Las relaciones de pareja se pueden mirar a través de
muchas ópticas. Una de estas es a través de violencia de género.
Y aunque nos podríamos centrar en
escalofriantes/morbosas cifras y datos (una media de al menos setenta mujeres
mueren al año solo en España por esta causa), lo que me parece realmente
preocupante es el análisis que deja todo esto. Por un lado, no solo están las
victimas mortales, sino que estas, solo representan el pico de un iceberg, un
enorme iceberg que se mantiene bajo el agua, el iceberg del maltrato, existen
un grandísimo número de casos de maltrato que no salen a la luz, que se sufren
día a día, en silencio.
Es alarmante el número de hombres que usan la
violencia como justificante, como vía, la muerte de la palabra, el desuso del
razonamiento, el retorno del simio.
En la mayoría de casos se trata de un problema
educativo, es decir, el hombre trata predeterminadamente de manera violenta a
la mujer, puede utilizar la violencia como sistema auto regenerador de su
moral, una forma patética de sentirse importante, dominador, poderoso, el gran
dictador de su minúsculo universo.
Existe otra vertiente creadora de este
comportamiento que proviene de la inseguridad, los celos y el sentimiento de
posesión. El hombre entiende a la mujer como algo de su posesión y no acepta en
ningún momento el que esta no acepte sus comportamientos, que esta deje de
amarlo o de querer estar con él, que termine la relación con él o que esta
mantenga una relación con otra persona. Su baja autoestima, o su propia
inseguridad personal disfrazada de celos, activan su violencia injustificada
más primitiva.
Pero lo importante no son las razones, los
importantes son los hechos, porque no se debe permitir ni tolerar en un mundo
civilizado(teóricamente avanzado), que alguien sea maltratado (física o
psicológicamente) por algún otro, porque supone la victoria del simio sobre el
hombre.
Para romper definitivamente con estas situaciones, hacen falta principalmente dos cosas: la primera es que las mujeres que lo sufren, escapen de estas situaciones, y denuncien si es necesario, porque no es perdonable un desliz con la violencia, porque existen muchas personas en el mundo por conocer. La segunda cosa importante es que la justicia provea de las suficientes coberturas para que el denunciar suponga realmente un cese de estas detestables situaciones, porque como todos sabemos y al menos hasta hoy, la denuncia no ha supuesto en la mayoría de casos, solución al problema.
Para romper definitivamente con estas situaciones, hacen falta principalmente dos cosas: la primera es que las mujeres que lo sufren, escapen de estas situaciones, y denuncien si es necesario, porque no es perdonable un desliz con la violencia, porque existen muchas personas en el mundo por conocer. La segunda cosa importante es que la justicia provea de las suficientes coberturas para que el denunciar suponga realmente un cese de estas detestables situaciones, porque como todos sabemos y al menos hasta hoy, la denuncia no ha supuesto en la mayoría de casos, solución al problema.
Pero la razón principal para que esto termine
siempre será solo una. No permitir a nadie, que tenga este tipo de
comportamientos, excluir al maltratador, señalarlo con el dedo a ojos de la
sociedad, enseñarles que solo aceptamos hombres, caballeros y no simios
cobardes.