Para cualquier ciudadano de un país “desarrollado”
(el entrecomillado es ironía pura), el continente africano es una especie de
limbo, donde viven otros humanos olvidados, a los que siempre podemos acudir
para limpiar nuestra conciencia o usarlo como ejemplo extremo de muchos
conceptos, como la diferencia en la calidad de vida, la pobreza, el hambre, la
malnutrición, la enfermedad, etc. Tenemos la imagen grabada a fuego, de esos
niños rodeados de tierra y chabolas, que miran ensimismados, semidesnudos, con
una aureola de moscas. Siempre los usamos como ejemplo, y desde pequeños
aprendemos a que hay una “gran promesa” por ayudarlos de alguna manera.
Pero como con la mayoría de estos temas, las
imágenes, las historias que les rodean y los datos han llegado a formar parte
de nuestras vidas, creándonos una sensación de familiaridad y eso nos ha hecho
perder la conciencia, o difuminar la importancia de los graves problemas que
les atañen a los africanos.
Hace poco leí en un periódico una entrevista a un
activista que ha estado muchos años en África y me resultó curioso que hace
mucho hincapié en que la mejor manera de ayudar a este continente era no
aportando comida, ni dinero. La explicación es bien sencilla, el dar comida o
dinero no hace otra cosa que atajar el problema día a día, con un esfuerzo
titánico por parte de la comunidad exterior, por tanto es dependiente de la
voluntad de gente ajena al continente y por otro lado, da pie a una serie de
comportamientos fraudulentos por parte de los intermediaros de hacer llegar
esta ayuda a esta gente (si es que finalmente llega). Está claro que el modelo
no es sostenible, y que no les soluciona el problema a la población africana,
sino que solamente lo aplaza y lo perpetúa en el tiempo.
Por tanto, ¿Cuál es entonces la solución para que
este continente empiece a salir adelante?, crearles unos sistemas que le permitan ganarse
la vida por ellos mismos sería un buen comienzo, ya sea enseñándoles a
cultivar, a fabricar diferentes productos, ayudándoles así a mantener un
sistema que consiga su autosuficiencia. Eso acabará con el problema. Otras
medidas podrían ayudarles, como por ejemplo y como planteaba el entrevistado,
bajando los precios de exportación y venta de los productos africanos para que
sean competitivos en el mercado y de esta manera, adentrarlos en el mercado
internacional en pos del resurgir de su economía y de su sostenibilidad.
Pero parece que todo esto no interesa, por un lado
porque a nivel moral, es más valido mantener el limbo de pobreza, para tener a
donde mirar en caso de que a nosotros nos vayan las cosas mal, para
compadecernos, dejarlo como pulmón del resto del mundo urbanizado y por otro
lado porque existen intereses económicos muy importantes, tanto con el caso de
“malversación” de la ayuda internacional, como laboratorio humano para las
farmacéuticas, como empresas que encuentran mano de obra barata y un largo etc.
Hay una cosa que me llama mucho la atención, en el
continente, a nivel político y sobre todo en las zonas más pobres (la mayoría),
existen dictaduras muy severas (la mayoría disfrazadas de democracia), que
prácticamente responden a las apetencias de un gobernador corrupto (léase grupo
armado y organizado), también existe falta de gobierno, de leyes, etc.. Con
todo esto, me pregunto, ¿por qué nadie se preocupa de que estos países tengan
un gobierno democrático que respete los derechos humanos como se ha hecho (intentado)
con otros países?, la respuesta como estáis imaginando es sencilla, porque no
han encontrado grandes cantidades de petróleo u otros intereses económicos
importantes que explotar, miento, sí que existen algunos, como por ejemplo, los
diamantes, pero esos ya se lo están quitando sin necesidad de empezar una
“guerra contra el terror”.