotros mismos, por eso, nadie es más desconocido que uno para uno mismo. La idealización de nuestra figura, la verdad suprema en nuestra palabra, los cánones correctos en nuestras acciones, las verdades sagradas de nuestros pensamientos.

Hemos aceptado la filosofía del marketing en todas las facetas de nuestra vida como la única forma de actuar, como la única forma de conseguir cosas, como la única forma de vivir. Necesidades ficticias, personajes ficticios, apariencias, humo, mentiras. Porque una buena campaña de marketing puedes conseguir cualquier cosa, que compremos cualquier cosa, que seamos cualquier cosa, que consigamos cualquier trabajo, que cualquiera piense de nosotros aquello que nos apetezca.

El marketing ha hecho que exista una distancia preocupante entre la realidad de nuestras necesidades y las verdaderas capacidades de las personas con respecto a las mismas características creadas a través del marketing. Esto crea un vacío anímico generalizado, frustración, una brecha constante en la economía, en la productividad general en las empresas, relaciones superfluas, ansiedad o depresión.
Porque ahora ya no se trata de tener buenos trucos, si no de simplemente parecer un buen mago.