viernes, 30 de julio de 2010

Capítulo 21: Eva



Desde tiempos inmemoriales la mujer históricamente siempre ha tenido un papel secundario en la sociedad, en todos sus aspectos, siempre a la sombra que quería darle el hombre. El hombre siempre ha conducido las leyes, la religión y la sociedad hacía el enaltecimiento de su figura varonil, despreciando en todo momento el valor de la mujer.

A día de hoy, la mujer, en el escenario del mundo occidental, dispone de trato de igualdad con el hombre (a grandes rasgos), no así como en otros lugares donde se aplica ciertas leyes, como la ley mosaica, que entre otras perlas expone que la opinión de una mujer puede ser rechazada por su padre o por su marido, no tienen permitido enseñar o tener autoridad sobre los hombres por poner varios ejemplos.

Pero aunque a día de hoy la mujer ha mejorado mucho su posición en la sociedad, que dicho sea de paso, se lo han ganado a pulso (la estadística dice que hoy hay mayor número de mujeres estudiantes que hombres y además con mejores notas), aún siguen encontrándose escalones en su paso por la evolución. Entre otras cosas, y hablamos ya en el marco occidental, las mujeres cobran menos salario por realizar el mismo trabajo que un hombre, la desigualdad que ha existido históricamente hace que normalmente tenga que demostrar mucho más para una misma actividad que un hombre para demostrar que están a la altura, porque ciertos machos creyentes de ser líderes de la manada, dudan mucho de sus capacidades, entre otras cosas porque sienten miedo al ver claramente como en la mayoría del casos son más organizadas y más capaces que ellos.

Demostrando que disponen de capacidad de sobra para ser autosuficientes en todos los aspectos, no me gusta ver ejemplos de ataduras machistas, por ejemplo en cuanto a aspecto, porque está muy bien que se lleve un escote, una minifalda y si hace falta unos pechos operados porque una se quiere sentir más guapa, pero no porque así lo marca el canon machista, para representar la imagen idealizada de objeto sexual que ellos tienen en la cabeza, y alguien se preguntará que a mí pensando egoístamente me alegran la vista, y sí, me alegran la vista, pero me parten el corazón, porque además, lo peor de todo, es que lo hacen de manera inconsciente, algo más grave si cabe, ya que de alguna manera están asumiendo ese rol que les viene heredado de épocas peores de las cuales deben desligarse.

Su mayor sensibilidad les hace a veces enredarse en sus relaciones y la mayoría de veces salir malparadas, es ahí donde deben usar su también mayor astucia y no dejar tan siquiera por un segundo de recibir todo lo que merecen.

Desde siempre he tenido un especial entendimiento con ellas, quizá sea porque he sido criado por ellas y crecido entre hombres, ellas me han aportado la mayoría de cosas importantes que hoy sé, que siento y que soy. Una de ellas me trajo aquí, otras me han ido aportando cosas a lo largo de los años y otras hacen y harán que persiga una meta, ellas son el principio y el final de todo. Ellas son el futuro.

jueves, 24 de junio de 2010

Capítulo 20: Memoria histórica



Una de las grandes diferencias entre los perros y las personas no es otra que la percepción del tiempo. Los perros no disciernen entre pasado o futuro, no piensan en lo que pasó ayer o en lo que pasará mañana, solamente viven el presente. Los humanos por el contrario, siempre andamos marcados por nuestro pasado y condicionados por lo que queremos que sea nuestro futuro. Esto nos hace vivir un presente acotado, marcado por lo que pasó o lo que pasará.

Sabemos que somos el resultado de un gran número de hechos históricos, somos los representantes de la nueva era. Responsables del rumbo que toma la evolución. Es una suerte que podamos contar con las vivencias y las experiencias que otra gente ha tenido antes que nosotros, de manera individual, aprendemos de nuestros padres, profesores, tíos, abuelos y de cualquier persona que se cruza en nuestra vida desde que nacemos y que nos aporta alguna enseñanza, transmitida en la mayoría de casos a través de sus propias experiencias personales. Una especie de traspaso de experiencia, nuestro regalo como seres capaces de retener hechos temporales.

Llegados a este punto, nuestra felicidad sería completa si fuéramos seres que sobreviven y viven solos, pero no, vivimos en comunidad, en sociedad. Por esto, tenemos un sistema de leyes, un sistema económico, una red industrial, una labor que desempeñar, una estructura piramidal, un conjunto de sistemas entrelazados entre sí que intentan organizar los recursos y las personas del mundo de la manera más eficiente posible.

Para estos sistemas sociales, económicos, ideológicos y estructurales tenemos algo para saber si son factibles o no; La historia. Es nuestro listado de errores y éxitos, porque solo hace falta echar un vistazo atrás para darse cuenta de que no ha funcionado, cosas que no podemos pretender hacer funcionar ahora, porque la historia es nuestra vía para no tropezar dos veces en una misma piedra.
Tenemos que entender que muchos años y mucha gente antes que nosotros ya pensó la mayoría de cosas que se nos puedan ocurrir, que ya se probó órdenes sociales concretos que fracasaron estrepitosamente, igualmente con ideologías, sistemas económicos, etc.

El problema es que al menos a nivel de sociedad e ideológicamente parece que sufrimos una especie de alzhéimer donde apenas nos acordamos de los años en que nosotros hemos estado en este mundo o como mucho algunas décadas anteriores. No sé qué sentido tiene ser humano y tener una mente más desarrollada con noción del tiempo incluida para luego no sacar partido de esto, porque en materia de sociedad, de economía, de ideología, de educación, y un largo etc., contamos con sistemas con falta de sostenibilidad y eficacia, porque entre otras cosas no hemos sabido leer entre líneas de toda la historia que tenemos documentada, de los errores que ya cometieron nuestros ancestros en el pasado.

A nivel puramente ideológico hay más de uno que por los símbolos que porta o defiende, así como sus propias ideas de vida, debería también revisar la historia, para comprobar lo que realmente significa y darse cuenta que su existencia se basa en unas ideas caducadas, no por el tiempo, si no por su significado y eficacia.

lunes, 7 de junio de 2010

Capítulo 19: Recursos humanos



El departamento de recursos humanos es el encargado de seleccionar a la persona más adecuada para una vacante en una empresa que además esté acorde con la filosofía de la misma. Y es que la simple expresión de “recursos humanos” ya suena de lo más mercantil. Una sutil forma de llamar al diferente ganado humano que se pasea por las oficinas.

Alrededor de la (aparente) simple idea de seleccionar personal, se ha creado toda una filosofía, estudios asociados, y un lenguaje propio. Es innegable que este apartado ha crecido mucho, las empresas intentan acertar en sus elecciones, obtener al candidato perfecto.

Han aumentado el número así como la variedad de pruebas destinadas a desenmascarar al candidato ideal. Empecemos por lo básico, como siempre, nuestro primer escollo será nuestro curriculum, ya sabéis, sintetizarnos en una sola página, con foto incluida, sí, esa que ofrece nuestro mejor perfil, pensad que la fotografía es lo primero que se mira y lo primero que crea una opinión o un sentimiento (rechazo/aceptación), por tanto, bien os vale cuidarla.

Una vez pasamos este filtro inicial, se empieza a jugar con la psicología, test de personalidad, de aptitudes, de actitudes, etc. Junto con pruebas de conocimientos específicos o idiomas entre otros.
A partir de aquí, empieza la búsqueda, la búsqueda hacia el actor perfecto para el papel. En las pruebas psicológicas por defecto intentaremos siempre resultar de lo más “normal” posible. Por esto ante una pregunta del tipo: ¿Qué haría usted en caso de incendio en su lugar de trabajo?, Usted debe contestar que siempre mantendría la calma, esperaría su turno para salir del edificio en orden, e incluso puede ampliar la respuesta, argumentando que probablemente buscaría una manguera para apagarlo, y sacaría a hombros a cada uno de los que permaneciesen dentro, en ningún momento usted debe de decir que saldría pisando a quien se le pusiera por delante, para salvar su vida por encima de todas las cosas, porque recuerde, quiere el puesto de trabajo.

En todo momento hay que parecer un ciudadano normal, sin gustos estridentes, sin una personalidad demasiado fuerte, sino mostrarse más bien como una calmada y dócil vaca hindú, alguien moldeable, trabajador, luchador, motivado.

Cuando pasamos todos estos nuevos filtros, llegamos al que suele suponer la última barrera hacia tu sueldo mensual, la entrevista personal. Aquí es más complicado, seguramente habréis leído mucho en Internet acerca de este momento, recordad, gesto relajado, firme apretón de manos, respuestas argumentadas, un poco de sentido del humor sin descaro para romper el hielo, bien vestido y peinado, zapatos nuevos, etc. No se trata de ser un figurante, sino de ganar el oscar. Seremos quien ellos quieran que seamos, porque queremos ese trabajo. Porque tenemos poco tiempo para representar nuestra obra, todo vale.

Es lógico que con esta premisa, en cada una de las pruebas que sean de carácter personal, vamos a mentir, porque no queremos ser nosotros, queremos ser ese candidato, nos obligan a ser ese candidato como única manera de conseguir el puesto, de esta manera iremos introduciendo diferentes arreglos, diferentes mentiras, para maquillar las pruebas hasta conseguir nuestra meta.

Llegados a este punto, no es mi intención cuestionar el trabajo de la gente que toma este tipo de decisiones, pero he visto un aumento exponencial con el paso de los años en cuanto a la complejidad de estos procesos se refiere y como a su vez los candidatos cada vez son menos adecuados a los puestos ofertados. De esta manera, yo personalmente si tuviera el poder de decidir en este sentido en una empresa en concreto, optaría por realizar unos procesos de selección simplificados teniendo en cuenta algo que seguramente nos va a ofrecer un mayor número de contrataciones satisfactorias que este cúmulo de filtros que no hacen otra cosa que aglomerar mentiras, un arma poderosa que nunca entra en las quinielas para estos procesos, la intuición.

jueves, 27 de mayo de 2010

Capítulo 18: El gimnasio



El gimnasio es un lugar donde la gente va a realizar actividad física con ayuda de diferente maquinaria destinada a tal fin. No puedo evitar hacer un símil visual cada vez que entro en un gimnasio, en este, sustituyo a las personas por cerdos, cerdos rosados, grasientos, con el barro aún pegado al cuerpo, moviéndose sobre sus pezuñas, subidos a esas máquinas inquisidoras, levantando pesas, corriendo, moviéndose, sudando. Por supuesto no puedo aguantarme la sonrisa, siempre me pasa. Yo como el primer cerdito de la piara, subido a las máquinas, pagando mis impuestos por la mala alimentación, el sedentarismo, por evolucionar sobre una mesa de escritorio con un PC, por usar internet, por ir sentado sobre un coche, por la sobrealimentación, el exceso de calorías, de comida, por los productos manufacturados, la comida rápida, la vida rápida que te obliga a permanecer sentado el noventa por ciento del día, la abundancia, la libertad, el primer mundo.

En una época donde nos imponen unos modelos famélicos como ejemplo de apariencia normal y aceptada por la gran mayoría de la sociedad, resulta muy complicado y diría que casi contradictorio si comparamos este estereotipo físico al ritmo y valores de vida aceptados, siempre con el sedentarismo como factor común y una abundancia alimentaria, así como una publicidad gastronómica totalmente orientada a sabores fáciles de aceptar, fácil de llevar, fácil de consumir, pero con un coste alto en cuanto a cuestión de calidad alimentaria se refiere. Al final los pros y contras alimentarios de este tipo de nutrición compensan, compensan a la sociedad de la inmediatez, de la rapidez, de la facilidad.

En una sociedad donde el trabajo continuo y el esfuerzo es más una utopía moralizante que una realidad, la vaguedad para usar el cerebro se ha contagiado también en derroteros puramente físicos, queremos buen aspecto, un cuerpo moldeado pero no a cualquier precio. Por esto, y como siempre pasa para conseguir cualquier cosa que nos haga parecer algo que no somos, hacemos trampa. Es increíble el ingenio que podemos usar para hacer trampas, incluso mayor que para hacer las cosas sin ellas, un esfuerzo titánico, para luego usarlas y volver a la vaguedad durante más tiempo. Por esto hemos inventado miles de cosas, pastillas, batidos y otras sustancias que alteran nuestro metabolismo a favor de la comodidad (así como distintas operaciones), un cuerpo que parezca fruto del esfuerzo, sin sufrirlo, sin sudar, un engaño, una fachada.

Porque realmente no nos importa estar en forma que al fin y al cabo es lo que a niveles saludables es más interesante para nosotros sino que simplemente queremos parecer externamente que lo estamos. Porque sudar ni sienta ni huele bien, porque hasta para correr queremos poner nuestra mejor mueca, nuestro mejor perfil, porque somos capaces de comprarnos el mejor equipo para hacer deporte, para luego no usarlo, para que nos quede una sensación de hacer bien las cosas y con la promesa de “mañana empiezo”. Como tener una barca en un desierto.

Porque a veces pensamos que vamos al gimnasio a lucir tipo, a ligar, a hacer un pase de moda, a lucir nuestras virtudes, no sé cómo siempre podemos desvirtuar tanto el significado de algo, coger algo y desdibujarlo hasta olvidar el por qué inicial. Llevo un tiempo haciendo una cuesta mental, en casi todas las paradas de metro o tren hay siempre dos opciones, subir por escaleras mecánicas o subir por escaleras normales, evidentemente las mecánicas sufren colapsos, y paradójicamente el rango de edad de la gente que la usa es menor. Me pregunto si el resultado sería el mismo si la mecánica fuera al infierno y la normal al cielo, seguramente sí, porque no se trata de a dónde vamos sino de ir cómodos.

martes, 18 de mayo de 2010

Capítulo 17: Vidas frenadas por la carretera



Un accidente de tráfico es el prejuicio ocasionado a una persona o bien material producido a través de un medio de locomoción derivado mayoritariamente de alguna acción negligente, irresponsable ya sea de un conductor, un pasajero o un peatón, así como los también producidos por fallos mecánicos o condiciones ambientales meteorológicas entre otras causas.

Por esta causa, solo en España mueren varios miles de personas al año. Pero el daño que hacen estos siniestros no se mide en muertes, se miden en traumas, en familias rotas, en heridos, en mutilados, en gente en silla de ruedas, en gente marcada de una u otra forma para toda la vida.

Nos han avisado casi de todas las formas posibles, pero la era visual ha hecho que cualquier imagen, incluso por explicita que sea no nos afecte lo más mínimo, no nos impresiona, vemos cosas más duras y con mejor perspectiva en los cines o en Internet. Tenemos la sensación de que el mensaje es algo así como el de no fumar, el de comer sano o hacer deporte, un clásico de nuestra vida, le mensaje ha perdido atención por parte de nuestro cerebro a lo largo de los años. Nos montamos en un coche y se nos olvida todo, porque vamos muy cómodos sentados en nuestro asientos ergonómicos, con la temperatura perfecta que nos ofrece nuestro climatizador, sin vibraciones con nuestro sistema de amortiguadores, guiados por nuestro navegador GPS, escuchando nuestra música preferida con sonido envolvente. Estamos mejor que en el sofá de casa, la tecnología al servicio de la pérdida de atención, al sueño de los sentidos, a la perdida de la sensación de peligro.

Pero como decía, lo más duro de un accidente nunca es ver el coche hecho un amasijo de hierros, ni la señal de los neumáticos en el asfalto, ni la barrera protectora rota, ni la sangre en suelo, ni los cristales rotos, ni las mantas térmicas de color oro, ni el bote de suero, ni la camilla, ni el cuerpo tapado a un lado de la carretera, ni la reanimación cardiorrespiratoria, ni los guantes de látex, ni la cirugía de urgencia, ni los huesos rotos, ni los miembros seccionados. Lo más duro es lo que viene después, pero no inmediatamente después, si no la larga condena que les queda a los que se quedan. A la familia del que muere, al que queda marcado, con una lesión, con una amputación, con movilidad reducida, con daños cerebrales. A todos ellos les queda un largo un camino, un camino que siempre estará marcado por ese día en que tuviesen o no la culpa se vieron implicados en un accidente. Porque no parecía que nos jugábamos tanto cuando estábamos tan cómodos, cuando nos pensamos más listos que los demás, cuando hablábamos por teléfono, cuando miramos un segundo algo a un lado de la carretera, cuando nos tomamos solo esa copa, cuando tuvimos una vaga sensación de cansancio, cuando presionamos al de delante nuestro para que se apartase para ahorrarnos unos minutos.

Uno de los grandes problemas de estos accidentes es que se basa en la colaboración de todos, no sirve de nada que unos respeten y sean conscientes del peligro que existe, mientras otros, creyéndose más listos que los demás, no lo hagan e infrinjan y frivolicen con su comportamiento sobre el gran riesgo en el que se ponen ellos y a todos los demás. El egoísmo como siempre, viene a ser el gran escollo a superar, en un sistema, como otros muchos, pensados en una responsabilidad y en una honestidad que luego no aparece.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Capítulo 16: El odio heredable



Cuando somos pequeños nos enseñan muchas cosas. Muchas de estas cosas las aprendemos directamente, pero hay otras que aprendemos indirectamente e incluso puede que siquiera nuestros progenitores, profesores, amigos, familiares o cualquier persona que nos influye en nuestra educación, sean conscientes de que nos están inculcando ciertos valores o sentimientos. Y es que casi sin saberlo, al nacer ya tenemos que odiar muchas cosas, nacemos enemistados con mucha gente, sin hacer méritos, sin dejar que siquiera expresemos nuestra opinión, de manera accidentalmente predeterminada.

Como decía al principio, mucha parte de este odio inducido proviene de nuestra educación, de la gente que se encarga de la misma, de estos aprenderemos a quien tenemos que odiar, en el ámbito familiar, a aquel tío tuyo que tuvo un feo gesto con tu madre, al vecino de tu abuelo que un día discutió con él por una barra de pan y por ende a todos sus descendientes, al equipo rival del preferido de tu padre, a la comida que tu madre intentaba que te comieras a toda costa, a los del pueblo de al lado, a un presentador de televisión que tu madre criticaba, al programa de radio del que tu hermano hablaba mal, y así hasta un largo etc.

Pero el odio no solo lo heredamos a través de nuestra educación, sino que hay otros factores que nos lo puede infundar igualmente de manera indirecta. Otro de estos factores es nuestra localización geográfica, dependiendo de la misma, odiaremos a todos los pueblos y civilizaciones con los que nuestros antepasados han guerreado y con los que se han enemistado a lo largo de la historia, a lo mejor alguno de estos conflictos empezó porque alguno de nuestros ascendentes se equivocó o tuvo la culpa, pero da igual, lo que nos queda a nosotros después de tanto tiempo solamente es el odio, tan fácil de transmitir, tan fácil de aceptar y asumir, heredado a través de las generaciones.

Asociados a nuestra posición geográfica, entran otros dos factores importantes a la hora de aumentar nuestra lista del odio más irracional, por un lado la cultura, nuestra cultura siempre será la más lógica, la más completa, la más avanzada, y rechazaremos por tanto predeterminadamente cualquier otra forma de cultura, odiando y rechazando todo lo que esté fuera del circulo de esta. Por otro lado encontramos a la religión, igual que con la cultura, nuestra religión será la verdadera, la primera existente, la cabal, en la que encajan todas las piezas, cualquier otra forma de creencia no será más que una secta, una interpretación equivocada de la nuestra, la buena.

Todos estos factores juntos con muchos otros, son aquellos que nos arraigan odio en lo más profundo de nuestro subconsciente, de manera sutil, indirecta, pero que retenemos y nos hace no juzgar a veces las cosas con toda la neutralidad que deberíamos, que nos hace limitarnos culturalmente, abstenernos de aprender de otras formas de pensamiento y de existencia, que hace que nos enfrentemos continuamente entre nosotros mismos, por causas en las que no hemos tenido nada que ver, en las que no hemos intervenido.

Porque el odio, es fácil de adoptar, porque no requiere más que la indiferencia en sus etapas más iniciales para mantener su cultivo, porque nuestra naturaleza tiene mucho más que ver con él que con cualquier otro sentimiento, porque resulta cómodo, porque siempre es nuestro vehículo para justificarnos, para hacer cosas sin sentido, cometer atrocidades, usar la violencia. Porque es más difícil debatir algo, que simplemente descartarlo odiándolo. 

Realmente es difícil no estar influenciado por ningún tipo de odio, máxime cuando la mayoría proviene silencioso de etapas tan iniciales e importantes en nuestra formación, pero no es excusa para que una vez alcancemos cierta madurez mental, sigamos guiándonos por un simple odio irracional infundado, que adoptamos con facilidad y del que nunca nos preguntamos si realmente está justificado.

lunes, 26 de abril de 2010

Capítulo 15: Filosofía del marketing



El marketing es el arte o la ciencia de infundir una necesidad hipotética a unos posibles consumidores, apoyándose en un discurso que se crea al mismo tiempo y que se utiliza como medio de justificación para vender un producto en cuestión.

En resumidas cuentas, a partir de una necesidad, generalmente ficticia, hacer todo tipo de artimañas necesarias para que la parte creadora de este marketing consiga su objetivo y que la “presa” no solo se quede satisfecha si no que haga aquello para lo que fue ideada la campaña de marketing. Como una especie de truco de magia, hay que sorprenderse y además quedar satisfecho, pero la víctima no puede ver dónde está el truco. Llamaremos entonces magos a aquellos que son capaces de conseguir perpetuar sus artes a través del marketing.

Vivimos en una sociedad rodeada de marketing. Necesitamos el marketing, somos adictos al marketing y es que, ¿Qué sería de nosotros si no nos crearan necesidades ficticias? ¿Podríamos vivir solo con necesidades reales? ¿Tendríamos todo lo que tenemos en nuestras casas sin la ayuda del marketing? EL marketing es nuestra religión encubierta. La necesidad ficticia de tener cosas en propiedad, de vivir la forma de vida que alguien inventó una vez, de seguir el modelo.

Pero no penséis en el marketing como una herramienta que solo sirve para colocar cosas tangibles en nuestros armarios o en nuestras habitaciones, también existe el marketing social o el marketing laboral entre otros. Las apariencias por encima de todo, la necesidad de crear un papel y de desarrollarlo, de crear fingidas necesidades afectivas, fingidas necesidades a tu empresa sobre tu puesto de trabajo, para vender nuestro mejor producto, nosotros.

Nos pasamos la vida entera haciendo marketing de nosotros mismos, por eso, nadie es más desconocido que uno para uno mismo. La idealización de nuestra figura, la verdad suprema en nuestra palabra, los cánones correctos en nuestras acciones, las verdades sagradas de nuestros pensamientos.

Hemos aceptado la filosofía del marketing en todas las facetas de nuestra vida como la única forma de actuar, como la única forma de conseguir cosas, como la única forma de vivir. Necesidades ficticias, personajes ficticios, apariencias, humo, mentiras. Porque una buena campaña de marketing puedes conseguir cualquier cosa, que compremos cualquier cosa, que seamos cualquier cosa, que consigamos cualquier trabajo, que cualquiera piense de nosotros aquello que nos apetezca.

El marketing ha hecho que exista una distancia preocupante entre la realidad de nuestras necesidades y las verdaderas capacidades de las personas con respecto a las mismas características creadas a través del marketing. Esto crea un vacío anímico generalizado, frustración, una brecha constante en la economía, en la productividad general en las empresas, relaciones superfluas, ansiedad o depresión.
Porque ahora ya no se trata de tener buenos trucos, si no de simplemente parecer un buen mago.