Imagina que el electricista o el fontanero, llama a
la puerta de una ama de casa de no más de veinticinco años insinuándose,
imagina que la enfermera atiende a un enfermo, con una ropa más ceñida y corta
de lo reglamentario en actitud provocadora, imagina que el jefe de una empresa
ejerce un poder hipnótico-sexual sobre su secretaria, imagina que dos chicas o
más tienen relaciones lésbicas solo para el placer de un hombre, imagina que el
sexo se convierte en negocio visual dirigido por hombres.
Recuerdo que a temprana edad y aún con el shock de
ser consciente de la existencia del porno, mis compañeros de juegos de aquello
época y yo, vimos clara nuestra meta en la vida: ser actores porno. Empezamos a
dialogar sobre el tema, y la verdad es que no veíamos ningún inconveniente,
todo parecían ventajas. Con el paso de los años, creo que todos nos hemos dado
cuenta que como en la mayoría de cosas de la vida, todo no es tan bonito como
parece.
Pero esto no significa que el negocio del porno no
sea un gran negocio, al menos para algunos. Como necesidad básica el sexo
siempre está en nuestra mente desde el momento en el que somos conscientes de
su existencia y su potencial, tanto es así, que a día de hoy, en una sociedad
vendida en torno al sexo, resulta un arma tan poderosa como el dinero y es
capaz de conseguir las mismas metas infinitas.
¿Qué pasa si mezclamos sexo y negocios? Que
obtenemos la ecuación perfecta hacia grandes cantidades de dinero. Tanto es así
que la industria del porno tiene un peso enorme en la sociedad, aunque siquiera
lo notemos, ¿sabéis acaso quien desequilibra la balanza en temas como que
formato de video casero se usa?, ¿acaso no intuís quien implantó los videos en
el móvil, o la banda ancha para internet?
Es la industria que más se adapta a las tecnologías,
su uso y su negocio ha crecido hasta límites insospechados desde que usa internet
(la red anónima) para extender sus servicios ¿sabéis que una de las cinco
palabras más buscadas por niños en internet es “porno”? ¿Sabéis que en el mismo
ranking se encuentra la palabra “sexo”? ¿Sabéis que cada día se crean 266
nuevos sitios webs con contenido pornográfico? ¿Sabéis que el 72% de los
internautas consume pornografía? ¿Sabéis que existen 372 millones de páginas
webs pornográficas? ¿Sabéis que el año pasado las ganancias online de la
pornografía fue de 2840 millones de dólares?
Internet proporciona el acceso a material
pornográfico de cualquier índole manteniendo en todo momento el anonimato. Esto
ha hecho que su consumo se dispare, al igual que las perturbaciones y es que,
como en todo lo que pasa por mano del hombre y más tratándose de una necesidad
básica, su uso y su contenido se ha distorsionado hasta en muchos casos rozar
la enfermedad.
El porno puede resultar de lo más complementario,
placentero y curioso en un momento dado, pero no debe traspasar ciertas
barreras, no debemos de permitir que se trafique con ciertas imágenes y videos,
sobre todo aquellos que incluyen a niños. Tampoco debemos dejar que el porno
dañe la imagen de la mujer, convirtiéndola en un simple objeto sexual esperando
y deseando satisfacer al hombre en cualquier situación, ni debe confundir a
jóvenes, haciéndoles creer que el sexo sin compromiso exprés es la mejor opción
para saciar sus necesidades y que esto le hará ser más viriles y modernos.
El porno debe ser una dramatización de una
sexualidad real, de una necesidad universal y nunca debe dañar la sensibilidad
ni la integridad de nadie, y debe protegerse a aquellos que no deberían acceder
a este contenido, ya sea tanto fuera como dentro de la pantalla.
¿Sabéis que seguramente esta entrada por contener la
palabra “porno” obtendrá un mayor número de visitas de lo habitual?