lunes, 4 de octubre de 2010

Capítulo 29: La muerte



Smash cut es el nombre de un recurso usado en cine y televisión, es ese fundido a color negro sin previo aviso, no es como esos finales que van atenuando la oscuridad hasta fundir con el negro (fade to black), en este caso es un negro total, de golpe, como si se hubiera estropeado el televisor, como si alguien hubiese tirado del cable.

En la película de el cuervo se decía “La infancia termina cuando sabes que vas a morir”, si ese es el caso, la mía terminó pronto, desde que tengo uso de razón siempre me ha inquietado el tema, aceptando el hecho de que algún día dejaré todo esto, por un lado te planteas cual es la mejor manera de actuar y de llevarlo hasta entonces, es difícil plantear esto sin caer en la típica espiral negativa de que más da todo si el final ya está claro. Aparte de este ejercicio filosófico, resulta otro ejercicio, este más bien de tono científico el pensar, el cómo será, si hay una luz blanca, si todo se vuelve negro, si vemos a los seres queridos, si alguna parte de nosotros queda viva, etc.

Resulta curioso que me planteé todo esto desde tan temprana edad, y no sé si por aquello que dicen de que lo que piensas toma parte de realidad de alguna manera, porque mi relación con la muerte ha sido más estrecha de lo que me gustaría. Por un lado, tratándose de mí mismo, se puede decir que la he esquivado dos veces de manera reseñable. La primera fue cuando estando en una casa de campo, una escopeta cayó al suelo por accidente y se disparó, hubo un silencio, la gente se miraba, se tocaba, yo miré hacia el monte pensando en que se trataba de algún tipo de cacería cercana, me di la vuelta y la gente gritaba hacia mí, me toqué la cara y las manos se me llenaron de sangre, pasaron unos minutos hasta que lo entendí todo, la bala había pasado rozando mi cara (hoy una pequeña cicatriz recuerda aquello), fue solo cuestión de centímetros. La segunda vez fue unos años después, había una fuerte tormenta, me dirigí hacia el baño, un baño en reformas, que tenía los enchufes sin terminar, estaba mirando al espejo cuando oí un fuerte chasquido y de pronto todo se puso de color blanco. Diez minutos después no oía apenas nada, notaba que me movían que me gritaban, empecé a vislumbrar formas a través del blanco, y el pitido del oído se iba disipando y me dejaba oír los gritos de forma ahogada, estaba en el suelo y me sangraba la nariz, al parecer un rayo había caído sobre la casa llevándose a su paso todo aparato eléctrico, recorrió la casa e hizo su salida por los enchufes del baño. Ese mismo día visité al médico y no encontraba razón médica posible para que mi corazón siguiese latiendo, pero seguía.

De manera más indirecta, he sido espectador de excepción (cruel honor) en el momento justo de la muerte de las dos personas más importantes, influyentes y más queridas de mi vida, el momento justo en que la vida expira, el paso de la vida a la muerte.

Todo esto no ha hecho otra cosa que mantener mi debate mental en cuanto al tema, y con el tiempo he ganado en incredulidad, es bonito creer en cosas, tener fe, pensar que todo ocurre por algo, el destino, que un hombre con barba vendrá a saludarnos o que nos espera un aren de mujeres, pero sinceramente, creo que todo este tema es tan aleatorio como parece, y teniendo en cuenta que es un hecho inevitable, creo que hay que juzgarlo teniendo en cuenta esas dos premisas, lo sé, es difícil, aceptar esto de inicio es difícil, es como jugar un partido sabiendo cual va a ser el resultado final, pero creo que tampoco podemos juzgar esto como un final de una historia, sino como un hecho inevitable y aislado, poniendo el principio, el desenlace y el final en la vida. No me gusta cuando la gente usa la muerte en cualquiera de sus vertientes como excusa para descuidarse en la vida, para no tener nada en cuenta, para dejar de darle importancia a cualquier otra cosa, no hay nada más importante que la propia vida, ni nada tiene tanto sentido como ella.

Podíamos tirarnos una vida entera debatiendo sobre que significa la muerte, qué sentido tiene, que sentimos, que nos pasa, que reacción tiene nuestro cerebro, nuestro cuerpo, que pasa con nuestra alma, pero todo es tan sencillo como….(smash cut)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Capítulo 28: El placebo de la fama



Es alarmante el aumento de programas que buscan concursantes que crean tener algún tipo de talento, normalmente relacionado con la música o el baile, para que compitan entre sí con la promesa de que al final del programa podrán llegar a cosechar éxito y ser famosos.

Creo que este tipo de programas es el reflejo más fiel de la sociedad de hoy día, analicemos con detalle; Primeramente en todos ellos se buscan a chicos y chicas jóvenes y guapos, la importancia del físico, de la estética, la obsesión por la belleza, la juventud, la obsesión por ofrecer el mejor perfil, el estar siempre perfecto, aunque sea para entrenar/ensayar.

En segundo lugar, la competición, en todos ellos se compite descarnadamente por intentar auparse hasta el podio, en ese camino, enemistades, comentarios, malas artes, etc.

En tercer lugar, la depresión, la mayoría de estos jóvenes lo tienen todo, pero andan desmotivados, faltos de objetivos, sin confianza en nada ni en nadie, siquiera en ellos mismos, hace falta sacarlos de su estado continuo de baja autoestima y autocomplacencia. Miedo al fracaso, sentimientos a flor de piel, llantos a la mínima piedra en el camino.

En cuarto lugar, la sociedad, en la mayoría de estos shows televisivos los concursantes conviven durante su adiestramiento unos con otros, como si de un piso de estudiantes se tratase, en esta convivencia, surgen los roces, la lucha de egos, el ataque al compañero, la falsedad, la amistades enquistadas para hacer fuerza en contra de otro grupo o compañero, la mala educación, la falta de respeto.

En quinto lugar, el sexo, desde un primer momento, la tensión sexual entre los diferentes concursantes es evidente, fruto de la edad natural por un lado, pero aumentada por una sociedad vendida en torno al sexo. Los movimientos, la mayoría de comentarios, las miradas, todo gira en torno a la provocación sexual, al rito del apareamiento.

En sexto lugar, el éxito, todo quieren la fama por encima de todo, sentirse como las estrellas de cine que adoran, como el artista musical que admiran, la salida a una vida mediocre, a un trabajo normal, una realidad normal, la cual carece de interés para ellos, la sensación de ser un vip, de ser adorado.
En séptimo lugar, la vagancia, fruto de la depresión durmiente permanente resultan vagos a la hora de trabajar lo poco que se le exige, prefieren ser mediáticos y usar siempre la vía más rápida posible hacia cualquier meta. La vagancia diaria, el dormir hasta altas horas, el pasotismo en sus frases, en sus actos.
En octavo lugar, el dinero, mitifican la vida de aquellos que amasan grandes cantidades de dinero, el dinero como vía hacia la felicidad y la aceptación social, la vida sin medidas, sin ahorro, con grandes lujos que lucir, que enseñar, la comodidad de la vida adinerada, seguir perpetrando su percepción errónea en cuanto al valor real del dinero.

En noveno lugar, el sueño, si se rompe, la desgracia es máxima, la caída al abismo, las lágrimas, el desgarro, la desilusión, la vida normal se confirma como el fracaso del sueño, de alguna manera se le da sentido. Si se cumple, la pérdida del origen, la verdadera realidad del asunto, el trabajo diario, la fugacidad.

En décimo lugar, la cita, "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados." (El club de la lucha de Chuck Palahniuk).

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Capítulo 27: Religión



La religión es un sistema humano compuesto por un conjunto de creencias y prácticas asociadas a algún ente divino o sagrado. En torno a esa figura o figuras consideradas de origen divino, se obtiene unas leyes, unas prácticas y unas pautas dictadas a seguir.

Las religiones existen de muy diferente índole y origen. En teoría todas parten de una base espiritual, con carácter orientativo para el hombre de a pie, y siempre con las mejores intenciones.

No existe nada más poderoso que la fe, desde siempre el hombre ha demostrado que es capaz de cualquier cosa, siempre y cuando esté moralmente preparado y plenamente motivado.

La mayoría de religiones tienen una serie de estamentos que marcan aquello que todo aquel que se considere fiel a la misma debe cumplir, como una especie de leyes, de obligaciones, de pautas a seguir. Todo está orientado a honrar y agradar a ese ente divino, con vistas a ganarte su trato favorable tanto en vida, como para una vez estés muerto.

Desde un punto de vista teórico, las religiones pueden servir para mantener una estabilidad moral/espiritual que puede ser muy beneficiosa, más si tenemos en cuenta, que el ser humano por naturaleza necesita creer en algo. Pero a lo largo de la historia, se ha demostrado que la práctica es bien distinta. Por un lado, y como siempre pasa con cualquier texto/historia muchas cosas se han malinterpretado, otras se han aplicado de manera literal cuando esa no era la intención original, y otras se han llevado al extremo. Todo esto ha llevado a que la religión cuente en su haber como la causa que ha llevado directa o indirectamente a millones de personas a la muerte, en la mayoría de los casos de forma violenta, igualmente ha sido una de las principales causas detonantes de guerras y enfrentamientos.

Por otro lado, y también a lo largo de la historia, las diferentes doctrinas han traspasado el plano espiritual para contar en su haber con un gran patrimonio material (aun estando en contra de los propios estamentos de las mismas), así como participación activa (especialmente en algunos puntos de la historia) en el ámbito político, influyendo poderosamente en el rumbo de los diferentes países.

Quiero dejar claro que respeto a todas las religiones, creo que es bastante lícita su existencia, así como que cada persona es libre de creer en aquello que le sirva para alimentar su fe. Este texto no entra a cuestionar la existencia de entes divinos o sagrados, de un Dios, de si realmente estos nos vigilan y de si todo tiene una correlación entorno a estas figuras. Este texto es para cuestionarnos a nosotros mismos, de si no hemos malogrado a la hora de entender y aplicar lo que se cuenta en los textos, cuestionar si hemos usado la fe de cada uno contra nosotros mismos, de si el mensaje no se ha desfigurado entre los diferentes interlocutores, hasta incluso usarse en muchas ocasiones egoístamente como herramienta de algunos para beneficio o fines personales.

Por todo esto, considero que por encima de cualquier creencia debe de estar el respeto, primeramente entre nosotros mismos y luego hacia cualquier cosa, ser capaces de convivir todos juntos, independientemente de a quién o a qué rece cada uno, porque si no somos capaces de conseguir esto, no seremos dignos de ningún Dios, ni tan siquiera de estar sobre la faz de la tierra.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Capítulo 26: Violencia de género



Las relaciones de pareja se pueden mirar a través de muchas ópticas. Una de estas es a través de violencia de género.

Y aunque nos podríamos centrar en escalofriantes/morbosas cifras y datos (una media de al menos setenta mujeres mueren al año solo en España por esta causa), lo que me parece realmente preocupante es el análisis que deja todo esto. Por un lado, no solo están las victimas mortales, sino que estas, solo representan el pico de un iceberg, un enorme iceberg que se mantiene bajo el agua, el iceberg del maltrato, existen un grandísimo número de casos de maltrato que no salen a la luz, que se sufren día a día, en silencio.

Es alarmante el número de hombres que usan la violencia como justificante, como vía, la muerte de la palabra, el desuso del razonamiento, el retorno del simio.

En la mayoría de casos se trata de un problema educativo, es decir, el hombre trata predeterminadamente de manera violenta a la mujer, puede utilizar la violencia como sistema auto regenerador de su moral, una forma patética de sentirse importante, dominador, poderoso, el gran dictador de su minúsculo universo.

Existe otra vertiente creadora de este comportamiento que proviene de la inseguridad, los celos y el sentimiento de posesión. El hombre entiende a la mujer como algo de su posesión y no acepta en ningún momento el que esta no acepte sus comportamientos, que esta deje de amarlo o de querer estar con él, que termine la relación con él o que esta mantenga una relación con otra persona. Su baja autoestima, o su propia inseguridad personal disfrazada de celos, activan su violencia injustificada más primitiva.

Pero lo importante no son las razones, los importantes son los hechos, porque no se debe permitir ni tolerar en un mundo civilizado(teóricamente avanzado), que alguien sea maltratado (física o psicológicamente) por algún otro, porque supone la victoria del simio sobre el hombre.

Para romper definitivamente con estas situaciones, hacen falta principalmente dos cosas: la primera es que las mujeres que lo sufren, escapen de estas situaciones, y denuncien si es necesario, porque no es perdonable un desliz con la violencia, porque existen muchas personas en el mundo por conocer. La segunda cosa importante es que la justicia provea de las suficientes coberturas para que el denunciar suponga realmente un cese de estas detestables situaciones, porque como todos sabemos y al menos hasta hoy, la denuncia no ha supuesto en la mayoría de casos, solución al problema.

Pero la razón principal para que esto termine siempre será solo una. No permitir a nadie, que tenga este tipo de comportamientos, excluir al maltratador, señalarlo con el dedo a ojos de la sociedad, enseñarles que solo aceptamos hombres, caballeros y no simios cobardes.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 25: África



Para cualquier ciudadano de un país “desarrollado” (el entrecomillado es ironía pura), el continente africano es una especie de limbo, donde viven otros humanos olvidados, a los que siempre podemos acudir para limpiar nuestra conciencia o usarlo como ejemplo extremo de muchos conceptos, como la diferencia en la calidad de vida, la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, etc. Tenemos la imagen grabada a fuego, de esos niños rodeados de tierra y chabolas, que miran ensimismados, semidesnudos, con una aureola de moscas. Siempre los usamos como ejemplo, y desde pequeños aprendemos a que hay una “gran promesa” por ayudarlos de alguna manera.

Pero como con la mayoría de estos temas, las imágenes, las historias que les rodean y los datos han llegado a formar parte de nuestras vidas, creándonos una sensación de familiaridad y eso nos ha hecho perder la conciencia, o difuminar la importancia de los graves problemas que les atañen a los africanos.
Hace poco leí en un periódico una entrevista a un activista que ha estado muchos años en África y me resultó curioso que hace mucho hincapié en que la mejor manera de ayudar a este continente era no aportando comida, ni dinero. La explicación es bien sencilla, el dar comida o dinero no hace otra cosa que atajar el problema día a día, con un esfuerzo titánico por parte de la comunidad exterior, por tanto es dependiente de la voluntad de gente ajena al continente y por otro lado, da pie a una serie de comportamientos fraudulentos por parte de los intermediaros de hacer llegar esta ayuda a esta gente (si es que finalmente llega). Está claro que el modelo no es sostenible, y que no les soluciona el problema a la población africana, sino que solamente lo aplaza y lo perpetúa en el tiempo.

Por tanto, ¿Cuál es entonces la solución para que este continente empiece a salir adelante?,  crearles unos sistemas que le permitan ganarse la vida por ellos mismos sería un buen comienzo, ya sea enseñándoles a cultivar, a fabricar diferentes productos, ayudándoles así a mantener un sistema que consiga su autosuficiencia. Eso acabará con el problema. Otras medidas podrían ayudarles, como por ejemplo y como planteaba el entrevistado, bajando los precios de exportación y venta de los productos africanos para que sean competitivos en el mercado y de esta manera, adentrarlos en el mercado internacional en pos del resurgir de su economía y de su sostenibilidad.

Pero parece que todo esto no interesa, por un lado porque a nivel moral, es más valido mantener el limbo de pobreza, para tener a donde mirar en caso de que a nosotros nos vayan las cosas mal, para compadecernos, dejarlo como pulmón del resto del mundo urbanizado y por otro lado porque existen intereses económicos muy importantes, tanto con el caso de “malversación” de la ayuda internacional, como laboratorio humano para las farmacéuticas, como empresas que encuentran mano de obra barata y un largo etc.

Hay una cosa que me llama mucho la atención, en el continente, a nivel político y sobre todo en las zonas más pobres (la mayoría), existen dictaduras muy severas (la mayoría disfrazadas de democracia), que prácticamente responden a las apetencias de un gobernador corrupto (léase grupo armado y organizado), también existe falta de gobierno, de leyes, etc.. Con todo esto, me pregunto, ¿por qué nadie se preocupa de que estos países tengan un gobierno democrático que respete los derechos humanos como se ha hecho (intentado) con otros países?, la respuesta como estáis imaginando es sencilla, porque no han encontrado grandes cantidades de petróleo u otros intereses económicos importantes que explotar, miento, sí que existen algunos, como por ejemplo, los diamantes, pero esos ya se lo están quitando sin necesidad de empezar una “guerra contra el terror”.

jueves, 19 de agosto de 2010

Capítulo 24: El verdadero precio



Hay una anécdota curiosa sobre mi nacimiento. Mi madre no supo cuál era mi sexo hasta el mismo día que nací, algo que no resultó ser muy buena idea, ya que tenía dos hijos varones por entonces, y su ilusión era tener una niña. Cuando me dio a luz, se quedó algo descontenta con que yo fuera otro varón más. Al parecer este sentimiento irónico le hizo a alguien confundirse y una pareja muy adinerada y sin hijos se interesó por mí con la intención de adoptarme. Mi abuela y segunda madre, actuó rápidamente y zanjo el tema con una sola frase: “Aunque tuviéramos cien, no daríamos a ninguno”.

Algunas veces he bromeado con este tema, con la posibilidad de haberme criado en una casa diferente con un nivel de vida muy diferente. Por suerte para mí, me crié en mi verdadera familia, una familia humilde y honrada. Para que os hagáis una idea, durante mi estancia en mi casa familiar, nunca he ido de vacaciones, los únicos restaurantes que he pisado han sido para una boda, bautizo o acontecimiento similar, hemos ido rotando la ropa entre hermanos e incluso hemos colaborado trabajando cuando incluso estábamos en el instituto para ayudar a la economía familiar.

Todo este esfuerzo no ha sido en vano, me ha servido de mucho, para tener siempre presente el precio de las cosas, el trabajo que cuesta ganar el dinero y lo poco que cuesta gastarlo. El conjunto de circunstancias, hacen que te vuelvas algo conservador con el dinero (que no avaro) y que cualquier gasto elevado te haga sentir mal aunque dispongas del dinero para realizarlo. Una extraña paradoja.
Pasé de vivir de un pueblo pequeño a una gran ciudad, y en este aspecto, el problema se agrava, porque si además de tener estas sensaciones intrínsecamente en tu cabeza, los precios de todo son mucho más elevados que los de tu origen, te hacen sentirte un derrochador hagas lo que hagas.

Por suerte, conocí a una persona que me ha ayudado mucho, a la que admiro profundamente y a la que quiero. Esta persona vivió una situación bastante similar a la mía en el pasado, eran otros tiempos, pero eran las mismas sensaciones. Me dio una lección sobre el precio de las cosas, su razonamiento era simple: Si compras una camisa barata, pero no te la pones nunca, la camisa acaba resultando cara. Por otro lado si compras unos pantalones caros pero que usas cada día, y el precio va a la zaga de su calidad, por lo que te duran más tiempo, esos pantalones resultan ser baratos. Otra forma de verlo, si compras algo que te gusta mucho, que te aporta felicidad y que realmente vas a usar sea lo que sea, siempre merecerá la pena, independientemente de lo que sea y lo que valga.

Comer con gente que quieres en un sitio bonito y céntrico es caro, pero la experiencia es impagable. Igualmente que un vuelo es más caro si se hace en una buena compañía en vuelo directo, es a priori más barato si se coge con escalas, desde aeropuertos secundarios. Pero nadie cuenta las incomodidades y gastos extras que eso reporta, son algunos ejemplos palpables de toda esa mentalidad.

No se trata de comprar lo más barato, ni lo más caro, sino de comprar lo mejor para ti, lo que mejor te sienta. Porque no todo se puede medir con el rasero de las cifras.

lunes, 9 de agosto de 2010

Capítulo 23: De uso común




Cada vez estoy más convencido que la cualidad que más nos puede diferenciar de cualquier otra especie y la que puede marcar la diferencia a la hora de evolucionar como sociedad y como individuos es sin duda la educación.

La educación es en un concepto que abarca muchos otros, y está intrínsecamente relacionada con el respeto, el respeto hacia los demás, la base de la convivencia y del concepto de sociedad.

Hay una pauta de comportamiento que me llama mucho la atención que aunque a lo mejor pasamos desapercibida, es más importante de lo que puede parecer. La situación es la siguiente, estás en un establecimiento o lugar público y todo aquello que es de uso común se encuentra en estado lamentable, llegados a este punto podríamos pensar que esto es debido a que tiene un uso continuado por parte de una gran cantidad de gente, pero no, esta no es la razón principal, si no la causa, porque no sé qué ocurre, que cuando usamos algo de uso compartido sea lo que sea lo maltratamos con saña, porque por un lado no nos importa el deterioro que esto pueda tener y por otro lado porque nos importa bien poco la persona que venga detrás a usarlo.

Sí, es cierto, mira que molesta, llegamos a un lavabo público  y está hecho un asco, y no, no es que todas las personas que lo han usado lo usan así de mal en sus casas (al menos la mayoría), es que no siendo suyo y siendo de uso compartido lo van a usar como si de auténticos cerdos de piara se tratasen. Nos enfadamos, nos asqueamos e incluso despotricamos cuando hemos salido, pero una vez estamos dentro, nos aparece esa vena egoísta y mantenemos la pauta.

Pero no solo lavabos, mobiliario urbano, transportes públicos, playas, bosques, cualquier “ejemplar de prueba” y un larguísimo etcétera forman parte de la lista de servicios y lugares públicos que sufren este maltrato egoísta. Hacemos una cola para usar algo compartido, nos quejamos de lo que tardan los demás y como lo dejan los demás, ¿y qué hacemos nosotros?, exactamente lo mismo, como venganza, una venganza que alimenta la cadena de egoísmo. La falta de civismo, el eslabón que hace que se rompa la cadena de la sociedad.

Estos comportamientos truncan la confianza tanto de las instituciones como de las compañías, empresas, etc. que ponen algo a la disposición de todos para nuestro disfrute, comodidad o accesibilidad, así como crean una espiral de egoísmo del que nunca podremos escapar si no estamos dispuestos a sobreponernos a nuestro propio ego e intentar tratar la cosas tal como si de propias se tratasen, porque si no podemos tratar bien las cosas que compartimos, tampoco seremos capaces de tratarnos bien entre nosotros mismos.

Es el principio de la educación, la base del respeto, los grandes pilares de la sociedad.