jueves, 10 de noviembre de 2011

Capítulo 46: Crisis de liderazgo




Estamos ya tristemente acostumbrados a oír la palabra crisis por doquier en los últimos tiempos, se ha hablado mucho de la crisis económica, pero sin duda, hay otro tipo de crisis que ha conllevado mayores grietas económicas así como una mayor desconfianza en el conjunto de la sociedad.

Hablo de una crisis de liderazgo, hemos vivido una larga época de cierta bonanza económica, algo innegable, donde los negocios crecían, las empresas mejoraban sus números año a año ( a día de hoy muchas siguen sin entender que este incremento exponencial no se puede mantener infinitamente) y la creación de nuevas fórmulas conseguían hacerse un hueco, con este panorama las figuras de responsabilidad de cualquier tipo de negocio lo tenían más fácil, estas figuras suelen ser como superhéroes, un gran sueldo (poder) que conlleva una gran responsabilidad, de manera que cuando la inercia es positiva, la parte de la responsabilidad está bastante endulzada y el poder solo aumenta, unos grandes bonus o primas, felicitaciones aquí y allá, gráficas con flechas ascendentes, datos, estadísticas comparativas, etc.

Pero, ¿qué ocurre cuando la situación se tuerce y es necesario que utilicen aquellas habilidades organizativas/directivas para/con las que fueron contratados para controlar o solventar una situación adversa?, la respuesta es que en la mayoría de casos no dan la talla. Nerviosismo, decisiones desacertadas, incapacidad para motivar a sus subordinados, crispación, traspaso de responsabilidades inherentes al supuesto, son algunos de los síntomas más visibles. La pregunta no es si realmente esta gente está o no preparada, ya que una gran parte, sobre el papel, académica y curricularmente hablando, esta gente debería saber solventar cualquier contratiempo, es la falta de tensión en tanto tiempo, es principalmente la falta de actitud y no de aptitud lo que hace que estas figuras no estén a la altura.

Por supuesto, existen grados, así que por un lado tenemos una minoría que ha enfrentado la situación adversa con una honestidad medianamente respetable, como que por otro lado, hay quienes se han mantenido sus bonificaciones como si se dieran los datos más optimistas incluso a costa del resto de empleados, incluyendo despidos, dejando claro que la moral y la honestidad de cada uno tiene diferente medida. Lo que no se puede negar es que la mayoría no ha estado a la altura, y es algo que considero que las empresas deberían plantearse (algunas ya lo hacen, poniendo por delante las actitudes de las personas en sus nuevas contrataciones, vigilando sus acciones y exigiendo un nivel acorde con el puesto). Si,  la crisis quizás haya sido magnificada por unos mandos inoperantes en momentos claves, que hunden más si cabe cualquier barco con golpes de timón desacertados, no estando a la altura de lo que se espera de cualquier capitán que se precie.

Una cosa está bien clara, los empleados son la imagen de una empresa, pero las directrices, la filosofía y el rumbo es responsabilidad de solo unos pocos que deberían tener el honor como principal cualidad demostrable.

lunes, 3 de octubre de 2011

Capítulo 45: El estado del bienestar




Según la Wikipedia: “Monopoly es un juego de mesa de bienes raíces, hoy en día producido por la empresa estadounidense de accionistas Hasbro de Rhode Island. Monopoly es uno de los juegos de mesa comerciales más vendidos del mundo.

Como el nombre sugiere, el objetivo del juego es hacer un monopolio de oferta, poseyendo todas las propiedades inmuebles que aparecen en el juego. Los jugadores mueven sus respectivas fichas por turnos en sentido horario alrededor de un tablero, basándose en la puntuación de los dados, y caen en propiedades que pueden comprar de un banco imaginario, o dejar que el banco las subaste en caso de no ser compradas. Si las propiedades en las que caen ya tienen dueños, los dueños pueden cobrar alquileres o quien caiga podrá comprárselas.”

Lo sé, leyendo esto estáis pensando en otro juego mucho más real, del que sin querer somos todos partícipes, nos movemos por el tablero, con el dinero/educación que nuestros padres nos han dejado de su partida anterior y nos alientan para comprar una propiedad, seguir en el juego, intentando hacernos creer que es la única manera de jugar la partida. La mecánica impuesta es sencilla, no tienes posibilidades de ganar la partida si no dispones de una propiedad, si no compras, no estarás en el tablero.

El problema es que aquí la banca no es un ente imaginario neutro, se trata de entidades reales, con intereses propios, detrás de la cuales existen personas que reciben beneficio. Como en el juego de mesa, la banca nunca pierde, si es necesario se crean nuevos paquetes de billetes para que el juego continúe, pero, aunque se diese el hipotético caso de que obtengáis muchos inmuebles, y creáis que tenéis posibilidades de ganar la partida, todo acabará tarde o temprano y todas las fichas y todos los billetes puestos en circulación volverán a la caja, y otra partida empezará.

Atrapados en un tablero sin salida, parece todo tan normal que casi nos hemos acostumbrado, la inmersión como opiáceo, todo está lleno de jugadores, todos aspiramos a sentirnos realizados como una ficha que juega una partida de manera astuta, pero entonces algo va mal, la banca se cansa de jugadores que no aportan nada al tablero, y decide retirar fichas y restringir los pequeños billetes, es entonces cuando salimos de nuestro ensimismamiento y empezamos a pensar que todo esto es un juego, un juego en el que alguien siempre gana y otros muchos siempre pierden, en que las reglas se cambian al antojo de la banca, los dueños del tablero, en el que solo resultamos ser simples fichas de plástico.

Teniendo dinero de papel, propiedades volátiles, el azar de los números y unas reglas en juego, solo queda algo de nuestra mano, elegir democráticamente que ficha queremos ser.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Capítulo 44: Monopoly



Según la Wikipedia: “Monopoly es un juego de mesa de bienes raíces, hoy en día producido por la empresa estadounidense de accionistas Hasbro de Rhode Island. Monopoly es uno de los juegos de mesa comerciales más vendidos del mundo.

Como el nombre sugiere, el objetivo del juego es hacer un monopolio de oferta, poseyendo todas las propiedades inmuebles que aparecen en el juego. Los jugadores mueven sus respectivas fichas por turnos en sentido horario alrededor de un tablero, basándose en la puntuación de los dados, y caen en propiedades que pueden comprar de un banco imaginario, o dejar que el banco las subaste en caso de no ser compradas. Si las propiedades en las que caen ya tienen dueños, los dueños pueden cobrar alquileres o quien caiga podrá comprárselas.”

Lo sé, leyendo esto estáis pensando en otro juego mucho más real, del que sin querer somos todos partícipes, nos movemos por el tablero, con el dinero/educación que nuestros padres nos han dejado de su partida anterior y nos alientan para comprar una propiedad, seguir en el juego, intentando hacernos creer que es la única manera de jugar la partida. La mecánica impuesta es sencilla, no tienes posibilidades de ganar la partida si no dispones de una propiedad, si no compras, no estarás en el tablero.

El problema es que aquí la banca no es un ente imaginario neutro, se trata de entidades reales, con intereses propios, detrás de la cuales existen personas que reciben beneficio. Como en el juego de mesa, la banca nunca pierde, si es necesario se crean nuevos paquetes de billetes para que el juego continúe, pero, aunque se diese el hipotético caso de que obtengáis muchos inmuebles, y creáis que tenéis posibilidades de ganar la partida, todo acabará tarde o temprano y todas las fichas y todos los billetes puestos en circulación volverán a la caja, y otra partida empezará.

Atrapados en un tablero sin salida, parece todo tan normal que casi nos hemos acostumbrado, la inmersión como opiáceo, todo está lleno de jugadores, todos aspiramos a sentirnos realizados como una ficha que juega una partida de manera astuta, pero entonces algo va mal, la banca se cansa de jugadores que no aportan nada al tablero, y decide retirar fichas y restringir los pequeños billetes, es entonces cuando salimos de nuestro ensimismamiento y empezamos a pensar que todo esto es un juego, un juego en el que alguien siempre gana y otros muchos siempre pierden, en que las reglas se cambian al antojo de la banca, los dueños del tablero, en el que solo resultamos ser simples fichas de plástico.

Teniendo dinero de papel, propiedades volátiles, el azar de los números y unas reglas en juego, solo queda algo de nuestra mano, elegir democráticamente que ficha queremos ser.

miércoles, 6 de julio de 2011

Capítulo 43: La tierra prometida



Imagina que eres cualquier persona de un país desarrollado, si quieres, incluso que perteneces a la clase más humilde, la vida no te da para caprichos, pero tienes lo suficiente para comer algo cada día, poder lavarte y disfrutar de un entorno moderno a todos los niveles.

Imagina que hay un embarazo de por medio, seguramente quieres lo mejor para ese hijo que estás esperando, sabes que vas a tener que luchar por él y tienes inseguridades naturales creadas de lo que la nueva situación te puede plantear, pero incluso con todo eso, no llegas a temer por su vida, sabes que mejor o peor, estando a este lado de la orilla, tu hijo tendrá las necesidades básicas mínimamente cubiertas, también sabes que los peligros que le pueden acechar son abundantes, pero que raramente atentará contra su vida, pero aun así, todo esto es complicado.

Imagina que cambiamos el marco; Tu vida, la de tu familia, y la de tus futuros hijos es amenazada por enfermedades de fácil contagio, la política está cubierta con una dictadura descarada, que por si fuera poco con las enfermedades, el caos, la violencia y la corrupción hace que el peso de la vida de una persona sea nulo, que el baile de balas sea algo cotidiano y no una tragedia esporádica, que las violaciones existen como una forma de sexo y no como una aberración, que no hay forma de conseguir pan que no sea mendigando ni otra forma de asearse que no sea ir a un río, pero que tienes la mala suerte de vivir en una zona árida. Imagina que tu futuro no promete nada diferente a esto.

Es entonces cuando no paras de pensar en una tierra prometida, aquella donde la peor oportunidad es el mejor de los sueños de donde estás. 

Y es entonces cuando lo decides, no lo piensas, simplemente dejas actuar a tu sentido de supervivencia, y te decides a invertir todos los ahorros que hayas podido hacer para embarcar en una nuez y poder así surcar el mar intentando alcanzar la supervivencia, conoces los peligros, pero tu situación es tan desesperada que decides arriesgarlo todo, incluso a tu hijo, porque consideras que es mejor morir en el intento que seguir viviendo en un sitio así, imagina que todo esto es real, que lo que a ti te podría parecer un mal sueño, para otros es una triste, dura e inaguantable realidad, solo por el hecho de haber nacido en otro lugar, en unas tierras que son auténticas minas de explotación para unos pocos codiciosos, donde no hay nada regulado, ni donde nadie quiere ir a regular, los intereses siguen siendo grandes, un coto privado de pruebas para las empresas farmacéuticas entre otras barbaries, una película que todos conocemos y que seguimos mirando como si de una ficción se tratase.

miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 42: Demasiado ocupados



Estamos demasiado ocupados con nuestro trabajo, ocupados labrándonos una carrera, ocupados aprendiendo la metodología de empresa, en ser más productivos, en conservar nuestro puesto de trabajo, intentando ganar dinero para comprar cosas, ocupados pensando en los principios económicos hipotecarios, en los tipos de interés, en los márgenes, en las retenciones, el IRPF, en los impuestos.

Estamos demasiado ocupados para coger el teléfono, para llamar a la gente con la que nos gustaría hablar, para hablar de nuestras cosas, para contar lo que nos pasa, para decir lo que sentimos.

Estamos demasiado ocupados aprendiendo cómo funcionan las nuevas tecnologías, intentando estar al día en las redes sociales, preocupados de subirnos a un carro que pasa rápido y lleno.

Estamos demasiado ocupados para preocuparnos en comer y comprar productos de calidad, ocupados para cocinar algo medianamente elaborado, ocupados para comer con calma.

Estamos demasiado ocupados para pensar en los problemas graves que puedan existir en otros puntos del planeta, ocupados para querer saber algo de política, ocupados para intentar ayudar a otros.

Estamos demasiado ocupados mejorando nuestra imagen física, ocupados bronceándonos, ocupados haciendo dieta, ocupados en el gimnasio, ocupados haciendo vergonzantes esfuerzos por tener la imagen deseada socialmente.

Porque nuestro tiempo se reparte entre estar demasiado ocupado y perder miserable el tiempo.
Estamos demasiado ocupados para ser felices.

viernes, 10 de junio de 2011

Capítulo 41: Las olas



Desde pequeños se nos enseña que podemos hacer cualquier cosa, que somos capaces de cualquier cosa, que siempre será nuestra elección y nuestras circunstancias las que nos guíen, un concepto tan romántico como el destino, nacimos con un propósito, pero a la vez, podemos tomar cualquier camino.

Pero en cuanto crecemos empezamos a limitarnos a nosotros mismos, la mayoría de veces por un absurdo mecanismo de autoprotección, que no hace otra cosa que no dejarnos crecer y encasillarnos a todos los niveles, y es que a veces nos falta creérnoslo un poco, confiar en que somos capaces, y de alguna manera, tirarnos a la piscina.

Llega un momento en que nos dejamos llevar como si la vida fuera un gran mar y nuestro momento siempre pasa por lo que vayan marcando las olas. Nuestras decisiones y nuestra situación está marcada por excusas, por muros mentales, por circunstancias a nuestros alrededor que nos obligan a estar como estamos, a hacer lo que hacemos, llega un momento en que solo queremos mejorar esa situación sobre raíles, para estar un poco más cómodos, nos gusta la comodidad, es nuestra máxima meta, aunque lo ocultemos, aunque nuestro discurso hable sobre guerras navales por cambiar el sentido de la ola, es simplemente una pose, porque no tenemos heridas, ni parches en los ojos.

Y es entonces cuando vemos a alguien remar para ir donde quiere, y le envidiamos, le envidiamos profundamente, pero rápidamente nuestro cerebro se blinda, y nos dice que realmente él está obligado por otras cosas, hay algo que le obliga a remar hacia lo que parece que es donde quiere, cuando realmente es donde necesita, pero no es así. Tenemos miedo, miedo de perder comodidad, miedo de empezar de cero, miedo a esforzarnos, miedo a no dar la talla, miedo a fracasar cuando siquiera lo hemos intentado.

Nada honra más a nadie que usar todas sus armas, su motivación y su talento para conseguir todo lo que desea, para hacer todo lo que le apetece. Puedes prepararte todo lo posible para conseguirlo o puedes seguir maldiciendo tus circunstancias, pero vas a tener que sudar, y mucho, así que no pienses que las aguas se abrirán a tu paso para facilitarte la labor, tendrás que prepararte para las peores de las tormentas para que cuentes con alguna posibilidad de salir airoso. Podemos dejarnos arrastrar, acabar donde a las olas nos lleven, nuestra historia se escribirá igual, al menos mientras nuestro corazón siga adelante, pero estaríamos desaprovechando grandes oportunidades y desaprovechándonos a nosotros mismos.

No se trata de ganar, ni de llegar a ninguna parte en concreto, se trata de dar sentido a tu paso por el mar.

martes, 26 de abril de 2011

Capítulo 40: Fauna nocturna



Desde hace mucho tiempo que vengo sospechándolo, que a día de hoy lo puedo afirmar, hay una fauna especial que vive cuando el sol cae.

La noche sirve para muchas cosas, por costumbre, las horas nocturnas se usan para dormir ,descansar y otras actividades que conlleven el relax corporal, históricamente han sido unas horas de oscuridad donde emergen todos los demonios del mundo, una parte del día donde todo se transforma, y los textos no iban muy desencaminados….

Los que suelen salir por la noche seguro que saben de qué hablo, no cabe duda viendo ciertos casos que hay gente que vive por y para la noche, no es que coincida que los puedas ver, es que solo tienes la oportunidad de verlos a esas horas y en ciertos lugares, su indumentaria, su predisposición y sus conversaciones así lo corroboran. Porque a esas horas en un lugar de copas, cualquiera puede ser cualquier persona, puede tener cualquier rango, puede trabajar de lo que quiera, pero en ese momento, solo es uno más con una copa en la mano, esa anarquía social le concede a personas que durante el día pasan totalmente desapercibidas en su monótona vida, la posibilidad de conseguir ser alguien especial, de sentirse integrado y reconocido por unas horas.

Esto también se extiende al plano sexual, la noche transforma a los hombres en lobos y a las mujeres en vampiro, la misma anarquía social brinda la posibilidad de conseguir una relación fugaz sexual que a la luz y sin una copa de más sería misión imposible.

Por supuesto y a pesar de que ciertas sustancias puedan emborronar la percepción del personal, la indumentaria y apariencia forman una parte esencial en el conjunto, por tanto, podemos disfrazarnos con camisa para parecer gente seria, de bien, o podemos arriesgarnos con algo más atractivo que por el día nos llevaría estar ruborizados continuamente, y puede que siquiera nos atreviésemos.

La conversación por supuesto es lo de menos, se sobreentiende que todos los presentes estamos bajos los efectos de algo que doblega nuestra voluntad, y por tanto toda frase o acción por soez que pueda llegar a ser, no conllevará a un destierro social por nuestra parte, puede que incluso produzca el efecto contrario y que se tome por el lado simpático, consiguiendo algún adepto, achacándolo a nuestro sentido del humor.

Accesible, desinhibido, sin estatus, sin jerarquías, sin pensar, rápido, sin complejos, sin límites, sexual, social….

Ahora puedo comprender en parte porque este mundo cada vez tiene más adeptos y por qué mucha gente solo vive en estas horas, todo es mucho más fácil a este lado de la luna, un lugar donde poder sacar el homínido que llevamos dentro.